Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

La UASD y sus cosas

No conozco una empresa o institución dominicana que se haya expuesto más que la Universidad Autónoma de Santo Domingo al chisme y al rumor durante tanto tiempo, sin sucumbir ante ese cáncer. Al menos no la recuerdo.

Eso, sin embargo, está lejos de representar un mérito. Revela una grave entropía, preludio del descalabro definitivo que debería enfrentarse con decisión, si el deseo no es la sepultura.

¿Quién ha visto alguna vez a un colaborador (empleado, profesor, ejecutivo) de pequeñas empresas educativas como Pucamaima, Intec y Unibe, airear los conflictos y debilidades? Nadie.

Pero eso no significa que, en términos relativos, ellas no sufran tantos problemas como la mega-universidad estatal (180 mil estudiantes). Los sufren, y muchas veces quizás muy acentuados; mas, no los mediatizan, no tanto porque sean antidemocráticas y poco transparentes, sino porque saben del daño que se inflingirían. Tienen plena conciencia de que la buena imagen es vital para el logro de sus objetivos y metas. Nunca soslayan la comunicación.

En la UASD, no. Allí predomina el desenfreno verbal extrapolado a los medios masivos y las redes sociales como resultado de una distorsión maligna del discurso de “universidad abierta, plural, democrática”. Práctica que nada tiene que ver con garantizar el derecho a la participación y a la expresión del pensamiento de sus colaboradores, y la obligación de ser transparente y rendir cuentas en tanto institución que administra fondos públicos.

Tal sinrazón solo aporta alimento para el amarillismo mediático oportunista y más erosión de la imagen institucional.

La excusa para justificar esa aberrración es que la academia de hoy, a través de sus pilares (profesores, empleados, estudiantes), reproduce los mismos vicios de la sociedad. Es como decir: son males inevitables ¡Vaya excusa! ¡Vaya conformismo! Se trata de una verdad a medias, usada con irresponsabilidad supina. Ella debe servir de modelo para que la sociedad cambie. Y punto.

Zafarse de ese vicio es impostergable, empero, será una tarea harto difícil. Una buena parte de sus públicos internos, no se siente identificado con ella; una buena parte de sus públicos externos, tampoco. Muchos de sus egresados son hoy exitosos en diferentes áreas del saber, y hasta docentes de universidades privadas, pero no la enarbolan con orgullo, contrario a los de otras academias. Algunos hasta reniegan, pese a que, sin ella, jamás habrían alcanzado su estatus.

¿Ingratitud? Tal vez, aunque la pugnacidad interna por intereses particulares, y recreada con mala fe en la radio, los periódicos y las redes sociales, parece ser la gran determinante en el creciente nivel de desencanto y pérdida de la credibilidad. Y la manera callejera como algunos encaminan sus aspiraciones a cargos, aporta mucho a esa situación. Más que presentar propuestas y su historial de realizaciones, se las pasan de trama en trama, negando y dañando proyectos sin reparar en los daños a la institución como tal, y mucho menos al otro como individuo.

Los procesos electorales en la UASD no son malos en sí; malos son los retorcimientos y la adopción de las peores prácticas del mundillo de la política nacional: la conspiración, los golpes bajos, la construcción de expedientes, las campañas de descrédito, la relatividad de la corrupción y, lo peor, la puesta en escena mediática de la institución UASD como escenario de rebatiñas personales y denuncias muchas veces mostrencas, no como academia que se moderniza y formula propuestas sobre el desarrollo nacional. Ante esa ausencia de presencia constructivas en el escenario nacional, se imponen y brillan las otras.

¿Cuál sería el estatus de la primera universidad de América si cada profesor --y los empleados y estudiantes que puedan—invadieran los medios (Facebook y Tuíter incluidos) para destacar las fortalezas de la institución, en vez de airear chismes y rumores como tácticas para sacar de circulación a los adversarios?

En 2018 habrá elecciones en la UASD. Una maestra o un maestro se instalará en la Rectoría. Desde hoy, el debate sobre la importancia de la comunicación en todos los procesos institucionales y la responsabilidad de los colaboradores (docentes, empleados y estudiantes), ha de estar en sus agendas. Sin improvisación. Claros de que “zapatero a tus zapatos”.

Seguir con tanta indiferencia frente a este problema crucial, convertirá a la UASD en un caos, deseo de la competencia. No habrá ganadores, aunque ganen las elecciones.

Comentarios

Comentarios vía Facebook

Los comentarios en 7dias.com.do están sujetos a moderación. No se aceptan los comentarios que:

  • Contengan afirmaciones, enlaces, nombres o sobrenombres insultantes o contrarios a las leyes dominicanas que penalizan la difamación y la injuria.
  • Hagan acusaciones y no aporten datos comprobables.
  • Exalten la violencia o apoyen o insten a la violación de los derechos humanos.
  • Contengan alusiones discriminatorias por razón de la nacionalidad, sexo, edad, religión, opción sexual, militancia política o discapacidad.
  • Ataquen de manera denigrante a otros comentaristas de la misma información.
  • Contengan vulgaridades.
  • Contengan enlaces a espacios publicitarios, pornográficos o spam.
  • Insulten a nuestros periodistas, articulistas y blogueros.
  • Estén escritos con una ortografía que haga presumir que las faltas fueron cometidas de manera intencional.
  • 7dias.com.do se reserva el derecho de no publicar los comentarios que irrespeten estas normas, que son indicativas pero no limitativas. Nuestro deseo es propiciar el intercambio democrático de ideas en un marco de respeto. Las opiniones vertidas en los comentarios no expresan las del periódico.

Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.