Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

Un asesinato y lo tétrico de los medios

El abogado y profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, Yuniol Ramírez, ya está muerto. Sus raptores y parte de los acusados de la trama patética, presos; menos el sicario que supuestamente dio el tiro de gracia porque –dicen--  huyó del país.

Del hecho culpan al destituido director de la Oficina Metropolitana de Transporte (OMSA), Manuel Rivas, varios empleados y un empresario amigo del funcionario, que ya cumplen coerción de un año en cárceles diferentes de la sureña provincia San Cristóbal y el municipio Santo Domingo Norte.

Ramírez murió de un tiro en la cara, la tarde del 11 de octubre de 2017, minutos después de ser raptado cerca del aula donde impartía docencia, y su cuerpo con una cadena al cuello atada de dos bloques, tirado a un arroyo, a unos siete kilómetros de distancia, en el municipio Santo Domingo Oeste. http://elcaribe.com.do/2017/10/18/a-yuniol-ramirez-lo-mataron-en-la-uasd-segun-camara-de-seguridad/.

El móvil del crimen –han adelantado las autoridades--  habría sido una denuncia mediática sobre corrupción en la institución del transporte colectivo con el supuesto objetivo de extorsionar al exfuncionario.

Ramírez, periodista y abogado, había fundado la organización no gubernamental Convergencia de Abogados (CONA), que usaba a menudo como instrumento para denunciar supuestos malos manejos de fondos públicos, y articular expedientes contra funcionarios y empresarios. Como plataforma usaba su programa televisual en el sistema de cable, y los demás medios de información nacionales, sobre todo la TV.

EL LADO OSCURO

Si, como se ha adelantado, Yuniol era un extorsionador profesional, y Rivas y su entorno inmediato en la OMSA, corruptos a rabiar, hasta el colmo de pagar a un “monstruo” para que aniquilara a un ser humano de 43 años, corresponde al Ministerio Público investigar a fondo, sin miedo, y mandar el expediente acusatorio al tribunal correspondiente para que sancione conforme las leyes sobre la materia.   

http://elcaribe.com.do/2017/10/18/a-yuniol-ramirez-lo-mataron-en-la-uasd-segun-camara-de-seguridad/.

Mientras eso sucede, vale la pena preguntarse: ¿Se habría podido evitar esa muerte si los empresarios mediáticos hubieran asumido una postura diferente respecto del tratamiento de temas complejos como la corrupción? Sí.

Con el cuerpo de Yuniol aun caliente,  comentaristas de radio, televisión y plataformas digitales, en su afán enfermizo de búsqueda de rating, repetían sin cesar, con descaro monumental, tétricas imágenes, y discurseaban sobre la paternidad de las entrevistas que originarían la tragedia. Y en ese desenfreno, jamás repararon –o no quisieron reparar--  en que sus fotografías sangrientas sobre un hombre joven vencido por la muerte el día menos esperado, dañaban más la salud psicosocial de la sociedad dominicana y, al mismo tiempo, mostraban paso a paso una metodología de matar propia de organizaciones criminales internacionales. Es decir, lo usaron vivo, y lo han usado, cada día, después de ultimado.

Nada aporta --que no sea tragedias--  el que se invite a entrevistados para azuzarlos a denunciar casos y formular acusaciones que los medios, como tales, no se atreven a asumir en vista de las implicaciones peligrosas.

¿Podría llamarse participación al uso de los opinantes --desprevenidos o interesados-- como conejillos para lograr rating? No. Al menos, no representa una participación sana para la sociedad.

Ese juego sucio, reprochable, no terminará bien. Duro decirlo, pero podría seguir la cadena, si la reflexión se va de vacaciones.

La muerte brutal de Yunior ha de servir para poner el bisturí sobre la piel necrosada de algunos medios y comentaristas que simulan apego a la  “libertad de prensa” y al derecho humano a la participación como garantes de democracia cuando, en el fondo, ellos son tiranos y sólo buscan el lucro.

Hay que detenerse a pensar sobre el caso Yuniol. Y no es por temor, sino por la necesidad de enfoques adecuados a la coyuntura que vivimos.

Hay manuales acerca del manejo periodístico profesional de temas sobre narcotráfico, corrupción y mafias en general, sin que ello implique su promoción ni, mucho menos, el aniquilamiento de los emisores. Están a la mano en Internet, y no son de factura dominicana.

Primero es vivir.

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Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.