Solo una idea

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Miguel Mejía y la lumpen-izquierda dominicana

Los ministros dominicanos cuestan mucho. Recordando aquello que decía el poeta Machado de que solo un necio confunde valor con precio, diría que eso no quiere decir que valgan mucho. Hasta diría que casi nunca valen mucho: son -siempre con sus excepciones- incapaces, haraganes, corruptos y mal educados. Genuinos burgueses/gentilhombres.

Y ese precio tan alto -salarios, gastos de representación, autos, prestaciones, empleos para los familiares y clientes- se hace más insoportable cuando lo contrastamos con todas las carencias que sufren las mayorías de nuestro país, donde la depauperación social es el signo cotidiano.

En eso es en lo primero que uno piensa cuando ve en la televisión a Miguel Mejía, una de las peores resacas de la izquierda dominicana, pavoneándose por las capitales del mundo como Ministro para la Integración. Un personaje extraído de lo más bajo de la picaresca política dominicana que se ha ganado una posición de esa naturaleza cabildeando contactos con los gobiernos de izquierda, donde se incluyen, entre otros, Cuba y Corea del Norte. Y por ello, este personaje que probablemente no tenga un título universitario reconocido, ha estado percibiendo por 11 años, según el Diario Libre, la bicoca de 250 mil pesos.

Mejía es un analfabeto político, pero posee la astucia del marginal para moverse en el espectro público, haciendo favores, cobrando otros, y hacerse necesario allí donde no hay mucho que hacer, pero algo que figurar. Y siempre alineándose con el gobierno y los poderes fácticos en temas como la homofobia -pidió la expulsión de Brewster al que calificó de “una bofetada a la patria dominicana”- y la xenofobia antihaitiana cuando el TC produjo la deplorable sentencia contra los dominicanos de ascendencia haitiana

Y entre estos espacios, se ha hecho un tipo relevante en las relaciones con el gobierno dictatorial cubano.

Recientemente, amparado por un panel notablemente aquiescente de Telemicro, dedicó sus exabruptos mañaneros a negar que en Cuba hubiese represión, ni presos políticos. Y a disminuir el rol de la oposición cubana, a la que llamó imprudente e irresponsable por producir “conatos de disturbios” durante la visita de Obama. Siempre manifestando una adhesión absoluta al gobierno cubano, que con seguridad cobrará en algún momento como parte de sus trasiegos de favores.

Por supuesto que es una lástima que un ministro dominicano se dedique a tales menesteres públicos, pues estaba allí como ministro y no como jefe de ese mini-artificio clientelar llamado MIU. Es lamentable que una persona de estas características sea llevada a un programa de televisión a informar a la opinión pública dominicana de temas que tergiversa aviesamente. Y es, sobre todo, una infamia que una persona de tan baja estatura moral difame a personas opositoras cubanas que, no importa cuántas discrepancias podamos tener con ellos, desafían la represión y exponen sus integridades físicas por sus ideas. Cosas que, ciertamente, nunca hizo Miguel Mejía desde aquellos tiempos en que portaba un discurso radical acompañado de su leal tercia de ron.

Como parte de sus contactos con el gobierno cubano, Mejía ha designado como Coordinador Técnico de una denominada Comisión de Integración a Eliades Acosta, una de las figuras más connotadas en la represión contra los intelectuales críticos en Cuba y artífice de varios actos represivos en eventos internacionales, como ocurrió en la Feria del Libro de Guadalajara. Defenestrado en Cuba por su pobre desempeño funcionarial, Acosta no encontró mejor opción que radicarse en República Dominicana donde el Archivo General de la Nación lo arropó y lo puso a hilvanar algunos relatos históricos sobre la lucha contra la dictadura de Trujillo. Desde aquí, desde sus picoteos en FUNGLODE, y al calor de la embajada cubana, Acosta fue haciendo una relación estrecha con Mejía.

Ahora este personaje aparece como funcionario del estado dominicano en un área que desconoce -de relaciones internacionales solo tiene a su haber algunos folletines antimperialistas sin valor teórico alguno- y fiel escudero de Miguel Mejía quien, con toda seguridad, hace con esto otro favor al gobierno cubano.

¿Cuanto le pagan a Miguel Mejía, a Eliades Acosta y a toda la corte que empieza a aglomerarse en ese ministerio inútil que duplica funciones? ¿Cuanto nos cuesta la infecunda carrera política de gente como Miguel Mejía?

No pregunto, obviamente, quien les paga. Les paga la sociedad dominicana, la misma que carece de servicios elementales, cuyos niños mueren en los hospitales, cuyos maestros ganan salarios de miseria, y cuyas mujeres son super-explotadas en las extensas zonas francas por salarios miserables.

Les pagamos nosotros.

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