Con mis ojos

Mirada a una situación social por la construcción de ciudadanía, el desarrollo institucional y el bienestar general. Respeto extremo al derecho a la intimidad y el buen nombre de las personas. Huye a las rutinas opinativas, a los ruidos mediáticos. Rehúye al sensacionalismo. Consciente de que la asepsia ideológica no existe, promueve el disenso, la crítica constructiva, sin descalificaciones.

Pedernales, ¿quiénes son los responsables?

Esa provincia del extremo suroeste del país, donde nací, crecí y senté las bases de lo poco que hoy soy en la capital, pasó hace años del 60 por ciento de pobreza.  Va como un bólido hacia arriba, sin competencia.

Eso significa que los empleos son como muela de garza --o de gallo--, y los dos o tres existentes pagan salarios miserables; la pesca y la agropecuaria son de subsistencia; la cobertura de educación y salud son como un pantallazo, apenas se enseñan; el servicio de agua es intermitente y, en general, no potable; el 90 de las viviendas, en situación precaria o modesta…

La gente se levanta sin saber qué comerá durante el día. No aguanta, se va. La única empresa próspera es la que fabrica desesperanza a granel, y la de dos o tres políticos, millonarios por sus “emprendimientos”. El entorno es insufrible, pese a la bauxita, la caliza, su mar y la robada Bahía de las Águilas. Imposible seguir viviendo así.           

El más reciente informe (2013) del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, sobre aquella comunidad vecina de Haití, avala ese drama social. http://portal.onu.org.do/sala-prensa/publicaciones/pedernales-perfil-socioeconomico-medio-ambiental/366.

La calamidad, sin embargo, no cayó del cielo. Está en la tierra, es una construcción, y tiene nombres: un Estado irresponsable que ni para allá mira; una larga historia de políticos locales perversos, inhumanos  y demagogos, excepciones aparte (Ruperto Vólquez, Casimiro Castro); caciques que usan la simulación como careta y, con el dinero público, se sienten con tanto poder que hasta pueden perseguir y determinar quiénes son pedernalenses (sus corifeos) y quiénes, forasteros molestosos. ..

Y un pueblo arrodillado por una indigencia atizada por esos mismos señores; adormecido, hasta el extremo de sentirse incapaz de indignarse.

No busquemos causas de esa desgracia por otro lado. Dejemos los discursos plañideros, acartonados, oportunistas y politiqueros. Miremos la práctica histórica de nuestros políticos; no su palabrería y su afán de protagonismo. Y descubramos –si no lo hemos hecho--  su inercia eterna, su irresponsabilidad social y su insaciable afán de lucro en desmedro de los bienes públicos.

Si Pedernales ha marcado números vergonzosos en desarrollo humano, es por ellos. Y por los gobernados indiferentes, mismos que prefieren ser graciosos para ser bendecidos por los caciques, a correr el riesgo de ser excomulgados.

Pedernales es una provincia rica en recursos naturales. No lo será pronto, por el camino que lleva.

La ALCOA exprimió la bauxita, materia prima del aluminio, y pocos reclamaron el porcentaje que le correspondía al pueblo para crear empresas productivas. Dos cosas más, con nombres de empresas, la han re-exprimido sin compasión, y pretenden seguir chupándola hasta debajo de la simbólica carretera que comunica Cabo Rojo con Aceitillar, en la corona de la cordillera Baoruco, muy cerca del sinigual y frío Hoyo de Pelempito. Nadie se ha indignado.

Una empresa extranjera se inventó una cementera a las narices de la playa turística de Cabo Rojo, y usó la caliza a su antojo como humilló al personal. Nadie se ha indignado.

Pedernales, con poco más de 31 mil habitantes, es una provincia rica en recursos naturales, que --cuando han sido explotados--, solo han dejado furnias en las montañas y mucha frustración en la gente. Nadie se ha indignado.

Pedernales, con 2,080 kilómetros cuadrados (4% del territorio nacional) y 15 habitantes por kilómetro cuadrado, tiene dos municipios: el cabecera, con el mismo nombre, y Oviedo; más dos distritos municipales: Juancho y el pueblito del “milagro”: José Francisco Peña Gómez.

Tras la desarticulación de la actividad económica, en los ochenta, esta provincia sufrió un decrecimiento estrepitoso de su población. Pero entre 2002 y 2010 el municipio Peña Gómez la incrementó 2,334 a 9,700 habitantes, para un increíble ritmo de crecimiento de 19.5%  frente al 0.1% de la Región Enriquillo entera. Tal engendro colocó a la provincia entre las de más rápido crecimiento.

En aquel pedacito de tierra no vive Dios, ni nada parecido. Si en la capital de la provincia, la gente vive rumiando su indigencia, allí es peor. Ni Macondo. La única explicación es la táctica de ciertos políticos de trasplantar decenas de personas de otras comarcas para variar resultados electorales a cambio de migajas y vanas promesas. Nadie ha analizado a fondo ese crimen social, pese a que lo refuerzan cada vez más. Nadie se ha indignado.

Si vivieran, se morirían de vergüenza y rabia, viejos y viejas de trabajo que, con sus hijos e hijas, en 1927, llegaron --o fueron llevados--  para fundar ese pueblito fronterizo con el propósito de “definir y afianzar la cultura  y las tradiciones criollas”. Porque “mi pueblo ya no es mi pueblo”, es una vaina cualquiera. 

El presente sombrío que sufre Pedernales, tiene culpables. Y el Gobierno debería de tenerlo muy presente a la hora de mover fondos públicos para proyectos para el desarrollo integral, si no quiere ahondar la desigualdad y enriquecer a los de siempre. Lo acechan, sobándose las manos.

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Sobre el autor

Periodista. Profesor en la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que dirigió durante seis años y donde imparte docencia desde hace veinte años. También ha sido profesor en Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en la Universidad Católica de Santo Domingo.