Desde La Habana


GameOver: los Simpsons en La Habana

El pasado 13 de noviembrela cadena Fox transmitió “Havana Wild Weekend”, segunda incursión de los Simpsons a Cuba después de 1998, entonces jalonadospor la caída del socialismo y sus impactos multilaterales.Pero esta vez, desde luego, el obturador no es ese, sinoel sistema de salud cubanoy sus impactos sociales, temasrecurrentesde un tiempo a esta parte en la cobertura de The New York Times y otros medios del mainstream.El abuelo Abe, que padece de incontinencia,ha tenido problemas con la alfombra de la casa una vez demostrada la inocencia del perro. La familia lo lleva a un hospital para atenderlo, pero el turno demoraría más de 23 años. Una hipérbole ya la vez un mensajealto y claro acerca de un asunto no resuelto en los Estados Unidos, a pesar del Obamacare. Luegolo conducen a uno para veteranos de guerra. Más de lo mismo --o peor. Un amigo del viejo, participante en la invasión de Bahía de Cochinos, le comenta que su problema de salud había sido tratado con éxito por médicos cubanos, y le recomienda viajar a la Isla para resolver el suyo:lo queaquí en los Estados Unidos le costaría 2 000 dólares,allá le saldría soloenseis.

Los Simpsonsse trasladan a La Habana, pero el doctor que lo atiendeno puede hacer nada por Abe: 86 años.Le ofrece una camisa estampadacon cotorras, no sin decirles que se la devuelvantan prontoel viejo se vaya del parque. Pero, alas, el contacto con la Islalo energiza,haciéndole evocar sus mejores años. Conocer a Isabela--una camarera del Hotel Nacional,con la que hay ilusión de sexo en el ambiente--,le lleva a tomar la decisión de quedarse a vivir en el país, algo que la familia por supuesto no aprueba. En el Bar Vista al Golfo o Salón de la Fama,en el propio hotel, Abese encuentra conun norteamericano que desvió un avión en los años 70; entre ambos conciben convertirlo en unclub nocturno mediante una inversión conjunta. Isabela sin embargo no es eso, sino una agente de la CIA cuya misión consiste en seguirle los pasos a los norteamericanos refugiados en la Isla para llevarlos de regreso a los Estados Unidos.Logra despegar el club/avión y aterrizarlo en Miami con los Simpsons, el secuestrador de marras y otros personajes de distinto talaje.Padre e hijo terminan abrazados en un campo de golf de la ciudad.

La anterior es, básicamente, la historia que figura en cierta prensa latinoamericana, con ecos bastante más simplistas en varios blocscubanos de lahora. Sin embargo, una mirada un poco más atenta a esta historietaarrojaría, entre otros,los siguientes problemas:

 

Cuba como escenario frío. La entrada de los Simpsons al territorio nacional no puede ser más sintomática: en el crucero en que viajan, factible por los acuerdos bilaterales, lo primero que se visualizaen la bahía habanera es este letrero: BIENVENIDO A CUBA, EL HAWAI DE RUSIA, mensaje articulado a partir de un humus históricofuertemente arraigado en la cultura norteamericana que se remonta a la Crisis de los Misiles e incluye componentes como la “brigada soviética de combate” de los años 70 y códigos como“subrogante soviético”, “cabeza de playa soviética” y otrosutilizados durante uno de los períodos más álgidos de la confrontación Este-Oeste.Como remate, la contienda electoral recién concluida dejó establecida la condición de bad guys de los rusos. Este inicio lo subraya: siguen ahí, a noventa millas del territorio continental. El país y sus instituciones. Un verdadero vacío. Ni sociales, ni culturales, ni de otra naturaleza. La única que aparece, la Dirección de Inmigración y Extranjería, desempeñafunciones ajenas a su quehacer al informarle a Homer el tipo de viajeros que pueden entrar al país. Unbluff absoluto, toda vez que salir legalmente de la Unión hacia Cuba no depende del gobierno cubano, sino de las doce categorías aprobadas por la administración Obama. (En el episodio del 98, el mismo personajetuvo que llenaruna planilla con dos deseos socialmente prohibidos y un anhelo frustrado de la CIA: a) placer y turismo; b) fumar puros; c) asesinar a Fidel Castro. Marcó las tres casillas.

