Vivir en la ficción

Esta columna usualmente tratará temas relacionados con la cultura y la política internacional

Periodismo y literatura: una frontera difusa (1)

Una discusión perpetua y manida

Los seres humanos gastamos gran parte nuestro tiempo, que es una de las pocas cosas baratas que suelen encontrarse,  en discusiones estériles, bizantinas. Discutimos sobre fútbol, béisbol, literatura, política y sobre los temas más inverosímiles. Discutimos tanto que la vida no deja de ser, en gran medida, una perenne contradición. Pero seamos comprensivos: con algo hay que sacarle el cuerpo al hastío.

Dentro de las discusiones que más me atraen se encuentra la que gira en torno a cuál es el sexo de los ángeles, en caso de que tengan. No hay que ser demasiado brillante para colegir que los ángeles no pueden tener sexo. El sexo les ha sido dado a los seres humanos con la intención de que se reproduzcan, pequen, y justifiquen el infierno y sus horrendos castigos. Con esta especulación doy por zanajada esta discusión. La otra que me subyuga, sin embargo, no es tan fácil de solventar, y gira en torno a si periodismo y literatura son una misma cosa o de si en cada periodista hay un escritor y viceversa.

Aunque es moderna, no deja de ser  muy antigua esta polémica, que sí nos compete.

Grandes debates se han suscitado a través del tiempo y en éste han participado escritores de todas las lenguas y todas las categorías. Y nunca han logrado ponerse de acuerdo. Ni lo lograrán jamás. Simplemente, en esta materia no hay verdades absolutas, no estamos hablando de fórmulas químicas o de operaciones matemáticas. Pero empecemos con la discusión y veamos las opiniones de algunos entendidos en la materia.

La española Rosa Montero confiesa estar hasta la coronilla, preñada, de que le formulen la misma pregunta: ¿Qué quieres ser, periodista o escritora? De entrada, aclara que esa pregunta está mal formulada, pues, existen muchos tipos de periodismo: de dirección y edición, de radio, televisión, etc. Y afirma: El periodismo al que me dedico, que es el escrito, de plumilla, de articulista y reportera, es un género literario como cualquier otro, equiparable a la poesía, a la ficción, al drama, al ensayo. Y puede alcanzar cotas de excelencia literaria tan altas como un libro de poemas o una novela, como demuestra A Sangre Fría, de Truman Capote, esa obra monumental que en realidad es ni más ni menos que un reportaje. Ver La Loca de la casa, páginas 178 y 179.

Para Rosa Montero, la pregunta que nos ocupa solo podía formularse a fines del siglo XX, y con más razón en la segunda mitad de ese mismo siglo, aduciendo que antes las fronteras entre periodismo y narrativa eran muy confusas. Afirma que los escritores realistas y naturalistas del siglo XIX documentaban sus novelas con la misma meticulosidad con que el periodista de hoy se documenta para un reportaje. Aquí me permito narrarles mi experiencia en eso de documentarse para la novela como si fuera para un reportaje periodístico. En el año 1994 empecé a pergeñar mi primera novela, y el tema que me eligió fue el infernal mundillo de las cárceles dominicanas. Para esos días la prensa no cesaba en su afán por dar a la luz las brutales, por infrahumanas, condiciones prevalentes en las cárceles. La más famosa de todas estas prisiones es La Victoria, nombre que enciera una gran paradoja: todo aquel que es  encarcelado en ella está condenado de antemano a la derrota, al aniquilamiento.

 Cuando ya tenía en mi cabeza y en una libreta de notas la trama, los escenarios y los personajes, me las ingenié para ingresar al penal como un presidiario más. Mis amigos del poder lograron que el procurador general de la República de entonces me hiciera los amarres de lugar con las autoridades, y fui encerrado en La Victoria. Durante una semana fui un preso sin expediente, y pude hablar con cientos de prisioneros y escuchar sus historias, inverosímiles algunas. Pude observar el régimen de privilegios que prevalecía en el lugar, el trato vejatorio que se dispensaba a los reclusos, y de allí salí con tanto material que pude haber escrito diez novelas. Pero apenas escribí En el umbral del infierno. A un periodista, probablemente, le hubiese vastado con varias visitas cortas al penal. Pero para un novelista adueñarse de las minucias, de los detalles que son los que dan justificación a la novela, no hubiese sido suficiente. Y a pesar de que casi todo lo que cuento en En el umbral de infierno  es real, al estar en la novela pierde todo viso de esa realidad.

Retomemos la discusión. Ya hemos dicho que discutir es apasionante, más cuando se discuten tópicos en los que nunca podremos alcanzar la unanimidad.

El poeta y periodista mexicano Renato Leduc, opinaba: “Yo no sabría si calificar o clasificar al periodismo escrito como seudo literatura o como sub-literatura, pero en todo caso no me atrevo a calificarlo de literatura”.

La periodista, novelista y cuentista dominicana Emilia Pereyra afirma:

“Prevalecen opiniones diversas como existen analistas y autores que se ocupen del tema,  pero lo cierto es que periodismo no es literatura, y que literatura no es periodismo”.

Al poeta y ensayista Salvador Novo se atribuye haber dicho que “no se puede alternar el santo ministerio de la maternidad que es la literatura con el ejercicio de la prostitución que es el periodismo”

Sin embargo, son muchos los grandes escritores que han hermanado al periodismo y la literatura, Alejo Carpentier, Por ejemplo:

“Para mí, el periodista y el escritor se integran en una sola personalidad... Podríamos definir al periodista como un escritor que trabaja en caliente, que sigue, rastrea el acontecimento día a día sobre lo vivo. El novelista, para simplificar la dicotomía, es un hombre que trabaja retrospectivamente, contemplando, analizando, el acontecimiento, cuando su trayectoria ha llegado a su término. El periodista, digo, trabaja en caliente, trabaja sobre la materia activa y cotidiana. El novelista la contempla en la distancia con la necesaria perspectiva como un acontecer cumplido y terminado”.

Como vemos, no hay consenso en torno al tema. Y debemos estar agradecidos y satisfechos de que no lo haya: si lo hubiera, no tendríamos la posibilidad de discutir, algo que hace tan feliz a la mayoría, en la que me incluyo.

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Sobre el autor

Es escritor, con varios libros publicados, en los que se destacan Princesa de Capotillo, Memorias de un hombre solo, Paraíso para perversos, Tienes que matar al perro, Los oficios del placer, y recientemente publicó la novela juvenil Síndrome del iPhone.