Sin temor... ni favor


Dualidad espacio tiempo (II)

¿Serán más felices que nosotros los habitantes de las tribus aisladas de la amazonia, o los pobres y marginados de todo país, aquellos que se incluyen en las estadísticas como los más necesitados del mundo?  ¿Quizás los que en número muy pequeño y porcentaje casi insignificante tienen las riquezas y los conocimientos de este mundo acaparadas?

¿Lo serán aquellos que están en la llamada clase media, que día a día batallan por la supervivencia?

Lo interesante es que estando todos fabricados iguales, independientes, solo conozcamos algunos secretos de este mundo en que vivimos y de este universo que nos alberga, y aun no se devele el secreto de nuestro papel en la tierra, como el de ninguna otra especie.

Este secreto tan insondable, nos ha hecho vivir creyendo irrealidades, incluyendo entre ellas sacrificios de animales, de “vírgenes”, de niños, de guerreros.  Matándonos unos a otros.  Pensando que las desgracias naturales a que estamos sujetos no son realidades normales de este sitio desconocido, y que haciendo sufrir, prendiendo velas, pidiendo fuera de nosotros mismos favores, a seres que según los tiempos han ido cambiando y que aun hoy reciben distintos nombres y atributos, pero que son malos y abusadores y gozan con el sufrimiento y la sangre.

Aun no hemos llegado a admitir que si nos unimos para el bien y la libertad, usando la poquita de razón que tenemos, y tratando de canalizarlas bien, posiblemente nos iría mejor y transitaríamos por distintos y mejores caminos.

Hasta la fecha hemos agotado miles de ciclos exactamente iguales: nacer, batallar, reproducirnos, decaer y morir.  Un camino que para unos es más fácil que para otros, aunque al final es lo mismo.

Muchos solo somos fanáticos irracionales.  Religiosos, políticos.  Pocos han descreído los dogmas impuestos y esos en sus discordancias nos han hecho avanzar un poco en este oscuro y al parece casi insondable camino del conocimiento y el entendimiento.

Todos creemos que existe un cielo, un purgatorio y un infierno.  El cielo está allá arriba en el firmamento.  El Purgatorio quien sabe y el Infierno debajo de la tierra.

El Papa Juan Pablo II dijo que el cielo no es un lugar físico, sino un estado de gracia de la conciencia de la que gozan aquellos que murieron en la gracia del Señor.  Que allí no nos juntaríamos con nuestros seres queridos que se nos adelantaron, ni haremos pachanga.  Que el infierno era el estado penoso de no gracia de aquellos que no morían en la gracia del Señor, y que el purgatorio simplemente no existía.

Según expresó el Papa 2000 años después, nos dijeron cosas falsas, creencias que ahora tenemos como cuentos.  Que nadie nos va a quemar por toda la eternidad, ni nos va a clavar tridentes ardientes y punzantes, ni nuestros lamentos mortificarán el universo por toda la eternidad.

Dejó todo como en física:   La Energía Calorífica, el calor si existe, su contrario el frio no, este es solo la ausencia de calor.  Igual que este ejemplo, existen muchos otros que no tienen sustento, ni lógico ni científico, pero que no cuestionamos.

La gente cree porque así nos lavaron el cerebro para fines económicos de algunos que medran de nosotros, que las enfermedades son causadas por microbios.  La verdad que se viene develando desde Hipócrates (hace más de 2400 años), es que son por desequilibrios ácidos y energéticos de cada persona, que llegan como advertencia de nuestro cuerpo individual y autónomo, de que tenemos un desequilibrio en nuestros pensamientos y nuestra alimentación, y que está pidiendo solución a tantos conflictos.  Entre esos desequilibrios el principal es el miedo, el sometimiento, abuso, el que nos depreden realmente, física y económicamente.  Que nos laven el cerebro.  Que nos impongan creencias que las creemos verdaderas solo con la violencia física y verbal, para ocultarnos la verdad y realidad.

Tenemos miedo de nuestro planeta, sus acciones que lo formaron y conformaron y de las consecuencias de nuestras barbaridades, de nuestros gobernantes, de nuestros coterráneos, de la ley del más fuerte en todos sus aspectos y consecuencias, la esclavitud entre otras.

Podríamos preguntarnos, vinimos solo a nacer, trabajar y a seguir los ciclos que para mí no tienen explicación ni le veo razón, pues si hay un Dios que creó todo, ¿para que a nosotros si no iba a cuidarnos?  Si ese Dios es el Creador de todo, nada necesita de estas míseras criaturas, menos que partículas de polvo en el vasto universo, pues si Dios necesita alabanzas, oraciones, entonces no es Dios, ni todo poderoso, ni justo, ni omnisciente ni omnipotente.  Somos nosotros los que las necesitamos sabiendo que no habrá respuestas.

En mis años del Politécnico Loyola, cada vez que cuestionaba estas cosas, me decían que eran materia de y que por solo dudar de ella estaba pecando y condenándome al infierno y me mandaban a confesarme…  Para no ser regañado, que me vieran mal, dejé de hacerlas.  65 años después, al borde de poder averiguarlas por mí mismo, aun me las sigo cuestionando.

 

Monterrey, Méx.* luis@arthur.net * www.luisharthur.blogspot.com *8/X/2017

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Sobre el autor

Vive a horcajadas entre Santo Domingo y Monterrey. Ingeniero electricista del Instituto Tecnológico y Estudios Superiores de esta última ciudad, es un apasionado de la genealogía, tema sobre el cual ha hecho varias investigaciones al alimón. Bloguero y articulista de medios escritos y digitales, se interesa ahora por la medicina alternativa y el biomagnestismo.