Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

Bajo fuego, primer año

El presidente Danilo Medina y su gabinete cumplen este 16 de agosto el primer año de instalación del segundo cuatrienio bajo un fuego incesante de alto poder.

La oposición nucleada por necesidad en el coyuntural movimiento Marcha Verde, ha apostado a cerrarles hasta los poros para quitarles el poder. Y ha avanzado en esa dirección, si la asistencia de público a las actividades propagandísticas y las críticas mediáticas representan un malestar general de la población.

Pero eso no implica necesariamente el derrumbe definitivo de los oficialistas de cara a las elecciones de 2020, como algunos opinantes aventureros ya aseguran. Falta un gran trecho; muchas de las “heridas” provocadas, aunque graves, tal vez son  “curables”, si hay reconocimiento de ellas y cambios de actitud.

El Gobierno ha capeado el temporal de los ataques despiadados de la oposición, el silencio irresponsable de muchos de los funcionarios que no defienden a su empleador, pero usan los recursos estatales para lavarse la imagen y construirse candidaturas congresuales y municipales, y al desgaste natural por los cuatro cuatrenios acumulados en el ejercicio del poder (Leonel Fernández: 1996-2000; 2004-2008; 2008-2012. Medina: 2012-2016; 2016-). Mala noticia para los adversarios.

La razón de la sobrevivencia frente al “cañoneo” de los “tanques de guerra” enemigos, no solo está, sin embargo, en su capacidad táctica y estratégica, sino en que los partidos opositores, grandes y emergentes, navegan sin admitirlo en un mar de errores y, por más que lo han intentado, no han logrado la credibilidad suficiente entre los electores como para celebrar victorias, y menos a destiempo.

Hay muchas opiniones negativas respecto del Gobierno; la clase media creció, las demandas también; hay funcionarios irresponsables, la posverdad mediática (mentira) está de moda, y los ayuda. Cierto.

Sin embargo, ello no implicaría actitudes en contra cuando el elector esté solo, en un cubiculo, con la boleta a mano y la urna a tiro de cinco metros. Queda mucho trecho aún y la clase media, aunque importantísima, no es la sociedad completa. Y menos la mayoría de 6.9 millones de personas que, según la Junta Central Electoral, integraron el padrón electoral de las elecciones de 2016.

Los discursos opositores hermosos, excepciones aparte, chocan con sus prácticas. Y esa es una gran debilidad que, de no corregirse, en tres años más, el día D, los dejaría en el mismo lugar donde moran en este momento: en las graderías, rumiando penas y mirando a quienes gobiernen en Palacio.

Muchos de los voceros de la oposición al Gobierno lucen altaneros, triunfalistas, resentidos, despechados y descalificadores de los otros. Tratan el debate como si fuese una guerra personal o familiar, y desde ya se burlan y adelantan encarcelamientos si ganaran los comicios. Lo malo es que sus propios antecedentes y sus prácticas actuales, desmienten sus discursos moralistas. Discursos que restan cuando urge sumar; dividen cuando urge multiplicar.

Así, más allá de Marcha Verde y su reclamo anticorrrupción y anti-impunidad, es muy difícil, si no imposible, que estos partidos se unifiquen en torno a un proyecto de poder, porque todos se creen presidenciables, todos se creen mejores, aunque ninguno como individuo haya podido articular en su vida una fuerza electoral significativa. Son vagos, no trabajan para construir verdaderas opciones de poder. Tampoco empatan con los públicos. Son aspavientos mediáticos.

Con ese boquete abierto y frente un oficialista Partido de la Liberación Dominicana que, pese a los pesares y a las urgencias de revisión, ha exhibido sobrada inteligencia política desde su fundación en  1973, el año 2020 no tiene buenas noticias para la oposición.

El día del “juicio final” ni el olor a pólvora de sus armas mortíferas de ahora se percibirá en el ambiente.

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Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.