Oye País


"Más cara la sal..."

Cercanos susurran al oído del Presidente dar un ‘golpe de efecto’ populista en el discurso del 27 ‘tomando el toro por los cuernos’: expulsar a Odebrecht del país, ordenar meter presos a un grupo, asumir la terminación de las plantas de Punta Catalina y dar una especie de ‘borrón y cuenta nueva’, o sea, ‘voltear la página’ y ‘cambiar el curso de la historia’.

Suena muy bonito, muy decisivo, muy valiente. Pero ojo, las consecuencias de acciones populistas pueden ser más negativas que positivas, a la postre.

Ciertamente el gobierno de Danilo Medina atraviesa un mar tormentoso, un momento difícil por un cúmulo de situaciones que, cual bola de nieve, se ve cada vez más grande y peligrosa, a saber, el escándalo de Odebrecht; el lío de CORDE y los Tres Brazos; la sangre del CEA con el doble asesinato-suicidio de San Pedro de Macorís; presiones, con paros apareados, de médicos y profesores; una delincuencia y violencia callejera que parece imparable.

Para situaciones de conflicto, de tensiones, de toma de decisiones, se requiere cabeza fría, ‘sangre de maco’, como dice la gente. Y es ahí donde se distinguen los estadistas del resto de los políticos, de ‘adentro’ y de ‘afuera’, de opinantes mediáticos y de tertulias, de francotiradores apostados en la variopinta  denominada sociedad civil y hasta de ‘amigos’ del ‘entorno’ y los de ocasión.

El Estado dominicano ha llevado el caso Odebrecht dentro de la prudencia posible, sin excesos, con tacto, ajustado a los lineamientos de la ley. Se ha interrogado, se ha buscado información dentro y fuera del país, se va conformando un expediente que en su momento será expuesto a la luz de la verdad y la realidad, se ha logrado lo que se considera el mejor acuerdo económico-legal que haya realizado país alguno, de las once naciones latinoamericanas involucradas, y por el cual se podrá recibir el monto de lo ilegal confesado, fruto de los sobornos pagados por la constructora brasileña en el continente, y más allá.  

La autoridad judicial norteamericana, donde se encendió la mecha de la bomba Odebrecht, cobró y exhibe en importantes avenidas, aeropuertos y distribuidores de tráfico de Estados Unidos, el logo de la gigante empresa constructora. Brasil, el eje del conflicto que detonó el lío y con sus motivaciones muy particulares, políticas y sociales, cobró y sigue el caso. Otros países de la región tienen motivaciones diferentes, algunas patrioteras, para el rompimiento anunciado, pero también buscando acuerdos de cobro.

En República Dominicana el populacho quiere circo, cabezas de favoritos rodando por la arena del coliseo. Punta Catalina --la única obra en proceso actual de Odebrecht en el país-- está en un 73% de ejecución y es considerada la ‘niña bonita’, la ‘obra cumbre’ de la gestión de ocho años de Danilo Medina. Y por eso la bullanguería quiere tumbarla.

Aceptar ese rompimiento rabioso sugerido al oído, irse por el camino populista, sería un ceder, un colocar la cabeza debajo del filo de la guillotina, en vez de el elevarse como estadista de solución de conflictos, como espera la nación de sus gobernantes. 

Ceder al chantaje, opino, sería por tanto pagar ‘más cara la sal que el chivo’.

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Sobre el autor

Periodista. Fue director del vespertino Ultima Hora (1992-2003), director del diario El Expreso (2001-2003), Corresponsal de The Associated Press (1968-1992), Vicepresidente de la Comisión de Libertad de Prensa y miembro de la Junta de Directores de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) (1994-2003), Director del Semanario Diario@Diario y del periódico electrónico diarioadiario.com, Director de la Agencia de Noticias y Temas Nacionales (ANTENA) (2006-2012), Productor y Conductor de los programas de televisión Diario de la Noche, Diario de la Mañana, Amanece 23 y Oye País.