Sin temor... ni favor


Materia prima deficiente

Muchas veces me he preguntado cuál es la verdadera vocación de nuestro país para su gobierno.

Fuimos descubiertos hace más de 500 años. En realidad fuimos los primeros y donde se supone que la “civilización” o la depredación se entronizó. Los pacíficos cacicazgos fueron sustituidos por un gobernador, y los representantes de los Reyes de España.

Bajo ese régimen supuestamente civilizado, nuestros aborígenes fueron esclavizados y diezmados.  Nuestras tierras, oro, y otros minerales, bosques, maderas preciosas y tantas cosas más fueron arrasados.   Ya nunca más nada fue de ellos.  Los nuevos caciques ya no eran amables como los anteriores casi extinguidos, nos trajeron además de enfermedades desconocidas, lo peor de todo, ambición, crueldad, y desprecio por los seres considerados inferiores que rayaba en la inconsciencia.  La prueba la dio Fray Montesinos.

Llegaron como gavillas hambrientas, y se dedicaron a saquear, robar, matar, abusar, violar.

Cuando se acabaron los indios o quedaban pocos, robaron negros en África de donde llegaron solo un reducido porcentaje ya que lo mayoría moría en el tenebroso viaje.  Aun así, llegaron por miles.  Hoy forman nuestra población de color y gran parte de la de Haití y de otros pueblos.

Penoso ver que todo lo que teníamos fue trocado por estas nuevas formas de comportamiento, supuestamente por leyes reales que se suponía existían para todos, pero era solo para ellos.

Pero lo que si nos marcó para siempre fue esa herencia que ha prosperado y la hemos pasado de padres a hijos en genes enfermos.

Esto no solo ha pasado en Dominicana, sino en casi todos los países latinoamericanos.

Somos los descendientes de aquellos desorbitados, y cada vez más defendemos con uñas y dientes esa herencia infernal, y en el peregrinar de esos más de 500 años, seguimos siendo los mismos, los menos capaces sometidos de los más aptos ladrones, abusadores y saqueadores.  Aquellos que han alimentado y cultivado más sus ambiciones, aunque todos sufrimos de los mismos males, ellos conocen la diferencia.  Aquellos que prefieren regalar al extranjero nuestro oro que la tierra escondió del saqueo por parte del botín, como sucede ahora con las minas de Cotuí y los contratos de Leonel y las Plantas Catalina, y tantos más.

Luce que si nuestro comportamiento no fuera por herencia, tendría que ser por maldición.

Leonel Fernández, uno como tantos hombres de pueblo, cuando llegó al poder en un “cepillo” con promesas engañosas como todos, no solo hizo lo que le dio la gana, mantuvo al pueblo sometido, atrasado, y se enriqueció sin límites, y aunque no quería soltar el poder al final nos dejó a su heredero, y como la historia cuenta, sabía que no podía confiar plenamente en él y lo dejó custodiado por su esposa.  Danilo, con sus mismas mañas, pero ocultas y carita de ñe, ñe, ñe, se ha convertido a los ojos del anterior, en un desgraciado traidor, y aunque aun lo conserva vivo, sin cumplir su palabra y acuerdo repartiendo mucho dinero, se reeligió y lo mantiene al menos a salvo, cuidado, pero con muy poco poder, como rey en desgracia, pero rey al fin, que en cualquier momento podría patearle el trasero.

Luce que el poder desarrolla grandemente nuestros atributos de herencia de los conquistadores.  Este par y no atómico, Gobernaron con parte del pueblo que como siempre se le vendió, como se le vendieron los comprometidos y ricos a su salida a blindarlo, y que no pueda ser tocado hasta la fecha, pero quién sabe si un día la suerte cambia.

Santana, Báez, Lilís, Trujillo, fueron cortados por el mimo patrón, todos en sus comienzos fueron seres predecibles.  Danilo, que llegó al poder y se reeligió con el dinero del erario y de grandes comisiones y ventas de parte de la patria, hoy nos muestra un gobierno similar al de tantos, alejado del pueblo, de la justicia y no se puede librar de ese mote de corrupto que el pueblo le tiene, y cada día más cuestionado, nadie quita que un día tenga que salir huyendo, como lo hizo varias veces Báez, a donde la Odebrecht no lo pueda señalar con el dedo acusador, ni el pueblo le sea fácil alcanzarlo.

Mientras nuestra niñez no sea mejor educada, con verdaderos valores, no llegaremos a ninguna parte para crecer perenemente y liberarnos del ese otro fucú de Colón. 

Monterrey, Méx.* luis@arthur.net * www.luisharthur.blogspot.com *21/V/2017

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Sobre el autor

Vive a horcajadas entre Santo Domingo y Monterrey. Ingeniero electricista del Instituto Tecnológico y Estudios Superiores de esta última ciudad, es un apasionado de la genealogía, tema sobre el cual ha hecho varias investigaciones al alimón. Bloguero y articulista de medios escritos y digitales, se interesa ahora por la medicina alternativa y el biomagnestismo.