Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

Pedernales vuelve a la bocina

Eran los tiempos del legendario cine Doris, en la Duarte arriba, casi con 16 de Agosto, y de películas de moda como “El Bueno, el Malo y el Feo”, las de “Santo, el Enmascarado de Plata”, de Cantinflas y las vaqueradas de Durango Kit. Y eran tiempos de cantantes como Leo Favio, Leo Dan, Sandro, Javier Solís, Marco Antonio Muñiz y de la influyente Nueva Ola.

Pero ese cine no se limitaba a proyectar películas en su sala nutrida de sillas de madera y guano que muchas veces eran objeto de pugnas entre los clientes, sin importar que, en ocasiones, se plagaran de chinches. Eso lo resolvían con un golpe seco sobre el piso, a tono con un grito que estremecía la sala: ¡Chinchas der diablo! Las carcajadas del público brotaban; nadie rechistaba.

Ya los frecuentadores del sitio esperaban esa escena como si fuese parte del guión del film porque algunos “graciosos” la reproducían solo para romper el hielo de una película “clavo” (mala) o un cambio brusco de los carretes de las cintas cinematograficas por parte del operador Nolin.

Durante los sesenta y principios de los setenta, el Doris también suplía la ausencia de una emisora de radio.

Era el medio informativo del municipio cabecera. La primera de las cuatro estaciones de la provincia, Radio Pedernales (ahora degenerada en Trueno), sería fundada en 1972.

En el techo de la cabina de proyección de películas, arriba, tenían una bocina. Por ella, la población escuchaba música bien seleccionada, pero también los fallecimientos y las invitaciones a actividades, como los esperados bailes del combo Pedernales, en la voz, casi siempre, del inquieto Fernelis Dotel.

Con el rápido impacto de la radio, el cine perdió la supremacía como medio de información; sin embargo, nadie podrá borrar el rol del cine de “La Pupa” (Nurys Mancebo, madre de Doris) como medio pionero de entretenimiento e información oportuna para los pedernalenses. Solo queda el local rústico, vacío, como para que alguien lo recuerde. 

Otra sala sería construida luego por la Junta de Acción Comunitaria/Alcoa Exploration Company: Cine Pedernales, en la 16 de Agosto, Barrio Alcoa.

Arquitectónicamente, nada que aportar, pese a las riquezas mineras que le exprimían al pueblo. Se trata de un cajón tétrico, feo, a cielo abierto (exposición del público a las lluvias, piedras y huevos hueros que lanzaban intrusos); paredes rústicas, tres filas de asientos de cemento, insufribles cuando pasaba la media hora… Ahora solo es una estructura ruinosa, digna de una demolición urgente; si no, para dejarla erguida como un monumento a la chapucería ingenieril. 

En su momento, sin embargo, fue útil. Tenía instalados dos proyectores modernos para películas de 35 milímetros que muchos cines de la capital no exhibían. Por la influencia de la compañía estadounidense explotadora de la bauxita, algunas cintas eran presentadas primero que en otras provincias del país. Su sala sirvió para resonantes presentaciones de artistas como Fausto Rey y Vickiana, a mediados de los ochenta, y para la realización de festivales de la voz.

Un día se produjo un apagón de los cines, que llega hasta hoy, y con él, se prendieron las discotecas, los carrandales sin ley y… las emisoras.

Pese a las tres estaciones radiofónicas comerciales y una comunitaria que operan en esta provincia de casi 28 mil habitantes, en el extremo suroeste del territorio nacional, la bocina es hoy el medio de comunicación por excelencia para comunicar acontecimientos a los pedernalenses.

Allá, en el Pedernales de hoy, la “guagüita anunciadora” (un vehículo con un altoparlante) ha resucitado en pleno siglo XXI, y le ha ganado la batalla a las FM. Al menos, ha sido así en la comunicación de notas luctuosas, reuniones y fiestas.   

(Este relato es parte de una serie original sobre la cotidianidad de Pedernales, que será compilada en un libro del autor) 

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Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.