Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

El Gobierno y su lección sin aprender

La oposición partidaria y empresarial, conforme su matriz opinativa, ha pretendido instalar en el imaginario popular el sustantivo bocina como equivalente de  persona pagada por el Gobierno para atacar a sus adversarios. Así, todo el que disiente de su discurso, lo descalifica de un tirón. Nadie sirve fuera de ella; en ella mora la perfección, lo inmaculado.

El empaquetamiento o generalización, en obediencia ciega a su estrategia propagandística, no anda del todo mal en tanto fanatiza a los suyos, y de paso, tal vez, los fideliza de cara a las elecciones de mayo 2020.

Pero, al mismo tiempo, resulta una jugada suicida en tanto radicalizaría y distanciaría a grupos sin los cuales sería mucho más difícil, si no imposible, ganar el proceso en cuestión.

El englobamiento es una mentira. Ni todo el mundo es “bocina”, ni todo el mundo es corrupto en el Gobierno. Recaderos hay, como en todos los períodos; mas, en modo alguno representan una cifra significativa para una gestión respaldadada por un partido aún mayoritario como el de la Liberación Dominicana. Corruptos hay, como en todos los ámbitos, pero no son ni por asomo la mayoría.

La nómina estatal pasó hace rato el medio millón; por tanto, las mañas de unos cuantos no son traspolables a ese universo tan amplio. Insinuar siquiera que esta gente es corrupta resulta una aberración imperdonable. Un abuso.

http://www.contraloria.gob.do/Sitecontraloria/Transparencia/index.php/2014-10-10-20-36-19/nominas/category/2017-4.

Los mañosos también pululan en la oposición y en el empresariado, y estos son más impactantes, pues no son de poca monta. Son tan mañosos que “se la buscan en todos los gobiernos”, incluidos los del partido morado oficialista.

A final de cuentas, es mucho mejor encaramarse en la oposición aunque sea en ejercicio de simulación, que asumir una función pública con todas sus implicaciones de escasez de recursos y ataques despiadados.

Muchos de los que se ufanan de pulcros y tipifican de bocinas a todos los opinantes  que disienten de sus argumentos, y de corruptos a cuanto funcionario no le haya resuelto sus asuntos personales, son, en realidad, unos “vivebien” con base en el chantaje y la corrupción enmascarada de legalidad.

Muchos de ellos están inscritos en las nóminas del Estado. Si no ellos directamente, vía sus familiares, o sus amantes, o sus testaferros. O algo peor: son eternos vendedores de “basura” al Estado vía empresitas creadas a la carrera. O cobran cuantiosas sumas de dinero por concepto de publicidad en programas de bajísimo rating. No hay negocio más rentable que oponerse. Y más a los gobiernos del partido fundado por el profesor Bosch, porque la blandenguería ante la extorsión y el chantaje de los externos parece ser su gran debilidad.

Los gobiernos morados han sido abonados con un enjambre de enemigos. Los tiene en sus entrañas, son su gran amenaza, y nada hacen para extirparlos.

Ciertos opositores son beneficiarios del Gobierno, a gran escala, y, al mismo tiempo, los más finos francotiradores contra la imagen de su propio proveedor. Más fácil se van, sin embargo, quienes representan el compromiso con las ejecutorias: los de adentro.

Solo hay que mirar con espíritu crítico las nóminas y las cuentas. Mirarlas sin prejuicios, sin descontextualización. Brotará la verdad que muchos hipócritas ocultan. Están preñados de individuos que, desde la comodidad de algún medio o partido opositor, reniegan del Estado. Pero reacciona para eliminar esas rémoras.

Seguirá, mientras tanto, el trabajo mediático sostenido por estigmatizar con etiquetas como como bocina y corrupto a todo el que asuma sin miedo la gestión, porque tales acciones son parte de un diseño político-empresarial de cara a 2020.

Y ese trabajo tendrá más éxitos si se mantiene la mala costumbre oficialista de creerse impenetrable hasta de las balas más potentes.

Parece que ha servido de poco la experiencia del sambenito “comesolo”, atribuido a los peledeístas por el expresidente Joaquín Balaguer. Una pena.

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Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.