Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

Japón, un país de pendejos

Ha circulado por algunos foros de Whatsapp, integrados por uasdianos en campaña política, un trozo de una conferencia dictada a docentes mexicanos por un simpático maestro de origen japonés, Carlos Kasuga Osaka, que desnuda el pasado y el presente de la sociedad dominicana. Pero de malas maneras, y no solo a los pobres y los analfabetas. Mínimo, debería motivar una reflexión.https://youtu.be/p7Nry_Gg8NE.

El orador ha discurrido sobre dos ejes: la  mentalidad de pobreza y la educación bajo el principio “si no es tuyo, es de alguien” que tipifica la cotidianidad mexicana. Y sobre esa base, ha comparado a México con Japón, pese a que este archipiélago asiático es cinco veces más pequeño que el país latinoamericano. Por su educación, Japón es una potencia mundial; mientras, México, muy rico y grande, se desangra y naufraga en el subdesarrollo.

Ha resaltado el maestro, la honradez y el buen comportamiento ciudadano que carateriza al nipón: respeto absoluto a los derechos de los envejecientes, niños y enfermos; respeto absoluto a las leyes; y rechazo absoluto a robar. Excelente.

Como becario de ese país, he vivido cada detalle de lo esbozado en su conferencia: allá, si alguien pierde su cartera con yenes u otra moneda, quien la halla, la coloca en un lugar visible para que sea ubicada por su dueño.

En las estaciones del metro, museos, templos y otros lugares, hay disponibles paraguas para el uso de los visitantes, y nadie osa robárselos. Como nadie robaría el dinero olvidado en los bolsillos de la prenda llevada a la tintorería.

Mucho menos robarían las bicicletas dejadas por sus propietarios en lugares públicos para montarse en el transporte colectivo. Todos respetan a los peatones, nadie tira basura a las vías públicas, nadie grita, nadie escupe en la calle; los griposos se cubren nariz y boca para no contaminar a las demás personas… Súmele a esto su actitud proactiva, su perservarancia, su actitud permanente para vencer los obstáculos en el camino.

No son inmaculados, sin embargo. Cuando fallan, la Justicia les cae encima.

¿Y AQUÍ?

En República Dominicana se ha corrompido todo. O casi todo. Mientras, el pesimismo sanguineo gana terreno. Sobre una cama de chismes y descalificaciones, el irrespeto a las leyes, la incapacidad para la convivencia, la falta de educación y el robo ya han adquirido patente de normalidad.

Muchos se pasan cada día derivando culpas, aunque son protogonistas de los males que nos agobian. Abundan en los medios los discursos acartonados de gente hipócrita que busca ocultar con ellos sus historiales de robos al erario. Y quien no entre a ese círculo pestilente, resulta un soberbio pendejo.

La caricatura de Capitalismo que sufrimos, ha enseñado, a través de sus instrumentos de persuasión, que el caos y el hurto constituyen un bálsamo que cura todo, comenzando por la condición de corrupto e insolente. Ese sistema mediofunciona, pero purulento.

Los políticos son causa y efecto de ese mal. Cierto. Pero también los ingenieros, los médicos y sus auxilares, los abogados, los contadores, los periodistas, los sacerdotes, los empresarios, los servidores públicos, los poetas, los venduteros, los bodegueros, los mecánicos, los plomeros, los electricistas, los carpinteros, los albañiles, los policías, los guardias, los ni-ni, las ONG, los gobiernos, la oposición, las mujeres, los hombres, los vagos, los padres, las madres … las familias.

En estos tiempos ¡vaya tiempos!, miles de familias dominicanas celebran cuando sus hijos e hijas regresan a sus hogares con dinero y prendas de origen desconocido. “Busca más, no seas tonta”, aconsejan a sus hijas.

Y hasta hay profesores que se aprovechan de la ignorancia de sus discentes para alimentarlos con desesperanzas y sus vómitos de resentimiento con el objetivo de lograr sus caprichos pecuniarios.   

Nada de esto es nuevo. Se trata de un monstruo alimentado con pasión, día por día, año por año, en pos de don dinero como eje único de nuestras vidas.  

Cada vez es más raro que, en cualquier lugar y momento, a usted no lo quieran engañar y asaltar. Y eso lo hacen hombres y mujeres, sobre todo jóvenes. La honestidad ha entrado a la etapa extinción. Y lo peor: cada vez más dominicanos piensan que carecemos de cura para este mal. Ha llegado la deshumanización; la educación en valores solo se ve en discurso hueros. Pruébelo si va a un clínica, o a un supermercado, o a una tienda…   

El sentimiento de derrota, el “nada se puede hacer”, y el “ser amigo de lo ajeno” se han entronizado en “nuestro disco duro”. El “sálvese quien pueda” ya es ley.

No somos tan diferentes a México. Triste. Podemos ser como un país de “pendejos” llamado Japón, si quisiéramos.

Comentarios

Comentarios vía Facebook

Los comentarios en 7dias.com.do están sujetos a moderación. No se aceptan los comentarios que:

  • Contengan afirmaciones, enlaces, nombres o sobrenombres insultantes o contrarios a las leyes dominicanas que penalizan la difamación y la injuria.
  • Hagan acusaciones y no aporten datos comprobables.
  • Exalten la violencia o apoyen o insten a la violación de los derechos humanos.
  • Contengan alusiones discriminatorias por razón de la nacionalidad, sexo, edad, religión, opción sexual, militancia política o discapacidad.
  • Ataquen de manera denigrante a otros comentaristas de la misma información.
  • Contengan vulgaridades.
  • Contengan enlaces a espacios publicitarios, pornográficos o spam.
  • Insulten a nuestros periodistas, articulistas y blogueros.
  • Estén escritos con una ortografía que haga presumir que las faltas fueron cometidas de manera intencional.
  • 7dias.com.do se reserva el derecho de no publicar los comentarios que irrespeten estas normas, que son indicativas pero no limitativas. Nuestro deseo es propiciar el intercambio democrático de ideas en un marco de respeto. Las opiniones vertidas en los comentarios no expresan las del periódico.

Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.