Desde La Habana


El día después

Los pronósticos, que fallaron estruendosamente, no dieron a Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. Un punto que merece reflexión específica en una cultura donde, hasta ahora, encuestas y estudios sociológicos habían funcionado como oráculos desde que en los años 20-30 comenzaron a implementarse bajo parámetros de cientificidad, marcados a menudopor la lógica del conductismo. Una rápida mirada retrospectiva a estas elecciones arroja que los márgenes y posibilidades de victoria de Hillary Clinton estuvieron por encima de los del magnateneoyorquino, aun cuando empezaron reducirse sensiblemente después de la revelación de nuevosemails en poder del FBI, al final del día un bluf, pero de hecho una intromisión en el proceso político y una de las fuentes del “nerviosismo demócrata” a la entrada de los comicios.Esta es la base del estado de shock con que se levantaron al día siguiente muchos norteamericanos, no necesariamente simpatizantes de Hillary Clinton. Las declaraciones de Trump en el sentido de que las encuestas estaban manipuladas eran decodificadas comouna bravuconada, una internalización una idea clara y distinta: estaba sin dudas llamado a perder.

Pero, ya se sabe,se alzó con la victoria a pesar de su discurso políticamente incorrecto, de su incompetencia para el cargo y de una larga lista de transgresiones desafiando el sentido común de lo político.Los sentimientos de frustración, desencanto y desconcierto son entonces tres datos característicos de la hora aquí en los Estados Unidos. “En verdad no entendemos el país en que vivimos. Pensamos que nuestros ciudadanos no votarían por un candidato tan evidentemente poco calificado”, escribió un articulista delNew York Times. El país está más dividido y polarizado de lo que se pensaba, el principal problemaen los años venideros, la gran herida en el pecho de la Unión. No hay que llamarse a engaño: siguiendo una tradición político-cultural de vieja data, el 46,9% de los norteamericanos no se presentaron en las urnas. Menos de la mitad de los votantes escogieron a Trump, y Hillary Clinton le aventajó en el voto popular por algo más de 20 000 votos.Por eso muchos manifestantes hoy gritan NO ES MI PRESIDENTE en ciudades como Los Ángeles, Kansas, Boston y Chicago demandando la eliminación del colegio electoral.

Por otra parte, este equipo va a entrar a la Casa Blanca con mandarrias y buldóceres. Ayer trascendió el posible gabinete de la administración Trump, que integraríanfiguras tan conspicuas de la ultraderecha como Newt Gingrich, Sarah Palin, Rudoplh Giulianiy Chris Christie. Evidentemente, con un propósito largamente anhelado, casi tan fuerte como una venganza italiana: desmontar el llegado de Obama. Primero la Gran Bestia Negra, el Obamacare, que dio seguro médico a millones de norteamericanos que no lo tenían; después las políticas sobre cambio climático --posiblemente desmantelarán o reducirán al mínimo la Enviromental Protection Agency (EPA)--, y, por último,el tratado nuclear con Irán. Y con el control republicano en la Cámara y el Senado tendrán la vía expedita para colocar en el poder legislativo a un juez de rancio conservadurismo para cubrir la plaza vacante dejada por la muerte de Scalia, en dependencia de lo que pueda hacer en sentido contrario la minoría del otro partido, que es bastante activa y competente. De lograrse, esto significaría--entre otras muchas cosas --que el derecho al aborto estaría en crisis. El representante Jim McGovern, demócrata por Worcester, lo ha puesto en los siguientes términos: “Nunca pensé decir esto, pero ahora mismo siento nostalgia por George W. Bush”.

Una nueva fuerza ciega ha tomado el control del ejecutivo: un populismo nostálgico blanco y de bajo costo que quiere “hacer grandesa los Estados Unidos otra vez”, obturada por el miedo, el cansancio, la misoginia y el nativismo.

La cuestión es qué significa, y cómo se logra.

Ese será el corazón de las principales batallas por venir.

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Sobre el autor

Alfredo Prieto - Escritor, investigador, editor y periodista cubano. Graduado de Lengua y Literaturas Hispánicas, trabajó,entre otras instituciones de reconocida solvencia acadèmica, en el Centro de Estudios sobe América (CEA) como jefe de redacción de Cuadernos de Nuestra América e investigador de su Departamento de América del Norte. Actualmente labora en Ediciones UNIÓN, que publicará próximamente su libro Ensayos para 7 Días.