Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

Pedernales, ¿turismo con tránsito caótico?

La agenda de Pedernales está preñada de urgencias que debe de acometer el Gobierno, y solo él, porque esa provincia fronteriza requiere de una intervención  integral de largo aliento en vista de la extensa deuda social acumulada estatal. Más ahora que anuncian la llegada de la panacea: el desarrollo turístico.

Por ejemplo:

Urge una planta de tratamiento de aguas residuales. En ese recodo del territorio dominicano hay pocas corrientes superficiales, pero muchas subterráneas. La infiltración de la capa freática es fuente permanente de enfermedades hídricas porque es el colchón de los desechos sanitarios. El acueducto es deficiente.

Urge un proceso de reconstrucción y remozamiento de la provincia.

Hay que modernizarlo todo. Pedernales parece un pueblo fantasma, en ruinas, congelado en el tiempo. Abandonado. Unos no lo ven porque no les interesa, por irresponsables; otros, porque la desgracia de su pobreza no les da chance.

Urge abrir allá un centro de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Los estudiantes deben viajar 122 kilómetros de carretera demoníaca para llegar al centro de Barahona, si no deciden seguir para la capital. Son muchos los riesgos de choques y vuelcos, y más costosos los estudios universitarios, lo que les empobrece más. La UASD Pedernales impartiría las  licenciaturas y carrera técnicas que demande el turismo.

Urge un pequeño museo, o algo parecido.

Se exhibiría en él muestras de lo que somos como pueblo: la gente, la orografía, flora y fauna, los encantos y las rutas para descubrirlos.

Urge detener ya los apagones. Edesur huele mal en el municipio.

Si de algo se ufanaba un pedernlense, además de sus mariscos, sus playas y su paz, era de la estabilidad en el servicio eléctrico. Hacía muchos años que los apagones no se acercaban por allá, y menos con intensidad. Ahora son otro eslabón de la desconsideración cotidiana, y, para colmo, no terminan de modernizar el sistema de alumbrado público. Hasta los cocuyos iluminan más.  

Urge construir una avenida de entrada y un monumento que identifique esa  comunidad suroestana.

Esa idea funcionará si se concreta lejos del capricho, la egolatría y la politiquería; y cerca del interés colectivo y la profesionalidad. En definitiva, Pedernales necesita una marca-provincia, una identidad.

Urge pavimentar las calles, designar las que carecen de nombres, y señalizarlas.

Como están en este momento, constituyen una evidencia contundente de abandono e irresponsabilidad.

El Gobierno tiene mucha tela que cortar allá, en tierras del pedernal, si su voluntad es mostrar al país una forma de desarrollo turístico menos agresiva para la comunidad.

OTROS QUINIENTOS

Pero no todo ha de llegar de Palacio. Hay problemas puntuales que se pueden resolver con centavos y fuerza de voluntad real. Y el desorden en el tránsito vehicular y sus consecuencias trágicas es uno de ellos.

Los muertos y heridos por esa causa evitable nunca deberían ocurrir; sin embargo, suceden, cada vez más menudo, porque no hay una visión clara sobre el problema; mucho menos una política que oriente los pasos. Los choques y vuelcos con pérdidas de vidas jóvenes resultado de las altas velocidades, han arrancado la paz a los pedernalenses que viven en el municipio. Por el caos, no se sabe cuál será la próxima víctima: el motociclista, el viajero o el transeúnte; el enveciente, el adolescente, el niño, la niña. La zozabra general es una realidad.

Las autoridades locales deberían articular un Observatorio Provincial del Tránsito.

Ninguna iniciativa que margine a los más afectados llegará lejos. Juntas de vecinos, iglesias, asociaciones de estudiantes y de padres y amigos de la escuela, deberían ser integradas a las autoridades para diagnosticar, analizar y buscar solución al problema.

La idea central tiene que ser “tolerancia cero para las altas velocidades”, para lograr “cero muertes y heridos” a causa de los mal llamados accidentes de tránsito. Y que nadie grite que eso es imposible.

Demos un ejemplo al país. Demostremos nuestra capacidad de apoderamiento para resolver problemas sin ataduras mayores con el ombligo estatal. Tal vez esa actitud proactiva también motive al presidente Danilo Medina a instalar su gobierno en Pedernales y no salir de allí hasta convertirlo en “una tacita de oro”, para nosotros y… para el turismo.

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Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.