En esta esquina

El objetivo fundamental de esta columna es convertirse en el primer espacio de la prensa dominicana – y creo del Caribe- especializado en el área del derecho deportivo, aunque en la misma también encontrarán espacio, temas de antropología, actualidad, literatura y sociología de los mass media.

Las vidas desperdiciadas de Zigmunt Bouman (El mundo líquido y sus derechos) 2 de 2

Al profesor Oscar Valdés

Una de las características del mundo líquido es la existencia de problemas regionales o  globales  a los que los estados se le dificulta, en tanto tienen una limitación geográfica, encontrar soluciones. Esto así, pues las soluciones deben ser regionales o globales y en el esquema jurídico actual no encuentran espacio. Un ejemplo son las bandas criminales internacionales a las que los estados nacionales no han encontrado una forma eficaz de hacerles frente.

En el mundo líquido las empresas familiares y colectivas sucumben ante la fortaleza del mall y de las franquicias nacionales e internacionales; los ejércitos privados, como Black Water – que en realidad es un ejército de sicarios – y la desregularización de la guerra , como el caso del Ejército Islámico, Boko Haram son otros de los signos distintivos de este mundo líquido .

Un mundo lleno de refugiados en todos los rincones del planeta , refugiados que al decir de Bouman son “ residuos humanos , incapaces de desempeñar ninguna función de utilidad en el país al que han llegado y en el que pertenecen de manera temporal , y sin ninguna intención ni perspectiva realista de verse asimilados e incorporados al nuevo cuerpo social” .

Esta realidad liquida se hace presente en todos los campos, inclusive en el campo de lo afectivo. De aquí la existencia de relaciones amorosas poco duraderas, de alguna manera desechable: « amor liquido››. Las relaciones, en sentido general, que se establecen entre personas son superficiales y poco duraderas: relaciones liquidas. Ejemplo de estas, los grupos o chats, las relaciones de las redes sociales, las resultantes de los encuentros a ciega  y las de los de los clubes de intercambio de pareja, entre otras. En síntesis, estamos asistiendo a la capitalización de los sentimientos del ser humano.

Otro de los elementos fundamentales de esta era moderna es la existencia del Estado Nación y el estado siempre es la expresión de la voluntad de quienes detentan el poder. Este estado, llega a su punto más alto, en términos de democracia, con la concreción del Estado Social de derecho, cuya promesa básica es la seguridad. Es decir, que en el fondo su gran promesa es la defensa de los ciudadanos d« de bien›› contra los «desadaptados ›› que conforman el ejército de residuales.  Si para ello es necesario suspender o cancelar derechos, no hay problemas, la solución es simpe: pa’lante!

El rol del Estado  es un rol estelar en todo este asunto, pues se encarga de mantener el orden social››. Es decir, de mantener la segregación de seres humanos tildados y asumidos como residuales. Alejados porque son una amenaza.

Las elites económicas, con la intención  de buscar justificación teórica a tal despropósito han hecho suya la tesis malthusianista en cuanto al crecimiento aritmético o escaso de la producción y del gran crecimiento de la población humana. Deja claro Bauman, que la preocupación no es tanto el crecimiento de la población, como lo es el de la población de los países pobres. E s decir, de seres humanos con poco poder adquisitivo, dicho de otro modo, el aumento de los residuos. “En una sociedad de consumidores, se trata  de «de consumidores fallidos ››, personas que carecen del dinero que les permitiría expandir la capacidad  del mercado de consumo, en tanto que crean otra clase de demanda, a la que la industria de consumo orientada al beneficio no puede responder ni puede « colonizar›› de modo rentable. Los consumidores son los principales activos de la sociedad de consumo, los consumidores fallidos son sus más fastidiosos y costosos pasivos”.

Además de esta preocupación por frenar el crecimiento numérico de los residuos, existen  otras con ligazones a la anterior: la de garantizar el mantenimiento de los residuos alejados y en escaso espacio y la de mantener otra lejanía que se expresa en conceptos lingüísticos «Ellos ››. «Ellos›› son los «Los Otros››. Ellos es lejanía, ausencia de vínculos y, además, lleva una alta carga de menosprecio.  «Ellos›› son demasiados, son el problema, la carga que hay que eliminar.

Señala múltiples formas en las que se ha llevado a cabo la disposición de estos residuos sociales. Hace mención del exterminio de los nativos de América; también del caso de la llamada Conquista del Desierto, que es el hecho histórico rediente el cual fueron sacados de su tierra los naturales habitantes La Pampa en Argentina y  toca el caso de los beduinos en el Desierto de Negev en Israel.

Los elementos sociológicos y mediáticos vinculados a los desechos o desperdicios también son estudiados  por este fino pensador al que La Parca inmisericorde besó el 9 de enero pasado. Analiza como siempre se vincula al tema de la inseguridad el elemento de los migrantes, en especial los recién llegados, los que solicitan asilo políticos y los refugiados. 

Se ha llegado al absurdo de obligar estados pobres de garantizar que sus nacionales no emigren a las grandes naciones, como una manera de mantener  en  sus países  esos seres humanos residuales.  En ese sentido hace mención del «Plan Sur›› entre los gobiernos de Méjico y Estados Unidos y – añado- el deseo de construir un fronterizo entre esas dos naciones y cuyo costo habría de ser pagado por los aztecas.

También, para el caso de que esos desechos humanos no puedan ser mantenidos físicamente lejanos del status quo se utiliza la mágica solución provista por el sistema penal: el encarcelamiento. Y una vez encarcelado hay que buscar la forma de mantener ese desecho en ese estado. Por ello en vez de pretender garantizar la reinserción social, se privilegia, una vez en libertad, allanar el camino para el regreso a la cárcel. ¿Cómo se logra? negándole la posibilidad de un trabajo digno, condenas más duras y la política de tolerancia cero  son algunas de esas maneras de lograrlo.

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