Sin temor... ni favor


Saber escoger

El próximo 16 de Mayo 2018 mi esposa y yo cumplimos 53 años de casados por lo civil, que se hizo para sacarle su pasaporte pensando que podriamos ir a Santo Domingo con mis padres y familia, ya que tenía 3 años estudiando sin posibilidades económicas de viajar y no la conocían.  El 14 de Junio lo hicimos por lo religioso.  Era el año de 1965.

Como dice el refrán, una cosa piensa el burro y otra el que lo apareja.  Para el 24 de Abril explotó la revolución Dominicana por la reposición del Presidente Bosch y para el 28 habían desembarcado los Marines norteamericanos.  Pero la boda no se podía detener por razón de permisos oficiales.  Ese era nuestro más anhelado sueño y queríamos cumplirlo y la verdad era que nadie más importaba.  En mi matrimonio nadie de mi familia pudo opinar o decir nada y ahí empezó nuestra mutua y exclusiva dependencia y apoyo.

Aunque nadie de mi familia pudo ni tenía con que viajar, debo admitir y congratularme de que hice una escogencia muy buena, que nos ha permitido navegar por este difícil mundo con paz, respeto, tranquilidad, armonía y sobre todo con amor, mucho amor.  Podrimos decir que en un oasis de armonía y felicidad.  Esto a lo mejor cansa a mis lectores porque lo repito con mucha frecuencia, pero es un testimonio de que cuando dos quieren, nada más hace falta y todo lo demás sobra, aun en muchos casos familiares.

Existe un decir que cada día uno comprueba más su veracidad, que dice, que nosotros, nacemos en una familia que desconocíamos.  Tuvimos unos abuelos, tíos, primos, parientes, hermanos, que no pudimos escoger, nos fueron dados.  En otras palabras las cosas verdaderamente importantes de la vida, hasta amigos, nos fueron dados.  No tuvimos ninguna posibilidad de opinar ni oponernos, ni de modificar o solo aceptar, y esta aceptación ni siquiera era importante pues ya era un palo dado. 

Lo único que en algunos países como el nuestro se nos permite escoger es el compañero o compañera con quien queremos compartir nuestra vida, nuestra libertad, nuestro amor para procrear hijos que bien educaremos para continuar la especie.

Sin embargo la modernidad cada día frustra más.  Hoy luce que las parejas solo quieren disfrutar y pasarla bien.  Divertirse mientas dura, en estos tiempos de libertad sexual absoluta y descarada que sobre pasa todo lo demás.  Los divorcios van en tal rata de aumento, que una gran mayoría no se casa, solo se mudan juntos, como hacia el campesino dominicano y supongo que también el de otros países, no casarse porque argüían que entonces la mujer coge mucho derecho y los quieren manejar y quitarles todo, y no lo respetan.

Entiendo que para esos que escogieron mal, el divorcio es una solución, y una muestra de fracaso, aunque se disfrace y a veces sea necesario por menos malo.  El problema que surge es la distorsión mental que esto causa en los hijos, con personalidad en formación.

Niños que ven en la casa violencia, insultos, amenazas y más.

Podrán decir que las causas son múltiples.  Para mí es un indicativo que somos tan inconscientes que no podemos escoger bien y menos dedicarnos a fondo a mantener ese microclima de amor y comprensión, de sueños compartidos que existió cuando se decidieron a unir sus vidas, sabiendo que ahora ya no son solo ellos, sino otros a quienes debemos protección, alimentación, educación y abrigo.  Que en este mundo siempre habrán personas más bonitas, jóvenes, ricas, etc. y entender que nada es superior a mi compañera y mi familia, ni siquiera nuestras familias anteriores que nos procreo y crió.

En la vida siempre hay nubarrones y tormentas, momentos muy difíciles, pero que con 4 ojos se ve más que con dos, y que la felicidad solo se encuentra en la mutua comprensión, la paciencia  y el amor.

Los hijos eventualmente se van.  La esposa o esposo se quedan y se siguen necesitando y queriendo, por lo que son los que también hay que seguir cuidando con esmero.

Es penoso que tantos sean capaces de lograrlo en este mundo de avances y tecnologías.  Como dicen de este mundo moderno pero deshumanizado.

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Sobre el autor

Vive a horcajadas entre Santo Domingo y Monterrey. Ingeniero electricista del Instituto Tecnológico y Estudios Superiores de esta última ciudad, es un apasionado de la genealogía, tema sobre el cual ha hecho varias investigaciones al alimón. Bloguero y articulista de medios escritos y digitales, se interesa ahora por la medicina alternativa y el biomagnestismo.