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Las miras de los empresarios cuando miran a la frontera

Desde hace algunos años las noticias nos traen informaciones sobre las andanzas empresariales por la frontera. Como siempre ocurre cuando del gremio se trata, hablan de generar empleos, llevar la felicidad a los hogares pobres, dejar a tras los atavismos políticos y mirar desprejuiciadamente a Haití. Lo hacen desde un Consejo Económico Binacional Quisqueya y mediante una “Iniciativa de Inversión Privada para la Conformación de una Alianza Público-Privada para el Desarrollo de la Zona Fronteriza”.

El asunto obliga a la suspicacia. De lo que aquí hablamos no es el empresariado pequeño y medio que sostiene la economía fronteriza, sino del gran empresariado, ese gran capital dominicano que actúa en nuestro país con una vocación depredadora total. Su producto neto, el capitalismo dominicano, no es precisamente un espacio de distribución y bien común, sino de aniquilamiento social, fraudes,  corrupción y prebendas. Por eso creer que hay miras superiores cuando miran a Haití o a la frontera es no entender la propia historia dominicana.

La historia del capitalismo dominicano es el uso de Haití como ventaja para maximizar ganancias. Lo hicieron las grandes familias importando fuerza de trabajo haitiana y explotando en condiciones de semi-esclavitud, como hicieron los Vicini durante décadas y siguen haciendo en sus bateyes del este. Tal y como denunciara con valentía admirable el cura Hartley.

Y lo han hecho los creadores de ese nicho de super-explotación que es la zona franca de Codeví a cargo del grupo Capellán. Donde se combinan las ventajas de la parte haitiana (permisividad estatal, fuerza de trabajo abundante y misérrima, ventajas para exportar a EU, etc.) y de la parte dominicana (servicios más seguros, protección y capacidades técnicas). Y desde ese mutuo aprovechamiento obtienen ganancias excepcionales, al mismo tiempo que Ouanaminthe se atiborra de gente aumentando la presión demográfica sobre la frontera.

Un dato curioso: a pesar de que el grupo M ha privatizado una parte de la línea fronteriza –queda dentro de sus instalaciones- no he encontrado acción correctiva alguna desde el Estado Dominicano. Y en particular desde ese huacal institucional que se llama Consejo Nacional de Fronteras, sito en la cancillería con una veintena de empleados que hubieran tenido en un caso como este una oportunidad única de trabajar.

Realmente el pomposo plan de Vicini y Capellán apunta a la explotación de la frontera a partir del aprovechamiento de las ventajas comparativas de ambas partes, incluyendo su pobreza, que determina que buena parte de su gente simplemente aspire a algún trabajo. Si a esto se llama desarrollo, creo que debemos buscar otro nombre para designar esa meta de equidad y prosperidad compartida a que todos tenemos derecho. Incluso la gente olvidada de la frontera.

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