Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

Los genios y el destino de la radio

La radio tiene una cobertura capaz de alcanzar el 95% de la población mundial, según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Cultura (Unesco). En los países en desarrollo, más del 75% de los hogares posee al menos un aparato de radio, conforme la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Hasta ahora es el medio de más credibilidad; pero, ¿Para qué sirven estas cifras hermosas si es para dañar a los colectivos? 

http://eticasegura.fnpi.org/2013/02/13/hablemos-de-etica-en-el-dia-mundial-de-la-radio/.

En República Dominicana este medio va como barco a la deriva y sin nadie que lo regrese a puerto seguro. Tan grave es su estado que ha perdido el contacto con la juventud, por falta de estrategias. Nada bueno ha de esperarse si la intuición y el facilismo son la guía.

En muchas ocasiones, nuestra radio es más tribuna para airear chismes, rumores, chantajes y extorsiones, que plataforma para difundir información veraz, útil para construir una sociedad equitativa con una democracia sana.

Ya se perdió el respeto por la dignidad de los oyentes. Ante la ausencia de producción, les insultan; les mienten descaradamente; los usan día y noche. La búsqueda afanosa de dinero, sin importar la procedencia, y el olvido fatal de la responsabilidad social, casi constituyen un eje transversal en esta coyuntura. No hay requisito para ingresar a ella.   https://prezi.com/3csh05rvlbdb/la-etica-en-la-radio/.

Las señales son lúgubres, el caos no tiene parangón; mas, nada ni nadie las enfrenta con la decisión que requiere el caso. Ni lo hace el Estado, a través de sus diferentes instancias, en el marco del respeto a los derechos humanos; ni lo hacen las empresas como tales, vía códigos de ética. Unos y otros son igualmente responsables.

Sectores indolentes han colocado a “la radio nuestra” sobre una pendiente putrefacta que lleva, inevitablemente, a la desintegración de la sociedad dominicana. El trípode informar, “vigilar el entorno” y educar, sobre el que se sustenta, ahora es letra muerta. Solo lo citan como discurso acartonado, como pose, porque carece de sincronía con la práctica.

Da la impresión de que los decisores de la radio se conciben pluscuamperfectos, intocables. Se venden como radialistas identificados con los mejores intereses de la población dominicana. Perversidad de la peor. El único motor que los mueve es el hambre insaciable de don dinero. Y, para lograrlo, “cosifican” a los públicos, los usan como mamparas para protección de sus fechorías.

Algo hay que hacer en tierra de Duarte, Sánchez, Mella, Luperón y nuestra. El momento requiere una parada para que, quienes insisten en sumir a la sociedad en su fangal, se miren al espejo y cambien para bien de todos. Claro, si son seres humanos.

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Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.