OBSERVATORIO 360

Es un observatorio analítico de los más importantes acontecimientos internacionales en el ámbito económico, geopolítico, social y científico y su incidencia en el plano local, con especial interés en la identificación de políticas públicas creativas, que viabilicen la construcción de una sociedad incluyente en el contexto de un mundo cada vez más interconectado. Promovemos una ciudadanía más informada y empoderada, capaz de exigir el mejor esfuerzo de sus gobernantes.

Del brexit al bregret

No es lo mismo llamar aquello que verlo llegar

En un mundo cada vez más conectado e interdependiente, la élite política y dirigencial de una nación debe ponderar en su justa dimensión, que decisiones tomadas en el ámbito aparentemente local, podrían desatar consecuencias impredecibles, no sólo dentro de los límites de su propia frontera, sino que también son capaces trastocar, la ecuación de equilibrio de poder del cada vez más cambiante orden mundial. Sirva el Reino Unido para obligarnos a reflexionar sobre el impacto de asumir consignas populistas, que en ocasiones no son asumidas por principios, sino de manera oportunista para capitalizarse políticamente en el contexto de una coyuntura meramente electoral. 

En un escenario de competencia electoral, fue donde el primer ministro británico David Cameron, prometió durante su campaña, que en caso de ganar las elecciones parlamentarias del 2015 celebraría, un referéndum para que el pueblo decidiera si su país debía permanecer o salir de la Unión Europea. En su momento fue una jugada táctica que sólo buscaba detener el crecimiento electoral del partido nacionalista de derecha Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) el cual defendía la salida de la zona euro, con Nigel Farage a la cabeza. Cameron, quien fue electo líder del Partido Conservador en 2005 y, posteriormente premier británico en las elecciones generales del 2010, buscaba ser reelecto para un nuevo período de gobierno en 2015, meta alcanzada cuando logró obtener mayoría absoluta en el parlamento con una propuesta de gobierno que incorporaba el compromiso de celebrar dicho referendo. 

Las motivaciones del pueblo británico para pedir un referendo que les diera la posibilidad de abandonar la zona Euro fueron impulsadas por el deseo de reivindicar la soberanía nacional; la necesidad de tener mayor control sobre sus fronteras -agravada por la llegada masiva de inmigrantes y refugiados- y; la consiguiente mayor demanda de servicios de salud, educación y demás prestaciones sociales. En el ámbito institucional se pretendía escapar de la burocracia impuesta desde Bruselas; y de ciertas regulaciones europeas, consideradas excesivas por imponer muchas trabas tanto al desarrollo como a las empresas británicas. Otro detonante es la percepción de que con sus impuestos aportan más de lo que reciben de la caja común. 

Ganadas las elecciones, Cameron decidió cumplir su promesa de campaña y convocar un referéndum que él mismo no deseaba. El 76% de su gabinete, es decir 16 de los 21 miembros estaba a favor de la permanencia, mientras casi la mitad de los parlamentarios de su propio partido apoyaban la idea de abandonar la Unión Europea (UE), con especial protagonismo del diputado Boris Johnson ex alcalde de Londres. Ante estas contradicciones internas el Partido Conservador tomó la decisión de declararse neutral respecto al tema. 

Convocado ya el referéndum y, en un escenario cargado de expectativas e incertidumbre, el 20 de febrero del 2016, los 28 países miembros de la Eurozona, le permitieron a Cameron hacerse lo que algunos denominaron un “traje a la medida”, con el objetivo de evitar el mal mayor del denominado BREXIT y la desintegración del bloque. Tras una maratónica jornada de 40 horas de negociación y votado por unanimidad, el premier británico se alzó con un paquete de concesiones excepcionales, aprobadas para facilitarle la tarea política y mediática de hacer campaña en favor de la permanencia. Este nuevo “status especial” disgustó a varios socios, ya que la dispensa modificaba el contrato social europeo, de que todo ciudadano tendría igualdad de derechos independientemente de su nacionalidad. Bajo las concesiones otorgadas los trabajadores inmigrantes serían discriminados según su pasaporte, violando las normas fundamentales que dieron origen al nacimiento mismo de la Unión Europea. 

