Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

El cura asesino y la sextorsión

El sacerdote Elvis Taveras no mató el 4 de agosto al monaguillo de 16 años, Fernelis Carrión Saviñón,  como han dicho. Le había quitado la vida seis años antes, cuando su abuela, creyente de verdad, lo llevó a la iglesia para ponerlo en manos de ese “mediador” de Dios que, en vez de paz, le convirtió la vida en un infierno, a golpe de seducción y violaciones. Los martillazos en la cabeza y el degüello de hace una semana solo fueron el desenlace de una larga desgracia.

Ha alegado el párroco de la iglesia Santa Cecilia, en el sector Hainamosa, municipio Santo Domingo Este, que su monaguillo lo amenazaba con subir a las redes sociales fotografías de la relación sexual entre ellos, si no le entregaba las sumas de dinero que él exigiera. Y que le agredió.

Quizá sea cierta la excusa del cura. Quizá tenga asidero su insinuación de que actuó en defensa propia con la pretensión de  bajar la condena de 30 años que le espera. Quizá el monaguillo era un monstruo. Pero si era un monstruo, lo construyó este capitalismo disparatado que, vía todos sus mecanismos de persuasión  --como los medios de comunicación--,  le inoculó a su cerebro la cursilería y el consumismo como estilo de vida, al mismo tiempo que le prohibió el acceso al empleo digno; lo construyó la ignorancia y la pobreza de la familia; y lo construyó él, eclesiástico perverso, que, a cambio de dulcitos y tenis Jordan, le robó la inocencia… Lo puso al servicio de su pene y sus nalgas.

Que nadie intente, entonces, volver a matar al monaguillo; él era un chico que escudaba su tristeza en el baile y los dientes al sol. No podía ser alegre con esa carga tan pesada.    

CIBERDELITO DE MODA

No es práctica de estos días el amenazar a una persona con publicarle en las redes sociales fotografías sobre arrumacos sexuales y otras acciones comprometedoras. Muchas mujeres viven de eso aquí; ellas provocan las escenas, y las filman sin que el otro lo advierta. Peor: hay madres que usan a sus niñas menores como carnadas ante hombres que suponen con dinero. Luego viene la extorsión. Los celulares son la herramienta usada para capturar  imágenes y subirlas a las redes si no se accede a entregar el dinero. La sextorsión es la profesión de moda. https://www.sextorsion.es/.

Fernelis, el monaguillo del padre Taveras, no llegó a consumar su amenaza. Lo eliminaron de manera atroz antes de que lo hiciera. Sería un delito electrónico, sí; pero también una denuncia estremecedora que sacaría de circulación a su “pareja”. Por eso, su verdugo durante seis años, no contuvo la ira pese a su sólida formación humanística, y le arrancó la vida, y botó el cadáver en un matorral de Bayaguana. El cura ha comenzado a cumplir una coerción de año y medio en la cárcel de Najayo, a la espera de juicio. Está vivo, pero muerto para la sociedad.

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Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.