Vivir en la ficción

Esta columna usualmente tratará temas relacionados con la cultura y la política internacional

Orlando Gil: el cronista político dominicano

Conocí a Orlando Gil a finales de los noventa, en la peña que todavía hoy se reúne en el supermercado Nacional de la 27 de febrero con Lincoln.

Antes de entrar en amistad con él me extrañaba que casi todos los sábados alguien de nombradía política fuera y se sentara a su lado a susurrarle cosas durante varios minutos; otras veces hacían un aparte con él. Por allí vi desfilar a jueces, ministros, alcaldes, aspirantes presidenciales,  senadores, diputados. Con él se confesaban muchos que estaban en el poder o quienes pretendían alcanzarlo.

Al paso de los días descubrí los trucos de Orlando Gil para ser un columnista muy bien informado: tenía, y tiene, estrechas relaciones en todos los partidos. Por eso siempre conocía, y conoce, al dedillo los intríngulis políticos. Por eso maneja datos de los conflictos internos de los partidos; por eso lo leen los dirigentes de todas las denominaciones políticas, incluso algunos lo refutan de vez en cuando. Pero sus contactos con el mundo político también son fruto de su involucramiento en la actividad; recuérdese que fue secretario de Jacobo Majluta cuando éste fue presidente del Senado y del PRD.

Al paso de los días empecé a intimar con Orlando Gil y descubrí que es un lector pertinaz, de una voracidad de polilla. Es uno de los primeros dominicanos que empezó a ordenar libros a través de Amazon, lo que siempre le ha permitido estar al tanto de las novedades editoriales del mundo de nuestro idioma. Como Lector de novelas policíacas siente una gran atracción por John Grisham y John le Carre; además de ser admirador del periodista y escritor norteamericano Guy Talasse.

Noctámbulo impenitente, ha recorrido junto a sus amigos los bares de moda de la ciudad, y a pesar de su apariencia de hombre sobrio, cuando está de fiesta hay que hacerle su espacio.  Como gran comensal ha disfrutado de los mejores menús de Santo Domingo: hay que resaltar que es amigo entrañable de George Rodríguez, uno de los dominicanos que más disfruta del mundo de Pantagruel. Le gusta el whisky mayor de edad, esto es, de dieciocho años en adelante, y el vino reserva, aunque tampoco desdeña de un buen vino tinto joven, sea español o californiano. Hombre de  fuerte carácter, tan difícil de entrevistar como lo era D. J. Salinger,  pero con una actitud que a veces roza lo paternal en el trato con los demás; y me consta que tiene dotes de filántropo y eremita. También es amante de los relojes.

Ahora que los dioses duermen y Trinchera de papel

Es usual que los articulistas de larga trayectoria se animen a recoger sus textos en un libro o en varios tomos; en el caso de Ahora que los dioses duermen y Trinchera de papel en estos dos libros, el primero en dos tomos, el autor nos presenta íntegros sus trabajos publicados durante más de cuarenta años de publicaciones en distintos diarios dominicanos. Los textos no han sido modificados, por lo que conservan su esencia primigenia. En palabras de Orlando Gil, en la introducción al primer tomo de Ahora que los dioses duermen: “Ahora que los dioses duermen  no es una recopilación de artículos escritos y publicados por el autor, como podría interpretarse atendiendo al tipo de material periodístico recogido en el libro. La aspiración es más trascendente, o por lo menos intenta un designio superior: el registro de una Era que fue tormentosa, pero crucial en la construcción de la democracia”.

El primer tomo de Ahora que los dioses duermen gira íntegramente alrededor del doctor Joaquín Balaguer, la figura señera en la política dominicana a partir de la caída de la dictadura trujillista y hasta principios de este siglo.

Leer los análisis incluidos en este tomo es volver a vivir, con detalles minuciosos, los trances cotidianos de una época de fuertes contradicciones para la nación. Es volver a sentir la necesidad, las ansias de una población que aspiraba a vivir en libertad, que necesitaba avanzar por el tortuoso camino de la democracia.

A pesar de que Orlando Gil en aquel entonces tenía sus inclinaciones políticas, al leer sus textos comprobamos que siempre manejó sus argumentos lo más cercano posible a la imparcialidad; por eso encontramos críticas recurrentes no solo al poder hegemónico controlado de manera absoluta por Joaquín Balaguer, sino también a la oposición, a la que en muchas ocasiones enrostró sus actuaciones infantiles, faltas de la contundencia necesarias para enfrentar con posibilidades de éxito a un hombre que sabía jugar muy bien sus cartas en el escenario político y social.

En el tomo dos de Ahora que los dioses duermen nos encontramos con las peripecias que enfrentaron a dos de los líderes que junto a Balaguer marcaron el territorio político hasta finales del siglo pasado: Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez. Es imposible entender la política dominicana sin estos dos elementos esenciales; y en este libro encontramos todo lo relevante en torno a su accionar.

En Trinchera de papel Gil recoge sus textos publicados en última hora en los años 1973 y 1974, así como los que escribiera para El Siglo en 1997.

Periodismo literario de altos vuelos

El lenguaje es la herramienta mediante la cual un escritor produce su obra; parecería una obviedad decir esto. Sin embargo, para entrar a ciertos círculos de excelencia es necesario saber utilizar con propiedad este instrumento elemental en el proceso de escritura. Al leer las crónicas de Orlando Gil no solo estamos informándonos de los pormenores de las actividades políticas, sino que también podemos disfrutar de una prosa acabada, llena de matices, de datos, de anécdotas, de sabiduría popular; futo de sus lecturas, en los trabajos de Orlando Gil encontramos los elementos que dan acabado de calidad a un análisis político, que muchas vece no da para mucho. Es así porque es poeta, con varias obras publicadas, entre ellas Epidermis del camino,  Desnudo como el agua, geografía de ternura y Las raíces del viento, que es una antología de sus mejores versos. Sus lectores están a la espera de la publicación de una novela, con la que ha amenazado en varias ocasiones.

Sin temor a equivocarme, pienso que en Orlando Gil tenemos al  verdadero cronista político dominicano de los últimos cuarenta y tantos años, a un testigo privilegiado, a un individuo muy bien informado, que con vocación y disciplina se ha dedicado a fotografiar la realidad política nacional, a dejar plasmado en el tiempo la historia de nuestra cotidianidad más relevante.

Los libros que recogen sus análisis se han constituido en auténticos testimonios de los avatares políticos nuestros; además  de ser una ayuda invaluable para todo aquel que quiera entender el presente, que se construye sobre los cimientos del pasado.

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