Mientras la funcionaria de Inmigración se las va enumerando/recordando, por el fondose ve pasar una larga fila de individuos con paquetes de cocaína, armamento pesado…Obviamente, el mensaje denota que en Cuba la seguridad es un chiste, idea esgrimida por sectores políticos que tanto dentro como fuera del Congreso se han venido oponiendo a los vuelos comerciales directos. La Fox no opera en un vacío. Aquí, como con el Pato Donald, no hay cabida ni para la inocencia ni la risa simple.

La carromanía.Naturalmente, los Simpsons no podían permanecer al margen de uno de los mantras más socorridos en la imagen de Cuba, protagonizada por esos automóviles norteamericanos viejos que aparecen profusamente en guías turísticas y medios de difusión masiva.Una imagen que termina tributando a la idea de que es una isla no tocada por la globalización al alcance de la mano.Cuba tiene los carros americanos en perfectas condiciones. Y existe este fenómeno que la gente vive cuando está rodeada por objetos de su juventud, hace que se sientan jóvenes y actúen jóvenes”, declaróa Variety Latino Al Jean,el productor ejecutivo.Eso es lo que experimentaexactamente el viejo Simpson al montar en un almendrón, estimulado por su chofer, una extraña mezcla de empresario, enciclopedista tropical y hustler a la caza de visitantes pudientes: “Oh, my God, I´m home” --exclama mientrasen el siguiente plano se escucha el “Chan Chan” de Buena Vista Social Club, como inscrito en piedra. La Habana, y por extensión Cuba, son solo eso. Un viaje al pasado. Y con una música tan jurásica como auténtica. Visión de los cubanos. Suelen presentarsecomo seres elementales y sin muchasofisticación, aunque sepan hablar inglés, a veces sin demasiado acento. (Una escena en el crucero constituye un exquisito guiño a Ricky Ricardo, el personaje de la serie “I Love Lucy”).Pero el diálogo de los protagonistas con los ciudadanos ordinarioses bastante limitado: apenas pasa del chofer de taxi aludido yde un camarero de un restaurante privado. Estolastra la diversidad cubana, que otros han visto, en términos de ideas y representaciones sobre el país y el mundo. Ahí está el detalle.

El contacto es sobre todo visual: cuatro jugadores de dominó y una mulata con tres pares de tetascaminando por la Plaza Vieja, acaso una alusión ala sexualidad y los cuerposfemeninos localesvistos desde la mirada del Otro.El resto espaisaje. Edificios semiderruidos. Una selva dondese esconde un avión secuestrado. Y espacios turísticos como el Hotel Nacional, escenario de varios momentos claves de la trama.

 

Un crítico inteligente lo ha subrayado: en realidad,estamos en presencia de un compendio de “aguas residuales compuestas porchistes étnicos y estereotipos determinados por el hecho de no tener nada interesante que decir acerca de los personajes, y por la idea de una ´familia norteamericana típica´ interactuando con otras culturas”. Uno de los problemas más complicados en este lado del Estrecho (y también del otro): con el proceso de normalización, las relaciones entre los gobiernos parecen ir por una parte, y las representaciones sociales y culturales por otra. Y no es un hecho de poca monta. De acuerdo con mediciones técnicas, fue el show más visto esa noche de noviembre: 7,3 millones de televidentes. 

Los Simpsons en La Habana no lograron pasar la prueba. Sus creadores llegaron, tocaron y miraron --pero no vieron. “Havana Wild Weekend” podrá formar parte del llamadoCubagasm--es decir, del “orgasmo cubano”--,pero definitivamente no esun guiño sino más bien una mueca, una mascarada buena para concluir como lo hacen esos juegos electrónicos tan populares hoy día: NICE TRY. GAME OVER.

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Sobre el autor

Alfredo Prieto - Escritor, investigador, editor y periodista cubano. Graduado de Lengua y Literaturas Hispánicas, trabajó,entre otras instituciones de reconocida solvencia acadèmica, en el Centro de Estudios sobe América (CEA) como jefe de redacción de Cuadernos de Nuestra América e investigador de su Departamento de América del Norte. Actualmente labora en Ediciones UNIÓN, que publicará próximamente su libro Ensayos para 7 Días.