Desde La Habana


Vámonos pa´ Cuba (I)

Uno de los resultados de la relación histórica entre los Estados Unidos y Cuba fue la existencia de toda una infraestructura para el movimiento de mercancías y personas, historia que puede rastrearse en el tiempo y que alcanzó su punto más alto durante los años 40-50 del pasado siglo, correspondientemente con el proceso de creciente norteamericanización que tenía lugar en la Isla. Un sistema de ferries, en funcionamiento desde los años 20, conectaba a la capital con distintos puntos de la Unión a través de Key West --de allí también venían yumas con automóviles último modelo, como todavía lo recuerdan los más viejos. El acelerado desarrollo de la aviación redundó en una conexión rápida y eficientísima. En fecha tan temprana como 1920 la Havana American Steampship inauguró vuelos diarios Miami-Habana en los que no solo montaban hombres de negocios, sino también turistas en ambas direcciones. Del lado norteamericano, fueron conocidos con una etiqueta programática propia de la Prohibición (Ley Seca): “Highball Express”. Veinte años después, en 1940, la Pan American Airlines, que había inaugurado sus operaciones en 1927 con un vuelo Key West-Habana, llegó brindar un servicio de unos 28 viajes al día a un costo unos 45 dólares el boleto de ida y vuelta. Un decenio más tarde, en 1950, habían desembarcado 194 000 viajeros del Norte; y siete años más tarde, en 1957, ya alcanzaban los 356 000, procedentes de todas las clases y grupos sociales, en consonancia con un momento en que el turismo se había democratizado aún más al bajar los precios del transporte y alojamiento debido a cambios en la economía y a estrategias específicas de mercadeo y competencia.

  La aviación se utilizó para la llegada a los Estados Unidos de la migración de los primeros años de la Revolución, pero en 1962, al calor de la Crisis de Octubre, los vuelos fueron suspendidos no sin antes haber transportado a unas 230 000 personas con especificidades bien definidas en términos de composición racial-familiar, lugar en la estructura social  y datos etáreos. En 1965 se restauraron los vuelos Miami-Habana en lo que se conoce como los “vuelos de la libertad” o airlift (y de este lado, “el puente aéreo”), actuante hasta 1973, en que fue suspendido por ambos gobiernos. Por esa vía llegaron a territorio norteamericano unos 260 000 cubanos. Se trataba, obviamente, de viajes en una sola dirección, toda vez que el diferendo bilateral y las regulaciones del embargo/bloqueo implicaron una ruptura de los vínculos en todos los terrenos. Cinco años después, en 1978, a falta de una conexión directa, los participantes en el llamado “diálogo con figuras representativas de la comunidad cubana en el exterior” tuvieron que trasladarse a Cuba por la vía de Jamaica --una de las empleadas entonces para emigrar a los Estados Unidos--, pero este patrón cambiaría al inaugurarse las entradas masivas de cubanos y cubano-americanos a la Isla por un tiempo determinado a partir de las regulaciones migratorias nacionales, ajustadas al efecto. La expresión “vino de visita” apareció entonces en el lenguaje cotidiano para designar no a individuos que vivían en el interior del país, sino en distintos lugares de los Estados Unidos, Europa y América Latina. Las “visitas de la comunidad” constituyeron la primera laja de la reconexión en vivo y en directo entre las dos orillas al cabo de casi veinte años de separación; se estima que en 1979 vinieron a la Isla alrededor de 100 000 “mariposas” procedentes del Norte.

  Al calor del conflicto centroamericano y de su obsesión con “la amenaza soviético-cubana” y las apelaciones a “ir a la fuente”, la administración Reagan endureció la política, comenzando por limitar los viajes a la Isla --que habían sido liberados por Carter-- a diplomáticos, periodistas y académicos bajo el ala de la Ley de Comercio con el Enemigo (Trading with the Enemy Act). Esto ocurrió en 1982. Más tarde, implementando una de las recomendaciones del Informe de Santa Fe, y con el concurso de la Fundación Nacional Cubano-Americana, creada en 1981, puso a funcionar la emisora “Radio Martí” (1985), hecho que el gobierno cubano respondió con la suspensión de las visitas de los cubano-americanos y de los acuerdos migratorios alcanzados un año antes. `

Como respuesta a la crisis de los balseros (1994) y del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, la administración Clinton prohibió los vuelos directos y las visitas familiares, excepto en casos humanitarios extremos autorizados debidamente por la Office of Foreign Assets Control (OFAC). Pero después  (1998) los restauró como parte de su política de people-to-people. Este fue un primer track, acompañado por la autorización de envío de dinero, pero limitando la cantidad a  1 200 dólares anuales por núcleo familiar. El otro consistió en la expansión de contactos personales entre ciudadanos de ambas naciones en términos de intercambios académicos, religiosos y deportivos, así como la promesa de hacer más fácil y expedito el otorgamiento de visados a los ciudadanos cubanos, algo que, por cierto, estuvo lejos de cumplirse a cabalidad.