Las nuevas condiciones “especiales” entre otros aspectos permitía a los británicos: salvaguardar la City de Londres como centro financiero respecto a las regulaciones europeas y; el establecimiento de límites a las ayudas públicas que podrían solicitar los inmigrantes que llegaran al Reino Unido. Eso era aparte de otras cuestiones sobre seguridad, en las que no deseaban ser discriminados ni marginados respecto al resto de países miembros del club. 

Una encuesta realizada por el Financial Times entre los cien economistas más influyentes, determinó que para ninguno de ellos el BREXIT favorecería el crecimiento económico. Del mundo empresarial, político y financiero sólo emanaba preocupación por el riesgo inminente que traería. Aún así, seguía tomando fuerza la campaña por el BREXIT, cuya palabra es una abreviatura donde se conjugan Britain (Gran Bretaña) y Exit (salida), lo cual significa la salida del Reino Unido de la Unión Europea, al amparo del slogan nacionalista “Recuperemos el control”. 

La cumbre de los países más industrializados, agrupados en el G7 y celebrada en Ise-Shima Japón el 27 de mayo, se vio precisada a opinar sobre un tema que ni siquiera estaba en su agenda "La salida de Reino Unido de la Unión Europea revertirá la tendencia hacia un mejor comercio e inversión globales y, los empleos que esto conlleva, y es un grave riesgo añadido al crecimiento". Advirtieron sobre un empeoramiento en la situación económica global a consecuencia de factores como la debilidad de la demanda, la escalada de conflictos geopolíticos, el terrorismo y los flujos de refugiados. El selecto club de las siete naciones más poderosas del mundo –EEUU, Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón y Reino Unido- declararon la necesidad de “usar todas las herramientas políticas disponibles –monetarias, fiscales y estructurales- de forma individual y colectiva” orientadas a estimular el crecimiento. En línea con lo allí establecido se priorizaría la inversión en proyectos de alta calidad, identificando áreas concretas como el medioambiente, la energía, la economía digital, el desarrollo de recursos humanos, la educación, la ciencia y la tecnología. 

De su parte, suficiente preocupación tenía ya la Reserva Federal de los EEUU (FED) al desacelerarse el ritmo de generación de empleos norteamericano de un promedio de 230,000 mensuales -el último año hasta marzo- a sólo 38,000 en mayo y una media de 116,000 en los últimos tres meses del 2016. Al asomar el nerviosismo en los mercados financieros por la amenaza del BREXIT y la desaceleración de la economía global, la FED no tuvo más alternativa que congelar nueva vez la tasa de interés prevista para modificarse a mediados de junio y, postergar la decisión hasta septiembre, cuando las aguas quizás sean menos turbulentas. 

No valieron los pronunciamientos de líderes políticos mundiales sugiriendo al pueblo británico que desistiera de abandonar la Eurozona. No sirvió la súplica de personalidades como el científico Stephen Hawking quien se manifestó profundamente triste y preocupado por la repercusión que eso tendría para la ciencia. Tampoco impactaron las sorpresivas sugerencias de acérrimos críticos del poder de Bruselas, como el izquierdista y ex ministro griego de Finanzas Yanis Varoufakis, quien afirmó que ese matrimonio disfuncional de Reino Unido con la Unión Europea lo que necesitaba era terapia, no un divorcio, sostuvo que La Unión Europea es como el Hotel California. Puedes hacer el checkout cuando quieras, pero nunca te puedes ir.”También expresó el temor de que este evento podría dejar a Europa a las puertas de una Gran Depresión económica y un oscuro panorama político al estilo de la década de 1930. Respecto al nuevo estatus que tendrían los británicos. Varoufakis aclaró  "Lo que pasa es que seguirán regidos por normativas de la UE en temas laborales, ambientales, de mercados y otros. En efecto, la mayoría de su legislación será determinada por Bruselas, pero si se retiran, los británicos no estarán ahí para tener una opinión o un poder de veto". 

