Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

Carla: etiqueta sin protocolo

El 25 de junio de 2015,  en Los García de Pedro Brand, provincia Santo Domingo, raptaron a Carla Massiel Cabrera, 10 años, y el 15 de agosto de 2016 las autoridades, guiadas por uno de los acusados, Dawin Trinidad, hallaron sus osamentas sepultadas en unos terrenos abandonados.

Casi dos años después hay una potente resistencia mediática a aceptar la verdad porque contradice sus apuestas: lo de rapto para trasplante de órganos a un médico-empresario con cáncer  --alegato del reo Trinidad-- fue un cuento mediáticamente atractivo. Espumoso. Pura mentira dramatizada para entretener a incautos y saciarles un poco la morbosidad.

Y la otra verdad: la empobrecida niña, como muchas, fue víctima de sus violadores (Dawin Trinidad y Juan Cabral), conforme la acusación del Ministerio Público tras una investigación que incluye: exhumación y análisis patológico en el Instituto de Ciencias Forenses al cadaver del médico señalado (Hipólito Santana) y descensos a la finca que era de su propiedad, cercana a una parcela abandonada donde sepultaron a CM; experticio psiquiátrico al joven acusador, interrogatorios, consultas a testigos del rapto, grabaciones…

http://www.listindiario.com/la-republica/2016/09/08/434405/la-madre-de-carla-encara-a-acusados.

El relato escrito por alguien y escenificado por Trinidad, desde su apresamiento, ha sido, sin embargo, más atractivo para fines de rating, pese al promontorio de evidencias que lo incriminan.

Dice él, en síntesis, que fue contratado por la hija del médico para llevarle a la niña con el objetivo de sacarle los órganos y trasplantárselos a su padre, y que luego ella se la regresó muerta, con una “cicatriz en J”, para que la sepultara, por lo cual recibió 3,600 dólares. Los expertos de prestigio en trasplantes de órganos han rechazado esa posibilidad, pero la ficción se ha impuesto. Es decir, la posverdad (la mentira disfrazada de solidaridad y emociones), ha reinado. La verdad… ¡al carajo!.

Estamos en tiempos del periodismo de etiquetas, cuando poco o nada importa el embarre moral al otro. La actitud de informar con veracidad es lo que menos cuenta. Cuentan mucho la bulla, la arrogancia, la amenaza, el “te hundo” porque “soy intocable”, como si la experiencia en esta profesión se acumulara.

SIN PEDIR PERDÓN

En éste, como en cada vez más casos, ha faltado asumir con carácter imprescindible “una actitud deseosa de información, receptiva y hasta humilde sobre esta información”, como ha señalado el periodista Otto Vargas.

“No se hace ficción”, se lee en la página 16 del Manual Periodístico para la Cobertura Ética de las Emergencias y los Desastres (OPS/OMS). “La persona profesional en comunicación trabaja sobre hechos contundentes y reales; por tanto, cada texto periodístico depende, como ningún otro, del contexto, de determinada ubicación y del momento”, acota.   

Y en la 24, sobre el dolor humano: “Evite entrevistar a quien sufre como consecuencia de haber sido damnificado, perdido un familiar o su vivienda. No reproduzca aquellos detalles innecesarios y además muy íntimos de una situación de ese tipo, Jamás se aproveche de esa situación para obtener información y armar una historia cargada de dramatismo propia de la ansiedad o la histeria que afecta a la víctima”.

Y en la Guía para Comunicadores, del gobierno boliviano, página 13, se destaca:

“Las personas que acaban de pasar por un evento adverso, no comprenden completamente qué ha pasado; están sujetas a las órdenes y dirección de otros y pueden hacer muy poco para ganar control personal sobre situaciones caóticas”.

Con Carla Massiel y su madre Diolanda ha pasado de todo, menos lo éticamente recomendado. Revictimizando a la asesinada y a su progenitora, aprovechándose de su vulnerabilidad, se ha optado por desconocer la verdad, negar la realidad real, sin importar daños colaterales.

Hija y madre están muertas ya porque lo determiron medios y políticos en aras de beneficios particulares. Ella viva, no lo sabe; la ignorancia y su tragedia no se le permiten. La hija muerta, jamás; los muertos no resucitan.

En honor al imperativo de una historia completa, lo menos que deberían hacer es mostrar al país toda la investigación oficial, sin manipulación. Presentarla con la misma fuerza con que publicitaron el sainete.

Pero no, esa sería una forma de aceptar el error, y los dioses no se equivocan.

Comentarios

Comentarios vía Facebook

Los comentarios en 7dias.com.do están sujetos a moderación. No se aceptan los comentarios que:

  • Contengan afirmaciones, enlaces, nombres o sobrenombres insultantes o contrarios a las leyes dominicanas que penalizan la difamación y la injuria.
  • Hagan acusaciones y no aporten datos comprobables.
  • Exalten la violencia o apoyen o insten a la violación de los derechos humanos.
  • Contengan alusiones discriminatorias por razón de la nacionalidad, sexo, edad, religión, opción sexual, militancia política o discapacidad.
  • Ataquen de manera denigrante a otros comentaristas de la misma información.
  • Contengan vulgaridades.
  • Contengan enlaces a espacios publicitarios, pornográficos o spam.
  • Insulten a nuestros periodistas, articulistas y blogueros.
  • Estén escritos con una ortografía que haga presumir que las faltas fueron cometidas de manera intencional.
  • 7dias.com.do se reserva el derecho de no publicar los comentarios que irrespeten estas normas, que son indicativas pero no limitativas. Nuestro deseo es propiciar el intercambio democrático de ideas en un marco de respeto. Las opiniones vertidas en los comentarios no expresan las del periódico.

Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.