Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

Emely, víctima del periodismo vampiro

El director de Listín Diario por tres décadas, el legendario Rafael Herrera (1912-1994), decía que ese periódico no salía, cada mañana, para amargarle la vida a la gente con la publicación en sus portadas de imágenes sobre hechos sangrientos. Y lo demostraba en su práctica cotidiana. Ese rotativo no cayó por eso al piso de la lectoría; ni desapareció. El amarillismo, esa práctica perniciosa inoculada en el oficio, es prescindible.

Erradicarlo no es cuestión de genio, sino de actitud para que nuestro periodismo sea mejor aun sea en lo humano.

En impresos, como en radio y televisión (ahora con presencia en las plataformas de Internet), predomina, sin embargo, la idea fatal de darle a la gente “lo que le gusta”.

Fatal porque es incierto que a los públicos les guste la basura. Y porque, aunque les gustara hasta la excitación, la responsabilidad social manda a asumir una actitud ética, de honestidad ante los hechos, de construcción de una mejor sociedad, lo cual pasa por darle a la gente, no “lo que le gusta”, sino “aquello que necesita para cambiar”. Valga el siguiente símil, por si no se entiende el argumento: nadie osa seguir “alimentando” con excrementos a un bebé porque un día lo halló con el embarre en las manos y la boca. Le enseña la ruta correcta porque lo ama.

El problema está en que a un segmento importante de este mundillo no le interesa cambiar. Prefiere atorar a las audiciencias vulnerables con las heces más hediondas, para ganar trascendencia social y económica. 

El periodismo irresponsable se nutre de la explotación de las debilidades construidas en los excluidos sociales. Los ve como fuentes de reproducción de capital; nunca como sujetos con dignidad que merecen respeto y solidaridad.

LA MATARON DOS VECES

El tratamiento al asesinato de la adolescente de 16 años, Emely Peguero, resulta simbólico. Declarada como desparecida el 19 de agosto de 2017, y su cadáver en descomposición encontrado en una maleta la noche del 31 a orillas de la carretera de La Guama, municipio Cayetano Germosén, provincia Espaillat, al norte del país, Emely ha sido exprimida hasta el tuétano en honor al amarillismo. Es decir, en honor al retorcimiento, a la cursilería, la exacerbación de los bajos instintos… a la mentira. Solo por unas cuantas monedas y afán de rating.  

La sobre-exposición televisual del cuerpo en situación indigna, un discurso verbal a leguas sensacionalista, durante horas de transmisión; la parafernalia en el traslado hacia el Instituto Nacional de Ciencias Forenses de Santiago, la madrugada del viernes; las culpas de la tragedia a ella y su familia, y las vinculaciones políticas e íntimas de la imputada Marlin Martínez, representan una muestra de un universo de elementos detestables que nada bueno aportan a la comprensión y solución de los embarazos de adolescentes y crímenes contra mujeres.

La niña de la empobrecida comunidad de Cenoví, provincia Duarte, no solo murió con el útero desgarrado y su cráneo hundido a causa de golpes recibidos en vida a manos de su “novio” Marlon Martínez, 20 años, hijo de una Marlin cómplice, y no se sabe cuántas manos más, en un intento fallido por ocultar la “afrenta” para su clase de un embarazo de cinco meses. Después de muerta, ha sido humillada hasta el tuétano. La han matado otra vez a tiro de leyendas urbanas y  especulaciones ligeras basadas en estereotipos.

Extraordinario, con tintes de ficción, como ha sido representado el hecho, solo sirve de abono para la multiplicación del problema social que ese mismo día, a tono con la bulla, brotaba por otro lado con una estudiante de 16 años muerta y prendida en fuego en un matorral de una comunidad de la provincia Sánchez Ramírez, mientras otras tres jóvenes eran reportadas como como desaparecidas.

El mundo ha cambiado. O lo han cambiado para ajustarlo a la medida del sistema consumista. Ya matar es un placer, para muchos. Mataron ellos para dizque no sentir afrenta. Mata el hombre por celos, y también la mujer. Mata el empresario para eliminar competencia. Mata el narco para cobrar un tumbe, y mata el subalterno a su par por un punto de drogas. Mata el prestamista si no le pagan, y el deudor al prestamista, para borrar deudas. Mata el ladrón para borrar evidencias. Mata “el león” resentido por cualquier “quítame esta paja” en un centro de bebidas o un parqueadero. Matar, matar, matar… El dinero lo compra todo, hasta el prestigio y la impunidad.

El periodismo vampiro, ese que se excita con la sangre humana, es un cómplice de primera línea de tal aberración.

Comentarios

Comentarios vía Facebook

Los comentarios en 7dias.com.do están sujetos a moderación. No se aceptan los comentarios que:

  • Contengan afirmaciones, enlaces, nombres o sobrenombres insultantes o contrarios a las leyes dominicanas que penalizan la difamación y la injuria.
  • Hagan acusaciones y no aporten datos comprobables.
  • Exalten la violencia o apoyen o insten a la violación de los derechos humanos.
  • Contengan alusiones discriminatorias por razón de la nacionalidad, sexo, edad, religión, opción sexual, militancia política o discapacidad.
  • Ataquen de manera denigrante a otros comentaristas de la misma información.
  • Contengan vulgaridades.
  • Contengan enlaces a espacios publicitarios, pornográficos o spam.
  • Insulten a nuestros periodistas, articulistas y blogueros.
  • Estén escritos con una ortografía que haga presumir que las faltas fueron cometidas de manera intencional.
  • 7dias.com.do se reserva el derecho de no publicar los comentarios que irrespeten estas normas, que son indicativas pero no limitativas. Nuestro deseo es propiciar el intercambio democrático de ideas en un marco de respeto. Las opiniones vertidas en los comentarios no expresan las del periódico.

Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.