Toda advertencia previa fue inútil, porque con un 72% de participación, el 52% de los votantes optó por el BREXIT, contra un 48% que prefirió permanecer, provocando la impulsiva e inmediata dimisión del primer ministro David Cameron, quien por su actitud recibió duras críticas hasta del ex presidente español Felipe González, quien sentenció que Cameron “Pasará a la historia como el político irresponsable que puso en juego el interés general de Gran Bretaña y de Europa para resolver un problema personal y de partido.” También afirmó que “Incendió la casa para salvar los muebles, y se quedó sin casa y sin muebles”. El menos ofensivo de muchos calificativos lo acusó de temerario por impulsar un referendo para el que nadie estaba preparado y para el que sus promotores nunca tuvieron un plan de acción. Sorprende que el entusiasmo por el BREXIT llevara las urnas al 72% del electorado, versus el 67% que asistió a votar en las elecciones generales del 2015. 

Sorprendido por el triunfo del BREXIT, Cameron, quien apoyaba la permanencia británica en la UE, entendió que no le correspondía enrumbar esa nave a su nuevo puerto, por tanto afirmó "El pueblo británico votó para dejar la Unión Europea y su voluntad debe ser respetada. Pero no creo que sería correcto que yo tratara de ser el capitán que lleve a nuestro país a su próximo destino” “El país necesita un nuevo liderazgo para llevarlo en esa dirección” sentenció. 

La reacción mundial no se hizo esperar, más bien sobrepasó las expectativas. La libra esterlina se desplomó en un 14% respecto al dólar, llegando a su nivel más bajo en 31 años. mientras las bolsas de valores cayeron en todo el mundo. El Banco de Inglaterra anunció estar preparado para inyectar 250,000 millones de libras (312,187 millones de euros) para garantizar el flujo de crédito y el funcionamiento expedito de la economía y cuyo monto los inversores esperan que  suba a 375,000 millones. No conforme, Mark Carney gobernador del Banco de Inglaterra anunció que en la reunión del Comité de Política Monetaria a celebrarse el próximo 14 de julio se realizará una evaluación sobre el resultado del BREXIT, con miras elaborar un paquete de medidas de estímulo y preparar los instrumentos que sean necesarios. Ya el Fondo Monetario Internacional adelantó que la situación podría derivar en un enfriamiento del crecimiento mundial. 

Los inversores ya han empezado a refugiarse en instrumentos de deuda emitidos por gobiernos de distintos países, buscando mayor seguridad en momentos de incertidumbre. Entre éstos se encuentran bonos a 10 años de Estados Unidos, Alemania, Suiza y Reino Unido, cuyos rendimientos, junto a los de Japón y Australia han caído a niveles récords históricos, debido a que por la alta demanda de dichos instrumentos, sus precios están subiendo. A la fecha, la agencia de calificación de riesgo Standard & Poor’s (S&P) le rebajó un escalón a la nota de crédito a largo plazo de la Unión Europea hasta AA.

En el orden político, abrumado por el reto y, ante el tsunami provocado, quien aspiraba suceder a Cameron Boris Johnson, uno de los principales activistas promotores del BREXIT, y que encabezaba las apuestas, abandonó el barco antes de tiempo anunciando que no se presentará a la contienda para elegir un nuevo líder del Partido Conservador. Sólo declaró que daría su apoyo al próximo gobierno para que pueda negociar la salida de la Unión. Con esto se abrió paso a las candidaturas de Theresa May, ministra del Interior y Michael Gove, ministro de Justicia a quien Johnson decidió apoyar.

