Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

Pedernales, otra Navidad sin ti

¿Qué le han hecho los pedernalenses al Estado para que los patee tanto?

¿Qué le han hecho si hasta lo han dejado que, en contubernio con empresarios y políticos corruptos, expolie sus recursos naturales a cambio de olvido?

¿De qué ha servido que ese Estado irresponsable exprimiera sin piedad, durante medio siglo, tu bauxita y demás minerales no declarados, Pedernales? De algo, sí: para la construcción de una larga pobreza.

Y para que dos tres delincuentes de tomo y lomo la alarguen más porque es la fuente que alimenta su riqueza individual.

El desempleo en esta provincia situada en el extremo suroeste del territorio nacional (302 kilómetros de la capital), es casi total. Solo unos cuantos del sector público, con salarios de sobrevivencia.

Pedernales semeja un gueto de 40 mil almas que semejan momias hijas de la pobreza cruda que le sembraron políticos inhumanos.

Esa cifra sobre el total de la población solo es una referencia. Nunca se sabe cuántos son. La emigración es progresiva por la falta de oportunidades. El flujo de haitianos indigentes hacia el pueblo resulta insufrible, y ya ahoga a los “estoicos” dominicanos que han optado por quedarse.

Pedernales es un modelo perfecto de cómo se elimina con crueldad una provincia.

Pedernales tiene mares y manglares. Pero su cuidado solo consta en el discurso de Medio Ambiente. Como pasa con el pueblo, estos espacios de vida también son sometidos al exterminio ante la mirada contemplativa de la autoridad. Día y noche, todo el año, sacan los cangrejos de las cuevas usando todas las técnicas de la crueldad. Hasta con tóxicos. Lo mismo con los bancos de peces, tortugas carey, langostas, peces bebés… Los ignorantes creen que son recursos infinitos; los “vivos”, los mañosos, no. Ésos saben muy bien que no, y saben del daño provocado al ecosistema; pero más les importan sus cofres que la vida de la gente, de la fauna y la flora. Como les importan las tierras ajenas de la provincia; sobre todo, las  ubérrimas de las colonias agrícolas, en la Sierra del Baoruco; sobre todo Los Arroyos y Las Mercedes, donde el asedio a los dueños (por herencia o compra) ha sido sistemático y por todas las vías. Carecen de hiel y de vergüenza, esos señores de la mafia.

ALLÁ ARRIBA

Los Arroyos es un respiro para la vida del pueblo. Y para el país. 50 furgones de aguacates Hass para exportación son sacados de aquellas lomas, pero podrían ser mil, si hubiera voluntad y no frenos.

La motivación de los productores se acerca a cero. La carretera que lleva a esa comunidad dominicana es un trillo sinuoso que no aguanta más abandono. Intransitable. Coronarla, 40 o 45 kilómetros, es cuestión de tres o cuatro horas, casi el tiempo que se tomaría un conductor desde la capital hasta el municipio cabecera.

La incertidumbre resulta honda, allá. No saben el día en que aparecerá un mal intencionado auxiliado por el poder de “la autoridad” con alegatos de violación a los límites locos del Parque Nacional Sierra Baoruco, para maltratar y humillar a quienes cometen el “delito” de producir alimentos. Hay antecedentes funestos; ya ha sido destruida una finca de aguacates por orden de un ministro de Medio Ambiente. Subyace el interés despertado en las pirañas humanas por la alta productividad de esas tierras.

En Los Arroyos, como en Las Mercedes, no hay paz. El acoso de la autoridad está latente. El alegato de defender el Parque es una excusa malévola. No hay mejor forma de protegerlo de la deforestación que sembrar frutales y aguacates e integrar a las familias dueñas de las parcelas. Porque si ellas resultan expulsadas, terminarán de ocuparlo los haitianos, que ya son mayoría en todas las colonias. Y esos extranjeros no tienen fama de forestadores. Su país, Haití, está pelado, sin capa vegetal.

A Pedernales lo han convertido en un desastre. Ese pueblo fronterizo no puede seguir a expensas de bultos de politiqueros. Esos constituyen la génesis de su cáncer.

Como desastre, Pedernales pasará otra Navidad. No tardan en llegar las dádivas para engañar las barrigas de los jodidos y consolidar el caciquismo y las rapiñas.

Urge que desaparezcan el conformismo y el miedo. Es posible cambiar. Pero hay que levantarse.

Comentarios

Comentarios vía Facebook

Los comentarios en 7dias.com.do están sujetos a moderación. No se aceptan los comentarios que:

  • Contengan afirmaciones, enlaces, nombres o sobrenombres insultantes o contrarios a las leyes dominicanas que penalizan la difamación y la injuria.
  • Hagan acusaciones y no aporten datos comprobables.
  • Exalten la violencia o apoyen o insten a la violación de los derechos humanos.
  • Contengan alusiones discriminatorias por razón de la nacionalidad, sexo, edad, religión, opción sexual, militancia política o discapacidad.
  • Ataquen de manera denigrante a otros comentaristas de la misma información.
  • Contengan vulgaridades.
  • Contengan enlaces a espacios publicitarios, pornográficos o spam.
  • Insulten a nuestros periodistas, articulistas y blogueros.
  • Estén escritos con una ortografía que haga presumir que las faltas fueron cometidas de manera intencional.
  • 7dias.com.do se reserva el derecho de no publicar los comentarios que irrespeten estas normas, que son indicativas pero no limitativas. Nuestro deseo es propiciar el intercambio democrático de ideas en un marco de respeto. Las opiniones vertidas en los comentarios no expresan las del periódico.

Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.