Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

Nochebuena en Pedernales

Pedernales, a 302 kilómetros de la capital, nunca fue un pueblo de millonarios. Pero tampoco un enjambre de menesterosos. Al menos, hasta los años noventa del siglo XX. El hambre no era ley.

Hoy, hay un gueto de nuevos ricos hechos a la carrera, y un océano de empobrecidos atrapados entre un inhóspito Anse –a- Pitre y un Estado irresponsable que se excita con discursos falsos. El hambre es casi ley.

La vida es azarosa en el Pedernales de hoy. El dinero anda lejos de allá, como si huyera a una alergia grave. El desempleo, casi total.

El abandono estatal y el caciquismo lo han arruinado todo. O casi todo, porque aún queda la esperanza de que “algún día maten blanco”.

AQUELLOS DÍAS

Recuerdo cuando don Curú, mi papá, con su eterna discreción, desde antes de entrar diciembre, seleccionaba de su pocilga, o diligenciaba con su leal amigo del municipio Oviedo, Pinkinín, el cerdo criollo  que él mataría en víspera de la cena de Nochebuena, para luego hornearlo.

La casa ubicada en el 4 de la calle Juan López era un espectáculo durante la noche del 24 de diciembre de cada año.

Desde temprano en la tarde, la mesa en el centro o en un lateral de la sala. Sobre ella, en el mismo medio, un cerdo grande dorado, crocante, rodeado de moro de gandules con coco, espaguetis rojos, pan de “teleras”, ensaladas “rusa” y criolla, manzanas, peras, dulcitos navideños, coquitos, almendras, vino Moscatel, a veces sangría, algún ron Brugal o Bermúdez. El colorido convidaba a una sola cosa…

Antes de que se invitara al compartir  nocturno (casi siempre sobre las nueve de la noche), algunos “ladronzuelos”  robaban a hurtadillas trocitos de carne de puerco o algún dulce.

Zoraida (mi mamá) y mis hermanas se esmeraban para que la familia y los amigos de la familia, mantuvieran la costumbre de pasar a cenar por aquella sala llena de solidaridad.

Durante esos días, mis hermanas Elsa y Juanín, finas costureras enseñadas por Zoraida, apuraban para avanzar con la gran demanda de vestidos que serían estrenados en las fiestas. No faltaban los lamentos por tardanzas en algunas entregas.

El Club Socio Cultural era un hormigueo de actividades todo el año. Pero en diciembre era especial.

Como la banda de música municipal, el combo Pedernales estaba articulado, tanto que competía con grupos musicales de otras provincias. Librado Santana, los hermanos Méndez, Alcibíades (Bobollo) y Ramón (Mon); el pintoresco Ojitos Verdes, Telé, Luis Cana, Vicini, Pablitín, Silvio, Confesor, Luis Cana, entre otros que ahora no recuerdo, llenaban el club con sus fiestas kilométricas.

Y quienes no asistían, se conformaban escuchándoles desde el parque del pueblo, una plaza hermosa ubicada al frente, con su glorieta para conciertos memorables, su pecera llena de vida y un arbolado del que solo quedan rastros. Una plaza libre de promiscuidad e inseguridad que nadie ha replicado allá.

La resaca venía al día siguiente. Era el único dolor de cabeza porque riñas no se daban. Las drogas, el robo y las armas de fuego no eran protagonistas de las fiestas, ni de las calles, pese al dinamismo de la economía.

Pedernales era un pueblo seguro, limpio, solidario, brillante, con luz y agua permanentes durante décadas. Un pueblo sin millonarios, pero con comida, mucho movimiento… y en paz. Ya no es así.

La noche oscura y larga terminará algún día, para que vuelva la Nochebuena feliz.

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Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.