Los dos principales partidos del sistema, Laborista y Conservador están entrampados en luchas internas por el poder. Nadie previó un plan claro ni una carta de ruta sobre cómo salir de la Unión Europea una vez aprobado el BREXIT. Los euroescépticos promotores no parecen estar en capacidad de dar la cara y capitalizar el “triunfo” de su aventurada apuesta. El país está embargado por una confusa sensación de arrepentimiento. El propio Cameron decidió dejar que venga un sucesor a aplicar el Artículo 50 que regula la salida de un país miembro.

Los analistas ahora pasan balance de las mentiras contadas por los euroescépticos durante la campaña y, hasta quienes las dijeron hoy se retractan. Nigel Farage admite que fue un error denunciar que 350 millones de libras esterlinas eran enviadas semanalmente a la UE, sosteniendo que las mismas se podrían invertir en salud. Hubo promesas de cuestionable aplicación. Daniel Hannan (eurodiputado) ahora se retracta alegando que la salida no reduciría significativamente la inmigración. No era cierto que el BREXIT podría cerrar de plano las puertas a la inmigración y deportar a los indeseables extranjeros de dudosa reputación y comportamiento. No era cierto que Turquía (en lista de espera desde 1963) ya fuera casi miembro del club. Tampoco Serbia, Montenegro, Albania y Macedonia estaban a la puerta de entrada al mismo, como le hicieron creer al pueblo asustado por un éxodo de potenciales inmigrantes. “Nuestras promesas en realidad era una serie de posibilidades” dijo Ian Duncan Smith, antiguo líder del Partido Conservador que también promovió el Brexit. 

Era mentira que sin pagar sus aportes, los británicos podrían recibir unilateralmente los fondos de ayuda europeos para áreas fundamentales como la ciencia, agricultura, pesca y educación. Nadie previó que en un contexto de crisis económica el gobierno tendría que reformular las prioridades tanto de gasto como inversión, implicando a su vez la postergación y hasta clausura de muchos proyectos. Se prometió bajar impuestos instaurados desde Bruselas, incluido el 5% de IVA a la energía de los hogares, como otros a los carburantes. Olvidaron que con menos ayuda europea el gobierno británico podría subir impuestos para hacer frente a sus viejos y nuevos compromisos. 

Tras el papelazo de las mentiras contadas, vino la dimisión menos esperada; la del gran propulsor del BREXIT y líder del UKIP Nigel Farage. Quien paradójicamente debió estar celebrando la victoria lograda, repentinamente anunciaba “Quiero volver a tener mi vida, y empieza ahora”. Fue un líder antieuropeo que sustentó su carrera política y popularidad al amparo de la xenofobia, al que también se le tildó de incongruente, por estar casado con una inmigrante alemana. De Farage puede recordarse un afiche de campaña donde mostraba una enorme fila de inmigrantes -casi todos sirios- los cuales huían de la guerra mientras atravesaban el campo. El afiche llevaba el slogan “Punto de quiebre” y fue utilizado justo antes del asesinato de la parlamentaria laborista Jo Cox. Tras una ola de críticas por ser considerado “racista” y “homofóbico” tuvo que ser retirado.

A consecuencia del BREXIT, en la sociedad británica la incertidumbre se impone entre lo que algunos llaman la alegría de los vencedores; la tristeza e indignación de los derrotados y la perplejidad de los arrepentidos. Cuatro décadas invertidas en negociaciones y tratados para aprender a caminar juntos, para que de un arranque democrático la UE y RU ahora sigan caminos separados, pero sin brújula en mano. No pasaban las 24 horas, cuando más de tres millones de firmas reclaman la oportunidad de considerar el #REGREXIT, es decir, un segundo referendo para decidir y validar legalmente la permanencia. Sólo se necesitaba pasar el umbral de 100,000 firmas para que la iniciativa popular pudiera ser considerada por el poder legislativo. Lo harán? Está por verse aunque algunos creen que no ocurrirá. El #REGREXIT y #BREGRET se convirtieron en tendencia en las redes sociales por parte de ciudadanos en shock deseosos de mostrar su arrepentimiento y ante la inquietud de la prensa por retroalimentarse. 

