Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

Pedernales es una tacita de oro

Confieso que me he equivocado. La provincia Pedernales no es un desastre; está boyante.

A Pedernales se llega después de recorrer 302 kilómetros por una autovía, obra maestra de la ingeniería del siglo XXI. Ha batido el récord de seguridad.  

Pedernales goza de un superávit de empleos muy bien remunerados, y el resto del país se ha mudado para allá en busca de oportunidades.  

Pedernales exhibe un desarrollo agropecuario modelo para el mundo, con protección extrema a los productores.

Pedernales ostenta una cooperativa pesquera sinigual.

Pedernales vive cada día entre parques cibernéticos.

Pedernales tiene la primera y única planta nuclear del Caribe, y de los apagones solo sabe a través de los medios de comunicación.

Pedernales tiene agua potable para abastecer a Brasil.

Pedernales tiene en sus calles unas luminarias que ni Las Vegas.

Pedernales presenta un desarrollo urbanístico ejemplo para la humanidad.

Pedernales puede ufanarse de que no es ruidoso. No existen motocicletas; nadie muere ni queda lisiado en choques y vuelcos de tránsito.

Pedernales tiene una conciencia ecológica superior a la de Costa Rica.

Pedernales es dueña de unos manglares nunca tocados por la mano del hombre. Verdaderos “santuarios” de la humanidad.

Pedernales soportaba cada mayo millones de cangrejos que corrían hasta por calles centrales. Ahora es mucho mejor: se ha multiplicado ese regalo de la naturaleza. El fondo marino está intacto. Los tramallos están prohidos. Los corales brillan. Miles de langostas, lambíes y peces juguetean.  Las imágenes son espectaculares.

Pedernales tiene sus parques Sierra del Baoruco y Jaragua. Emociona el cuido. Nadie osa matar una iguana, ni un carey, ni un manatí, ni una tórtola; nadie corta una matita; todos protegen las orquídeas, los pinos, los lagartos, las aguas de las cuevas… Allí se venera fauna y floresta como nadie lo hace en el globo. Los haitianos ni sueñan con cruzar para cortar árboles y construir hornos para carbón. Y funcionarios estatales y empresarios nunca  han tenido esos parques en sus miras.. La complicidad no existe.

Pedernales está preñado de bauxita, piedra caliza y algunos minerales valiosos no declarados. Las mineras del mundo se pelean por negociar con el Estado y asignarle 20 por ciento de las ganancias al pueblo.

Pedernales no tiene una cementera en las narices de una de sus hermosas playas, las de Cabo Rojo. Eso jamás pasaría allá.

Pedernales se enorgullece de los avances en la playa del pueblo. Es un paraíso respecto de la que tenía en los años 70. Ni hablar de la pista que lleva a Bahía de las Águilas, una de las playas más sonadas en el mundo, por su belleza. Conducir por ésta es como acostarse sobre una cama de plumas.

Pedernales puede enrostrar a cualquiera un  diseño arquitectónico singular a su entrada. Por doquier hay signos de u marca de su marca provincia.

Pedernales tiene una banda de música en ciernes, integrada por jóvenes talentosos y dirigida por un hijo de una familia de músicos: Mon Matilde. Y no dude que, dado ese esfuerzo cultural, le sobre apoyo A diario les llegan montones de instrumentos e incentivos económicos. Y el parque central ha superado creces al de aquellos años. Ahora es pura diversión, cultura, compartir en paz.

Pedernales es cien veces más seguro que antes. Delincuencia cero, porque  --cuando agarran a un delincuente-- ningún político habla por él. Y lo mismo sucede con los violadores de la Ley de Tránsito.

Pedernales está minado de haitianos profesionales de alto vuelo, no de indigentes enfermos indocumentados, vomitados por un Haití que los desampara.

Pedernales, en vista de los 124 kilómetros que la separan de la próxima provincia (Barahona), cuenta con una extensión de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde todos sus jóvenes se preparan en carreras útiles para el desarrollo sostenible.

Pedernales es un modelo de honradez política.

Pedernales es perfecto. Eterniza los nombres de sus fundadores y edificadores morales, encarcela a los delicuentes sin importar el color del cuello, y desenmascara a los falsos profetas.

En Pedernales vive Dios.

¿Cómo clamo yo, entonces, por la calidad de vida de su gente, si vive mejor que en Suiza? ¿Cómo grito por el bienestar? ¿Por qué equivocarme, si es tan evidente su  grandeza económica? ¿Cómo imaginar siquiera que lo han convertido en un desastre, en un tollo mayúsculo?

Sobre todo: ¿Cómo rogar para que se celebren actos altisonantes de protesta en el Parque Independencia (centro de la capital), para que los medios de comunicación la tomen cuenta?

Pedernales no necesita solidaridad. Esa provincia es un banco para prestar bienestar al mundo. Entiendo la indiferencia de los llamados grupos de presión de la sociedad dominicana.

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Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.