Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

¿Violencia contra ella?

Matos Méndez fue un personaje pintoresco que, durante los años setenta y ochenta, se hizo famoso en el perímetro de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Este setentón pasaba sus días y sus noches, de facultad en facultad, de acto en acto, aunque no era estudiante, ni empleado, ni profesor.

Se asumía como el supermaestro, y su única competencia era “El hombre del nivel”, un flacucho que, con ese instrumento de medición siempre a mano más su eterno bombo de ingeniero, aún pulula en el campus pregonando sus fijaciones mentales.

Todos los “normales” le hacían rondas a MM porque sus rejuegos discursivos les arrancaban carcajadas. Era una cura. Preguntaba, por ejemplo, cómo se llama la mesa donde la familia se sienta a comer, y, luego de escuchar la lluvia de respuestas, precisaba con orgullo:

 “Son brutos, porque no se dice comedor, sino comedero; comedor es quien come”.

Con los discursos que sustentan la lucha contra la “violencia de género” o “violencia hacia la mujer”, hay algo de las “matosmendadas”. Mucha palabrería, muchos retruécanos y poca autocrítica, bajo la sombrilla de agencias internacionales distantes del contexto dominicano.

CABEZA DURA

El enfoque vendido hasta la saciedad en los medios de comunicación, sin evaluar resultados, revela una estéril contraposición hombre machista-mujer sumisa, como si éste solo matara las féminas por representar otro sexo. Y “ahí está el detalle”, como repetía el actor cómico mexicano Cantinflas.

La realidad da en la cara, y ella manda para otro lado si hay deseos de parar el desangramiento social. Mire las estadísticas:

Desde 2005 hasta 2016, cada año se produjeron 2,147 homicidios. 26,760 personas han sido asesinadas en los últimos doce años y tres meses, y en los primeros tres meses de 2017 ya habían caído 406 (343 hombres y 63 mujeres). La tasa estimada para este año sería de 16 por cien mil, según el Observatorio de Seguridad Ciudadana.

https://www.listindiario.com/la-republica/2017/07/26/475645/matan-2147-personas-cada-ano-en-rd.

Las raíces de las actitudes negativas de muchos hombres respecto de las mujeres son ancestrales, y las iglesias han sido pioneras y promotoras de tan nefasto desbalance. Pasarán muchos años para  recobrar el equilibrio.

Pero, a la luz de los datos, la sociedad de hoy se presenta en general violenta como resultado de los vicios del capitalismo impiadoso, instituciones débiles y familias disfuncionales. Y las hembras no se llevan la mayor parte en la repartición de ese indeseable pastel, pese a que representan  poco más de la mitad de la población total de 9 millones de habitantes  

República Dominicana se ha llenado de “pistoleros” arrogantes que nadie vigila. Los pare por segundo; están en cualquier lugar, a cualquier hora. Y solo saben hablar un idioma: el de las balas. La sangre humana los excita, sin importar género. Son bestias.

Aquí, las armas de fuego abundan más que la hierba mala. Y mire que eso es una plaga. Muchas personas entienden que estos instrumentos de muerte son parte de su indumentaria... y de su ego. Los compran sin importar el precio, aunque les falte la comida. Y con la misma facilidad con que los adquieren, asimismo aprietan el gatillo para matar. Siempre los cargan. Mejor se les olvidan las prendas interiores, que enganchárselos.

SOCIEDAD DE LOS TERCOS

Hace rato que el diálogo y el respeto a la vida están en extinción en RD. Se habla demasiado, pero se comunica poco. Sufrimos el reinado de discursos plañideros, de los contadores de muertes y de la exhibición irresponsable de imágenes patéticas, sin presentar soluciones cónsonas con el contexto dominicano.

Van diez, van veinte, van treinta… van 90 mujeres asesinadas este año --se lamentan. Es la moda. En el fondo, en la cotidianidad que a pocos importa, la vida sigue igual: crítica y con injusticias a granel. Insufrible.

Perdonen la molestia, pero no se perdería nada si probaran con el abordaje integral de la violencia, sin prenociones con los géneros, porque el enfoque predominante serviría, sí, para bocanadas de discursos amanerados y documentos hermosos que justifiquen apoyo de agencias internacionales; mas, nada para contener el tsunami de sangre humana del que se  quejan.

La testarudez y los intereses particulares no ayudan.

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Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.