Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

¡Oh, agua, cómo te usan!

En la fugaz agenda mediática han colocado en estos días el importantísimo y permanente tema de la calidad del agua para consumo humano. Y lo han presentado como un pulso entre la CAASD, que sirve la estatal, y las empresas que venden las embotelladas. Las partes interesadas se atribuyen un servicio de óptima calidad, pero, al final, cuando los “opinantes independientes” han tomado partida, se percibe una inclinación favorable hacia el sector privado. El Estado es fácil de atacar y difícil de reconocer.

La Corporación Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo no tiene toda la razón. Mucho menos las procesadoras privadas.

El alimento que la institución estatal manda a la su red de tuberías tiene garantía de óptima calidad. Irrebatible. Eso es viejo. Su gran debilidad se registra en la conexión a los hogares y en la falta de campañas para concienciar a los usuarios sobre la necesidad de una cuidadosa manipulación de tal producto. Hay miles de conexiones irregulares (como en Bello Campo, donde solo los “pendejos” han quedado sin agua durante 25 años); hay miles de grifos en patios, en contacto con fuentes de contaminación; miles sin grifos; hay montones de tinacos y cisternas sin mantenimiento…

Hay miles, quizás millones de personas, que desconocen la vulnerabilidad del agua frente a las bacterias, y aunque les llegue potable, la contaminan.

Y así no hay forma de garantizar el consumo con la calidad que sale de los acueductos. De modo que no es responsable desligarse de las enfermedades hídricas que nos tienen contra la espada y la pared.

Las embotelladoras privadas, peor.

Se ufanan de su calidad. Pero la mayoría vende “puro lodo”, en botellones, botellitas y funditas, en cualquier lugar y comoquiera. Algunas poderosas que se han construido imagen de buenas, también incumplen su alta responsabilidad. Transportan el agua en camiones abiertos, expuesta al sol, el hollín y la descomposición. Sus hombres, a manos peladas, manejan los botellones como bolsas de basura. Y sus clientes, sin una pizca de conciencia, las colocan al aire libre, a expensas de ratas, cucarachas,  polvo, sol y hasta de cualquier antisocial que se coja con envenenar consumidores (hay casos). Igual el transporte hasta las casas. Horrible; mas, ni asomo de inversión en esos aspectos.

¿Cómo librarnos, entonces, de los brotes y epidemias de las invalidantes diarreas por amebiasis, giardias, salmonellas, gastroenterisis en general? ¿Cómo asegurarnos de que no volverá el Cólera?

http://www.sespas.gov.do/Boletin-Epidemiologia-consigna-episodios-enfermedad-diarreica.

Flota un gran problema respecto de este alimento vital: irresponsabilidad. Saben de su imprescindibilidad para la vida, y lo negocian como un producto cualquiera. Ni siquiera consideran que las diarreas constituyen la segunda mayor causa de muerte en niños menores de cinco años. http://files.sld.cu/cpicm-cmw/files/2015/02/bibliografias-eda-feb-2015.pdf.

La preocupación por la calidad del agua para consumo humano debería estar en el punto uno de la agenda diaria de los medios de comunicación. El problema es muy grave, aunque solo salte a a veces al plano de los debates porque muchas de las horas se gastan en farándula política, si no es en regaetton.

En este país, la naturaleza, hasta ahora, nos provee de agua para satisfacer la demanda. La disponibilidad se ha estimado en 20 mil millones de metros cúblicos por año, de los cuales, 12 mil millones son recargables de aguas subterráneas. Solo el 11% para uso doméstico, frente a un 89% en agricultura.https://es.wikipedia.org/wiki/Manejo_de_recursos_h%C3%ADdricos_en_la_Rep%C3%BAblica_Dominicana.

Agua hay mucha. Pero también hay muchos negociantes con poca voluntad de que el Estado satisfaga la demanda. No es fortuito el cierre o rotura intencional de tuberías a tono con el crecimiento de la venta de agua al granel en camiones cisterna más el semillero de procesadoras. Agua que sin embargo extraen, sin pagar impuestos, de docenas de pozos tubulares perforados sin ningún criterio en lugares plagados de aguas sanitarias y lixiviados. 

El tema del agua aún no reditúa capital político. De ahí su escaso atractivo para cierta “animalandia” político-empresarial que solo piensa en su riqueza. Cierto. Pero un pueblo nunca será saludable si ese líquido falta con los criterios de calidad establecidos por la Organización Mundial de la Salud. Y cuando un pueblo se enferma, está más cerca de la muerte. ¿Hay dolientes por ahí?

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Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.