Solo una idea

Un espacio para abogar por la justicia social y la libertad en esta patria: la humanidad

¿Qué se va con el Cardenal?

La sociedad dominicana, casi en su totalidad, ha de andar festejando la partida del Cardenal López Rodríguez.

Los que soñamos con una sociedad más justa, equitativa y libre de prejuicios, porque el Cardenal ha sido justamente lo opuesto a esta configuración de un país mejor. Los que apoyan nuestra deprimente situación actual, porque el Cardenal ha sido tan grosero, arrogante y abusador, que ha dejado de ser una buena ficha para el propio sistema. El Cardenal es, sencillamente, impresentable.

El Cardenal tiene a su haber un récord moral criminal solo comparable al que muestra Vincho Castillo. No ha existido una causa negativa en esta media isla que no gozara de su apoyo. Y con saña atacó a todo el arcoiris LGTB, a las mujeres, a los inmigrantes, a los médicos partidarios del aborto, a los curas decentes socialmente comprometidos, a los luchadores sociales… Les llamó -con un lenguaje prosaico-  salvajes, presuntuosos, carniceros e hijos del diablo, anarquizantes, según el caso. Pero abrigó, con instinto de cofradía, al enviado del Vaticano que saciaba sus miserables instintos sexuales con los niños pobres que vagan por nuestras calles. Y santificó cada uno de los actos retrógrados que nos han colocado, como nación, en el peor lugar imaginable.

No es difícil conjeturar a cuantas personas hirió el Cardenal con sus diatribas. A cuantas hizo la vida más difícil. A cuantas les estropeó la vida definitivamente. Y por eso es un criminal moral.

Un viejo bolero recomienda a los amantes de la vida no detenerse a mirar las ramas muertas del rosal que se marchitan sin dar flor. Hay que hacerlo ahora, pues eso, una rama muerta y sin flor, es el Cardenal en su retiro. En poco tiempo no lo recordaremos, sino para reírnos de sus truculencias medievales y observar como la sociedad va cambiando, hacia una noción más pluralista y tolerante producto de las luchas sociales, justo en la dirección opuesta a como el Cardenal había imaginado el mundo.

Lo que sí es importante seguir mirando es hacia el entramado conservador y reaccionario que sirvió de sostén al Cardenal. Ese entramado persiste. Es el entramado de los grandes empresarios insensibles y depredadores y de los políticos corruptos e irresponsables que gobiernan al país tal y como los hateros del siglo XVIII manejaban sus haciendas. Y un listado interminable que incluye militares, policías, intelectuales genuflexos, periodistas amarillos, jerarquías eclesiásticas y una clase media consumista que ha optado por deponer los principios a la puerta del Mall.

Es ese el entramado que organizará homenajes al Cardenal en retirada, pero suspirará aliviado. Es el entramado que debe ser cambiado. Y que cambiarán los movimientos y luchas sociales que marcan el escenario dominicano. Un entramado que se desmorona poco a poco, cada vez que el movimiento LGTB desfila por el malecón, que los jóvenes de reconocidos desafían al corrupto poder judicial o que las cadenas humanas frente al palacio recuerdan al mundo que hay vergüenza en el país.

Comentarios

Comentarios vía Facebook

Los comentarios en 7dias.com.do están sujetos a moderación. No se aceptan los comentarios que:

  • Contengan afirmaciones, enlaces, nombres o sobrenombres insultantes o contrarios a las leyes dominicanas que penalizan la difamación y la injuria.
  • Hagan acusaciones y no aporten datos comprobables.
  • Exalten la violencia o apoyen o insten a la violación de los derechos humanos.
  • Contengan alusiones discriminatorias por razón de la nacionalidad, sexo, edad, religión, opción sexual, militancia política o discapacidad.
  • Ataquen de manera denigrante a otros comentaristas de la misma información.
  • Contengan vulgaridades.
  • Contengan enlaces a espacios publicitarios, pornográficos o spam.
  • Insulten a nuestros periodistas, articulistas y blogueros.
  • Estén escritos con una ortografía que haga presumir que las faltas fueron cometidas de manera intencional.
  • 7dias.com.do se reserva el derecho de no publicar los comentarios que irrespeten estas normas, que son indicativas pero no limitativas. Nuestro deseo es propiciar el intercambio democrático de ideas en un marco de respeto. Las opiniones vertidas en los comentarios no expresan las del periódico.