Reflexiones Meridianas

Pretendo que esta columna sea un espacio para el análisis político social y denuncias. En la misma resaltaremos los valores democráticos y morales, asumiendo un papel crítico ante la degradación moral y la corrupción en todos sus aspectos, dentro de un marco de respeto y objetividad.

"Amagar y no dar, un pellizquito y mandarse a huir"

Los niños de esta era digital en que la inocencia se pierde o esconde en el teclado de un smartphone, una tableta o en el control de un smart tv, chateando o jugando los miles de juegos online de personajes y guerras del futuro, no han tenido ni tendrán la dicha de disfrutar de este y otros inocentes juego que gozamos los de mi generación: El mariscal nunca falta, Matariles-rile-ron, Pan caliente, El pañuelo, Amagar y no dar, entre otros.

No voy a detallar como era este último, con el cual titulo este escrito, pues el nombre lo explica bien claro. Les aseguro que hace no menos de 40 años que no veía a nadie jugar este jueguito ¡Amagar y no dar!, pero en los últimos días a todos nos  ha sorprendido el procurador general de la Republica dando cátedras de cómo se juega y jugándolo el mismo frente a las cámaras para todo el país.

Sin lugar a dudas que la posición en que se encuentra el señor Procurador, es una de las posiciones más difíciles que puede enfrentar un juzgador parcializado pero que quiere guardar las apariencias de imparcialidad e independencia. El procurador general de la Republica, un joven profesional que a mí me resultaba desconocido como abogado o jurista, viene de desempeñar una labor aceptable frente al  Centro de Exportación e Inversión de la Republica Dominicana (CEI-RD). Viendo su hoja de vida veo que este ha cursado tres maestrías en derecho en La Sorbona (París), La Sapienza (Roma) y otra en Derecho Penal de la administración pública en la que se gradúo con honores. Este joven nacido en 1975, que ha sido catedrático universitario por más de 10 años, que conoce varios idiomas, enfrenta en su actual posición lo que sin dudas podría ser en su vida presente y futura la mayor prueba de su temple.

Lo que podría esperarse de este aún joven funcionario, es mucho; si nos encontráramos ante alguien de la madera de Joshua Wong, ese aguerrido y brillante adolescente  de apenas 14 años de edad, quien con valentía, coraje y determinación en el 2014, inició y guió las protestas del pueblo de Hong-Kong contra el gobierno comunista de China en su plan de imponer a la excolonia inglesa la educación nacional, pero lamentablemente las señales que envía el procurador general de la Republica, antes que llevar aliento y esperanza a la población sedienta y hambrienta de justicia, son de frustración y desesperanza.

Recordemos las expresiones pesimistas del arzobispo metropolitano de Santo Domingo expresando su falta de fe en la actuación de la justicia y el Ministerio Público frente a la corrupción y la impunidad, solo hay que escuchar las opiniones escépticas de ciudadanos comunes, empresarios, religiosos y profesionales respecto al mismo tema.

El Ministerio Público en esta fase del proceso investigativo del caso Odebrecht ostenta el papel de “juez de la prueba”. Y el fardo de pruebas es tan denso y pesado que no hay maneras de que se pueda omitir a alguno de los sospechosos sin que el Ministerio Público representado por el procurador quede evidenciado.

Respecto al señor procurador, nadie duda de su compromiso con el Gobierno, es un funcionario de libre elección y designación por el presidente de la Republica (principal involucrado), es un miembro del partido al que pertenece la mayoría de los sospechosos o denunciados en este affaire, lo que lo hace sujeto de lealtad ante su "superior inmediato": el presidente de la República, la lealtad y compromiso con sus socios y compañeros de partido, y cómo no mencionar la lealtad derivada de la amistad que le envuelve con el poderoso “amigo de todos”, “El Ángel de los sobornos”, el más aventajado hijo del Salado de Higüey: Don Ángel Rondón.

Jean Alain Rodríguez, en el estridente sainete que le toca actuar en este momento, es un actor que adopta múltiples poses, cambia de voz y de expresión. Cual Houdini entra y sale del camerino a las tablas con la rapidez de un prestidigitador fuera de serie, presuroso se pone el traje de "procurador enérgico", luego sale con el maquillaje de "procurador cauto y sopesado", en una comparecencia ante la prensa da la apariencia de ser "el más informado", otro día  "le falta mucho por saber".

Como quien baila un pasodoble da un paso adelante: (En tal fecha daremos los nombres de los involucrados), para a seguidas recular, dar otro paso hacia atrás, recostándose de manera errónea en el párrafo del artículo 15 de la Constitución: ( No podemos violentar los derechos de los posibles culpables publicando sus nombres ya que podríamos hacer daño a la investigación), sabe que la ha regado y con su mal simulada torpeza exacerba la indignación de los grupos de presión popular que reclaman el fin de la impunidad, impacienta a la prensa seria y comprometida, desespera, frustra y decepciona y empieza a despertar la ira a empresarios, comerciantes, profesionales y ciudadanos empoderados que demandan transparencia y el fin de la impunidad.

Los procuradores y fiscales de otros países víctimas de los manejos corruptos instigados por esta corporación corrupta y corruptora han avanzado en sus investigaciones, han sometido a la justicia, han publicado listados de sobornados y beneficiarios de este entramado criminal, proporcionando montos recibidos, con detalles de lugares e instituciones bancarias a través de las que se hicieron las transacciones dolosas… Pero en nuestro país nada de eso ha sido posible hasta el momento. Aquella frase de las vacas sagradas rueda por el suelo, al parecer el rebaño sagrado es mayor que el de “Los toros de la Virgen” recolectados en los campos de Higüey para el 21 de enero.

El procurador dio una fecha límite, el reloj sobrepasó la cuenta regresiva, los números del procurador están en saldo negativo, mientras tanto intenta entretener al pueblo con el juego infantil en desuso “Amagar y no dar”. Juega con el tiempo, juega al silencio, juega al cansancio de la población, juega a que se diluyan las pruebas, pero sobre todo, juega el peligroso juego de  la impunidad del caso. Me recuerda otro jueguito. –Mamá, le voy a meter el dedo a la vela.  – ¡No mi hijo que te quemas!

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Sobre el autor

Eugenio Cedeño Areché, casado, padre de 5 hijos, abogado, diplomado en ciencias políticas de FLACSO y Universidad de la Tercera Edad, diplomado en derecho procesal penal de la UASD, exprocurador general de la Corte de Apelación de San Pedro de Macorís, exdiputado por la provincia La Romana, 2002 al 2016. Político a tiempo parcial, duartiano, y peñagomista de corazón.