Mirando la Economía

Un espacio para tratar los problemas surgidos de la interactuación entre economía y sociedad, en especial los dominicanos.

Los cambios a través de la muerte

Quisiera que la vida fuera y viniera como la pensaba en mis años juveniles. Entonces, cada fallecimiento de un cercano a la familia o vecino, era en mi imaginación infantil, un acontecimiento lleno de espectaculares imaginaciones, mas producto de la leyenda cristiana, que  de alguna certidumbre de los faros que ese camino encendía.

Ayer, sin  algún prejuicio filosófico, me tocó asistir al velatorio de Magaly Pineda.

Coooño.

Varios años esperando ese hecho.

 Pero fue ayer, sin discusión.

Muchos conocíamos los sufrimientos de ellas en 12 años de torturas, sus dolencias, desesperaciones, sin más cuentos. Ella sufría y cada sufrimiento alejaba a muchos que no entendíamos,  por qué sufría.

 Muchos menos que fuera Magaly. En mi caso, recordando durante años a un rostro con la frescura que vi en su propio cadáver. Era  ella, sin dudas, aunque fuese un cadáver.

La mujer osada y atrevida, la que penetraba por cualquier rendija de la vida de su interlocutor. Era ella, la misma Magaly.

Sin embargo, su muerte abre nuevos desafíos en la a responsabilidad del pensamiento dominicano, pero –sobretodo, y es mi llamado de atención con un toque de cornetas- la muerte de Magaly abre una nueva forma de velatorios y entierros distintos a los tradicionales.

Aceptada la muerte como posibilidad y como realidad, con Magaly hay un cambio en los velatorios. Quizás lo iniciaron Hamlet, Silvio, etc. Quizás otros, pero con Magaly hay una transformación social en entender la muerte y su “culto”.

No era empresaria, no repartió dádivas ni hizo política para que la eligieran para algo. Sin embargo,  siempre fue Magaly.

Y su velatorio, como  Magaly, no es un asalto. Es una manifestación espontánea. Mujeres con flores en guardia permanente. Una mujer querida y su entierro un acto público y popular. Una mujer pública que no ha sido robada como cadáver y llevada a l velatorio privado y exclusivo.

No me sorprendió abrazar a Fafa y a su hija en el pasillo, ni hacer lo mismo con las tías o amigas de Magaly. El cadáver era ya dominio de nadie, de lo que ella creó: una muchedumbre satisfecha de su aporte en defensa de la mujer.

Y mujeres eran todas. O casi todas.

Hasta en este momento ella sigue aportando.

Hay velatorios y entierros del pueblo, su pueblo. El velatorio de Magaly marca una pauta, la de no secuestrar al muerto popular.

Lamento  no poder gritar,

¡Viva Magaly!

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Sobre el autor

Doctor en Economía de la Humboldt-Universität zu Berlin. Sus estudios universitarios los realizó en la Universidad de La Habana. Ha sido docente y funcionario en universidades dominicanas, consultor de empresas y organizaciones privadas, y fue vicegobernador del Banco Central. Ha publicado libros, monografías y decenas de artículos en medios del país y del extranjero.