Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

El Iván que conozco

He conocido al ahora rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Iván Grullón, desde aquellos días de director del Departamento de Idiomas, exitoso decano de la Facultad Humanidades, vicerrector docente y de las derrotas en sus aspiraciones rectorales, y su “gran pecado” constante ha sido su estilo campechano, su repentismo, su capacidad para reconocer cuando su fuerte temperamento le hace una mala jugada, la confianza ciega en traicioneros de origen, a leguas expertos en chantajes, y su acentuado espíritu de conciliación, tan acentuado que le han pegado el mote de blandengue ante sus verdugos.  

De su vida privada, nada sé. Tampoco me interesa, como no me interesa la de nadie. No sé dónde vive, ni él sabe dónde vivo; ni he libado tragos con él.

Su oficina he visitado pocas veces en tres años, dos de ellas con los alcaldes de Santo Domingo Este, Juan de los Santos y Alfredo Martínez, para dar seguimiento a mi afán por la Ciudad Universitaria del municipio más grande de la República. Nada me agrada el pasilleo ni el chisme, asignatura diaria de tantas personas allí.

El día apenas me alcanza para sobrevivir en este valle escabroso. Me faltan horas para actualizarme, trabajar y ganarme los pesos de la comida de la familia. Y esperar a ver si logro mi jubilación, tras 26 años de docencia sin sabático en la sede, centros y recintos regionales, con la esperanza de recibir por el resto de mis días (quizás no sean muchos) una mensualidad modesta, distante a la que se asignan por unos días de servicio los legisladores, banqueros y otros funcionarios estatales.

Pero, en este momento, cuando ya asoma la soledad del poder, quiero dejar constancia de mi percepción: salvo que la realidad me dicte lo contrario, Iván es un hombre bueno, humano, humilde, que se entristece por el agobio de la carencia de recursos para concretar sus ideas como rector. Una víctima más de una parte de los que le juraron amistad y lealtad eterna con el objetivo implícito de aprovecharse de su estatus actual y luego chantajearle.

Bueno, humano y humilde porque no es común que un Rector tome un móvil para llamar directamente a un ejecutivo medio de su gestión para “pedirle, por favor”, que le apoye con tal tarea, o que le reciba un empleado trasladado con el compromiso de que éste cumpla con su deber. No es común en la UASD que un rector, con todo el poder en sus manos, te llame aparte para reconocerte talento y, a seguidas, comentarte: “¡Coño, Tony, no me digas que eres menos…  No me digas eso. Sabes que te aprecio mucho y te voy a apoyar; sé que no manejas recursos en Santo Domingo Este”. Mucho menos común que  resista el asedio permanente de la plaga de “pesca-cargos” que ensombrece el Alma Mater. Y muchos menos que respete tus decisiones y no te chantajee con el cargo para apoyar candidatos. Al menos, conmigo jamás lo ha hecho. No necesariamente pasa lo mismo con otros funcionarios que, por sus intereses, se convierten en francotiradores de directores que le son desafectos, o no convienen a sus intereses particulares. Atacan retrasando los procesos, dificultando la solución de urgencias.

UN ÁRBOL COMO BOSQUE

Es que la UASD no es Iván, no son los rectores. Muchos de ellos han estudiado en Francia, Rusia, Estados Unidos, Alemania, México y Cuba, y tal vez todos han llegado al cargo preñados de buenas intenciones.

Pero todos han sufrido los golpes mortales de la falta de dinero y del tigueraje que hace mucho se ha entronizado allí.

Así que culpar a un individuo de un problema sistémico es un error grave; una manera irresponsable de mirar la realidad, aunque resulte útil para los fines mediáticos politiqueros de los “vivos”.

Difundir, por tanto, una conversación privada con él, deviene en abuso de confianza y en un choque brutal contra la ética, que solo sirve para engordar al morbo. Off the record es Off the record.

Con este lance, ha fallado la persona que suministró el audio a la periodista, y ha fallado la periodista al difundirlo sin apelar al requisito mínimo de contextualización y verificación con la persona afectada.

Presentada fuera de contexto, la difusión del audio afecta al Rector, porque hasta ha sido objeto de burla. Cierto. Pero afecta más a la universidad, cuya imagen no debía estar más lacerada por las sinrazones de actores internos.

Por dañarlo, han dañado más a la institución. Es decir, nos dañamos nosotros mismos. Vergüenza deberíamos sentir.

Aquí estamos ante otra muestra de que gente de las entrañas mismas de la primera universidad de América parece que tiene como objetivo mayor actualizar cada día la agenda mediática con insumos que abonan la intención manifiesta de “sacarla del mapa”, enarbolada con pasión por grupos de intereses de la sociedad. Casi lo logran.

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Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.