Jurg Steiner de la Universidad de Berna (Suiza) experto en política deliberativa opinó que los referendos no siempre son una buena forma de tomar decisiones y que “la democracia no funciona si todo el poder es para el pueblo” porque decisiones tomadas mediante este mecanismo, muchas veces violan  derechos constitucionales y al propio derecho internacional. 

Ahora bien. Quiénes decidieron este caos? Adultos mayores en el ocaso de su vida productiva tomaron la decisión sobre el futuro de los más jóvenes. Encadenaron los pies de una generación, cuya movilidad le permitía vivir y trabajar libremente en 27 países. Indignados y consternados por la pesadilla algunos expresaron “El futuro de este país ha sido decidido por quienes no estarán aquí para vivir con las consecuencias. Qué desastre” (Extraído por la BBC de Londres de la cuenta de Twitter de @ThomasAmor1). En resumidas cuentas los jóvenes querían permanecer, pero los mayores les entregaron el boleto de ida. Entre 18-24 años de edad el 75% deseaba quedarse (Remain); entre 25-49 años lo deseaba el 56%; entre 50-64 el 44% y mayores de 65 años sólo el 39%, según datos de la encuesta YouGov realizada por el gobierno británico. Las redes sociales se convirtieron en el muro de los lamentos de una generación cosmopolita, acostumbrada a moverse sin barreras y en plena libertad y, que no quería ser recordada como “La generación del BREXIT”. 

Entre los daños colaterales vemos que, a nivel interno resurge el fantasma independentista de Escocia a Irlanda del Norte. A nivel regional, los partidos de extrema derecha europea reclaman igual derecho de celebrar consultas para que sus ciudadanos también decidan si desean salir de la Unión Europea. En Francia, Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional (FN); en Alemania el partido populista de derecha Alternativa para Alemania (AfD) advirtió a Bruselas. En Holanda lo hizo Geert Wilders del partido de extrema derecha antimusulmán PVV. En Italia Matteo Salvini el euro parlamentario y líder de la ultraderechista Liga Norte. Mientras en Polonia Jaroslaw Kaczynski líder del partido Ley y Justicia plantea la necesidad de otorgar mayor soberanía a los Estados miembros a través de un nuevo tratado regional. A su vez el presidente polaco Andrzej Duda pidió a los líderes europeos “preservar la unidad y la cohesión y, evitar un efecto dominó”. 

A la hora de buscar culpables la responsabilidad recae sobre muchos. Los laboristas no hicieron un gran esfuerzo para convencer a su electorado del peligro del BREXIT, ni de promover un voto contrario con la efectividad que se habría esperado. 

Respecto a Cameron y su debilidad de dejarse inducir por Niegel Farage uno se pregunta. Valió la pena hacerle el juego a un partido que sólo sacó el 13% de los votos del electorado, y que una vez llegado el BREXIT su líder y promotor se escapó del escenario político? Definitivamente Cameron se dejó provocar, despertando en su propio país el viejo fantasma del separatismo y, despertando en la ultraderecha europea la inquietud por levantar los muros del nacionalismo y el proteccionismo. Sin duda alguna, esto conllevará cambios y una revisión al concepto de soberanía de los Estados miembros de la Unión Europea. Los efectos colaterales sobre el resto del mundo aún están por verse y los seguiremos abordando más adelante.

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Sobre el autor

Economista, PhDc. Master en Estudios Internacionales de la Universidad de Chile (Graduada con Distinción Máxima). Ex-embajadora especialista en negociaciones internacionales, comercio exterior y competitividad. En lo personal veo la política como un mecanismo para transformar y un instrumento para servir. Sobre mi visión: el mundo es tan pequeño como un simple tablero de ajedrez, pero tan complejo y maravilloso como la creación misma.