  Se produjo aquí, además, una movida novedosa al aprobarse vuelos directos a Cuba desde las ciudades de New York y Los Ángeles, lo cual rompía el monopolio de Miami. El resultado del cambio no se hizo esperar: de acuerdo con estimados, en 1999 habían visitado Cuba alrededor de 140 000 personas procedentes de los Estados Unidos. Proyecciones del US-Cuba Trade Council, una institución no partidista con sede en New York, situaban en 160 000 la cantidad de viajeros que habían venido a la Isla en el año 2000. Y según estadísticas del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, una cantidad similar había viajado legalmente en 2002, año en que la cifra de viajeros ilegales se estimaba entre 22 000 y 25 000. Ambas categorías hacían un aproximado de entre 182 00 y 185 000 visitantes anuales.

  Pero la administración Bush se movió en una tesitura bien distinta. A partir del verano de 2004 las categorías familiares autorizadas a viajar a Cuba fueron limitadas de manera drástica, al restringirse a “miembros de la familia inmediata de la persona” --padre, madre, esposa-esposo-hijos, abuelos, nietos--, lo cual, según se señaló en su momento, ignoraba el sentido de familia actuante en la cultura cubana a ambos lados del Estrecho. Bush además limitó los viajes autorizados a uno cada tres años, acción dirigida especialmente contra el sector más fresco de la migración. Esto implicó una sensible caída de los vuelos y la consiguiente afectación tanto a los negocios como al movimiento de pasajeros y las relaciones interpersonales directas.

  Visto en perspectiva, el rasgo distintivo de la política de Obama no fue desde el principio tanto lo nuevo, sino más bien el reciclaje de cursos actuantes desde la época de Clinton, aunque eventualmente los llevó más lejos --por ejemplo, en el área de las telecomunicaciones y los teléfonos celulares. A esto le llamaron entonces “Clinton plus”. A escasos meses de asumir el ejecutivo, y en el contexto de la Cumbre de las Américas (2009), se anunció la ampliación de los viajes a Cuba a varias categorías familiares (hasta la tercera línea de parentesco) y cambios en la política sobre las remesas.

  Por otro lado, Obama retomó las conversaciones migratorias bilaterales, suspendidas de manera unilateral por la administración previa, con el propósito de garantizar una migración legal, segura y ordenada, un problema de seguridad para ambos Estados. Y dio otro paso más: el inicio de conversaciones para restaurar los servicios de correo directo entre ambos países, interrumpidos en 1963. En cuanto al envío de paquetes, incorporó otra movida: podían contener no solo alimentos y medicinas, sino también cámaras digitales, computadoras personales, aparatos de televisión y de radio, siempre que no los recibieran, como en el caso de las remesas, funcionarios del Partido o del Gobierno.

  El sentido más sugerente de estas medidas es que constituían un golpe al exilio histórico y un gesto en sintonía con amplias zonas del enclave, en particular con los moderados y la nueva migración cubana. De acuerdo con un sondeo de Florida International University (FIU) de diciembre de 2008, el 66% de los encuestados en Miami-Dade se habían mostrado favorables a los viajes, una evidencia de que el tradicionalismo y las posiciones duras --no viajar ni mandar dinero por un peculiar sentido de militancia anticastrista-- iban cediendo terreno a percepciones y actitudes distintas. (El dato fue especialmente significativo entre las personas de entre 18 y 44 años de edad: el 71% se declaró favorable a suprimir las restricciones de viaje, mientras que el 70% se pronunció por el envío de remesas familiares). Durante el primer trimestre de 2009 se estimaba que unos 30 000 pasajeros habían viajado a Cuba, y en el segundo, 55 000. Unos 290 000 cubano-americanos visitaron la Isla al cerrar el año.

 

continuará…

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Sobre el autor

Alfredo Prieto - Escritor, investigador, editor y periodista cubano. Graduado de Lengua y Literaturas Hispánicas, trabajó,entre otras instituciones de reconocida solvencia acadèmica, en el Centro de Estudios sobe América (CEA) como jefe de redacción de Cuadernos de Nuestra América e investigador de su Departamento de América del Norte. Actualmente labora en Ediciones UNIÓN, que publicará próximamente su libro Ensayos para 7 Días.