Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

Listín Diario y su pretensión

El más viejo de los periódicos dominicanos vivos (1889) ha iniciado una especie de relanzamiento con base fundamental en la oferta a su comunidad de lectores de algunas historias periodísticas bien contadas desde la gente común.

Buena idea. Hace décadas que le urgía ese vuelco. Ya parecía a un ser humano con chaqueta de Londres y corbata parisina, pero sin alma.

De ninguna manera esta iniciativa lo hace pionero de esos contenidos. Cierto. Durante las décadas 80, 90 y 2000, los rotativos Hoy, El Siglo (cerrado) y Última Hora (cerrado), llenaron muchas páginas con excelentes crónicas y reportajes que reivindican al periodismo narrativo dominicano (género interpretativo o explicativo).

Ramón Colombo, José Labourt, Arismendy Calderón, Vianco Martínez, Margarita Cordero, Minerva Isa y otros (y quizás el suscrito) son algunos de los referentes. Y, a excepción de Labourt, esa camada vive para contar sus experiencias.

Pero “nunca es tarde si la vida dura y la dicha es buena”. La sequedad de las propuestas mediáticas actuales ha colocado al borde del precipicio a las empresas de comunicación en todo el país, y, salvo que deseen el cementerio como destino, deben cambiar ya. El vacío es grande; un déficit ya insostenible. El estándar matutino ha comenzado a entenderlo, y eso resulta saludable en este momento.

NARRATIVA Y VERDAD

Hace un cuarto de siglo que he motivado en las aulas universitarias un cambio en la manera de presentar los relatos acerca de los hechos. Cambio que ha de verificarse  desde el mismo modelo piramidal de principios del siglo XX, inflexible e instrumentalizador de periodistas, pero amado por quienes no han aprendido más que eso y odian la literatura. Ha sido un discurso permanente que puede leerse en las tareas asignadas a los estudiantes y en nuestra práctica como reportajista (y ejecutivo medio) en los principales periódicos nacionales. La resistencia ha sido, sin embargo, potente.

Sufrimos el reinado del facilismo de los manidos: dijo, indicó, señaló, manifestó; por otra parte, en ese orden de ideas, en ese sentido, por su parte… Contextualización y contrastación de  fuentes son términos prohibidos en ese mundo, bajo el falso alegato de la urgencia. Más que la verdad, importa el espectáculo. Y para montarlo, la manipulación es una técnica eficaz.

La narrativa a partir de reportear con los cinco sentidos para recrear las escenas, ha sido objeto de mofa por parte de “genios” de las redacciones. Es que con ella se desnuda los entresijos del poder; sin ella, se ocultan. Pero también se desnuda u oculta la ignorancia o la falta de actualización.

Con ironía de la peor, llaman poeta al reportero o la reportera que ose obviar la sequedad para recorrer el exquisito camino de la realidad. La realidad, empero, vence su sarcasmo, aunque sea lentamente. Los públicos no quieren leer periódicos donde no se vean como sujetos, en su mundo; no como objetos extraños para satisfacer morbo y agitar el consumo irracional. No saben la magnitud de su exigencia; desconocen que así los quiere el mismo poder: presos de su ignorancia para dominarlos mejor.

Es “el poder que --como escribió Eduardo Galeano, 1998—  predica la libertad y practica el monopolio” (Periodismo Urgente. Galeano, 1998).

Otro gran déficit en el periodismo actual es la construcción y la difusión de mentiras disfrazadas de verdades incontrovertibles. Ese es tan grave o más que la monotonía y la estandarización en la forma de contar los hechos. Aquí, la memoria colectiva y la precisión es lo que menos importa; solo importan los inventos de cuartos fríos por parte de “burócratas de computadoras”. Solo importa vender trivialidades en envolturas espectaculares, aunque se hunda la humanidad. Lo demás es hipocresía, arrogancia, chantaje y extorsión.

El periodista mexicano Mario Méndez Acosta, del periódico Excelsior, ha sentenciado, en 1998: “El sexo, los crímenes, los escándalos financieros, la drogadicción y el narcotráfico son demonios y dioses a la vez de la sociedad de consumo, como los personajes del teatro griego, y de su mitología. La condena y la exaltación de esas manzanas prohibidas estimula su venta en el mercado y hace parte de las estrategias de la sociedad de consumo”. Los medios son la principal plataforma para la multiplicación de ese despropósito.

He ahí el truco. Ni más, ni menos.

Así que, en los medios, urge retomar el contar historias como la vida misma, pero también la apropiación de todas las técnicas del Periodismo de Precisión. Por la ética, por la verdad; por su bien, por el bien de la sociedad. 

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Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.