Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

Huelga y Plan

La saliente directiva del Colegio Médico Dominicano (CMD) ha sido muy resuelta en sus convocatorias de paros intrahospitalarios en reclamo de mejores salarios al Gobierno. Por suerte, acaba de desistir del último de su larga tanda, programado para 29 y 30 de noviembre.

Los profesionales de la salud (médicos, bio-analistas, enfermeras, odontólogos), así como los docentes del sector público, deberían ser mimados por el Estado. Salarios e incentivos jamás deberían representar un tormento para ellos, siempre que reciproquen con un excelente desempeño y un trato humano al paciente. Un país sin esos pilares, no llega lejos. Indiscutible.

Pero ese potente CMD, (antigua Asociación Médica Dominicana), debería dedicar parte de su inteligencia a buscar métodos  creativos para lograr mejoría, porque el actual  --el de los paros alegres y a ratos politiqueros--, ha resultado antipopular y ha mellado su imagen en la sociedad.

Y eso es lo peor que le puede pasar a una organización cuyos colaboradores internos trabajan con la salud de personas empobrecidas, imposibilidades de pagar los abusivos precios de las clínicas.

La credibilidad es esencial. Perderla jamás debería constar como objetivo de ese gremio. Muy difícil la cura si el paciente aguarda dudas sobre la calidad académica y humana de su médico.

MÁS VALE TARDE

Cierto que, por los siglos de los siglos, el Estado ha sido más que tacaño con la asignación de las partidas correspondientes  a tan vital sector.

La inyección de dinero SP se ha hecho, históricamente, a cuenta gotas, tal como ha pasado con la Universidad Autónoma de Santo Domingo. De ahí la vulnerabilidad de los hospitales y, en parte, la falta de una cultura de prevención. Sin embargo, en modo alguno se puede equiparar las actitudes de desprecio a los sectores salud y educación exhibida por los 22 años de  gobiernos balagueristas con las respuestas presentes. Hay cambios positivos; mas, siguen patentes las bajas inversiones.

El problema trasciende, así, las buenas intenciones y las capacidades de los actores del sistema. Es de fondo, y como tal hay que examinarlo, sin aspavientos ni arrogancia. Ningún cuerdo lo duda, si es honesto.

Así que constituye una insensatez sumar el ingrediente de los dañinos paros de labores a la consabida estrechez económica para resolver la alta demanda de servicios por parte de la población enferma. Esa actitud agrava la situación, para desgracia de todos.

La nueva dirección del legendario gremio quizás entienda que, sin dejar a un lado las reivindicaciones, debe de volver la vista atrás y retomar desafíos que no le son ajenos, como: asumir en la práctica el Plan Decenal de Salud 2018-2027, presentado este martes por el Ministerio; valorar con seriedad la urgencia de implantar el trato humano al paciente; eliminar las desconsideraciones y los engaños en  clínicas privadas; y evaluar, al menos, su ausencia de los debates científicos.

Los recursos son muy importantes, y hay que “pelear” por ellos. Verdad de Perogrullo. Pero, ¿para qué sirven estos en un sistema, sin un plan que oriente los pasos? Entenderlo e integrarse no implica claudicar.

Al garete, no se puede. Los métodos cansados mandan ya a explorar nuevas pistas para obtener resultados favorables, para los actores del sector salud… y para los millones de enfermos que pueblan los hospitales. Como sentencia el adagio: “Más vale tarde que nunca”. 

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Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.