Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

Danilo y la UASD

El presidente Danilo Medina irá al Congreso el 27 de febrero a su primera rendición de cuentas de este cuatrienio y a la quinta desde que posesionó en Palacio el 16 de agosto de 2012.

Hasta ahora, el capítulo sobre educación superior en sus discursos ante la Asamblea Nacional, no ha presentado puntos luminosos, salvo el otorgamiento de becas, sobre todo internacionales, muchas de las cuales, con algunos ajustes, se podrían resolver en el país con igual o mejor calidad y menor consumo de dólares y euros. Y no estamos para malgastar moneda dura.

En ese contexto, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) ha sido relegada a la penosa categoría de cenicienta. Y eso es inaceptable, como inaceptable era –según la denuncia reciente del mandatario ante la sesión conjunta de los legisladores--, el bochornoso contrato de la Barrick Gold con el Estado. 

CAMINO PEDREGOSO

Desde Joaquín Balaguer (22 años presidente tras el ajusticiamiento de Trujillo), el Estado ha sometido a su universidad a una muerte lenta vía el suministro de recursos a cuenta-gotas, y dejar que sectores externos la ataquen sin piedad. Las razones van desde lo político-ideológico hasta el afán de achicamiento del rol del Estado con el macabro objetivo de presentar la privatización de la educación como la única salvación. Una apuesta fallida del manicomio neoliberal que ha metido al mundo en una crisis económica, social y moral sin precedentes, casi sin reversa.

Cierto que la principal academia pública (220 mil estudiantes, sobre el 50% de la matrícula universitaria del país) también ha permitido sus garrapatas internas. Sujetos económicos y políticos de todos los colores se han instalado allí y siempre la han usado como compra-venta, mientras  patrocinan acciones callejeras para direccionarla conforme sus intereses mercuriales y politiqueros. Ellos le han creado a la institución una lesión precancerosa que urge atención.

Pero eso no es motivo suficiente para sepultarla. La realidad es otra, aunque, ante la sociedad, el problema luzca generalizado a causa de las recurrentes rebatiñas internas.

Con todo y ahogamiento económico; con todo y los chupasangres que se mueven entre las tinieblas que crecen, abundan las fortalezas. Y eso solo pueden negarlo personas preñadas de resentimiento con la institución, o promotores de la privatización, o los carentes de visión y de capacidad investigativa.

La UASD, en realidad, se ha dejado demonizar, por su inercia frente al entorno. Si se mira la cantidad de egresados exitosos, gracias a ella; su caterva de empleados y más o menos 3 mil docentes, la defensa en los medios de comunicación ha sido casi nula, por los siglos de los siglos. Excepto algunos quijotes como el maestro Jesús de la Rosa, nadie pelea por ella. Caso de estudio más profundo. Así, desprotegida, débil, ella es el mejor manjar de los enemigos carroñeros.

Esa situación, sin embargo, no debería ser excusa para que el Gobierno incumpla el deber de proveerle el dinero correspondiente. Porque, mirando más allá de lo fenoménico que sirve tanto al sensacionalismo mediático, resulta incierto que un profesor uasdiano sea un privilegiado, a menos que privilegio signifique: 70 u 80 discentes por aula; o sea, cuatro secciones en una, sin la mínima condición ambiental; seguro médico con dos o tres prestadores concentrados en la capital; si viaja a uno o varios centros regionales, viáticos a precios de los año 70 y sin seguro de riesgos laborales; 40 horas de clases en aula por semana; sin facilidades de tecnología; jubilación incierta. Con los empleados, igual. La mayoría devenga salarios ridículos, aunque algunos gocen de privilegios irritantes dados sus amarres políticos.

Si algún genio de la economía del patio puede dar la fórmula para que esta macro-universidad pueda funcionar en armonía con 7 mil millones de pesos (US$322 MM), que salga al ruedo y lo explique. Porque no hay referente en el mundo.

Entretanto, el Gobierno tiene que dar señales claras de su papel respecto de la UASD, su hija, el destino casi obligado del montón de bachilleres vulnerables de las escuelas públicas donde se invierte a toda velocidad el 4% del Producto Interno Bruto (RD$129,000 MM).

En la UASD se puede “hacer lo que nunca se ha hecho”.

Ojalá que en el Congreso haya anuncios alentadores el Día de la Independencia, comenzando por hacer mejor justicia con la repartición del Presupuesto y la construcción de la Ciudad Universitaria Santo Domingo Este. ¿Qué dice el Presidente? Él sabe cómo, él puede.

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