Para todos

Bolívar Rondón: Esta columna tiene la intención de tratar temas variados, de actualidad, sin dejar de echar una mirada al pasado, siempre con sentido crítico, ético, objetivo y a la vez, presentando viables soluciones a lo planteado.

¿A qué institución le corresponde velar por la plaza de la bandera?

Esto, pudieran estar preguntándose las cien banderas de tamaño regular que en dos bloques de veinticinco cada uno, en el lado Este, e igual número en el Oeste, resguardan la plaza que lleva su nombre. De igual manera, la de tamaño aumentado, con el propósito de que todos la admiren, colocada en el centro, sostenida y ondeando en lo alto del majestuoso y denominado arco del triunfo.

De ser entes orgánicos, provistas del sentido de la vista, estarían observando con sonrojo como el entorno en donde están ubicadas desdice de la motivación primaria del porqué están allí. A pesar de ello, aunque tristes han de continuar ondeando, soportando el azote de fuertes vientos, y la inclemencia del sol y la lluvia que destiñen sus vistosos colores.

Se preguntarán y sentirán lo mismo, sendos Ángeles, gigantescos, colocados en los costados Sur y Norte, del arco, como alegoría de la Gloria y el Honor nacional. De igual manera, la escultura de la mujer, que representa a la madre patria, en el centro del arco, mientras acoge en su regazo al soldado que ofrendó su vida para crearla y sustentarla.

Parece mentira que la referida plaza, después de años de abandono total tras su construcción e inauguración en el año 1978, con el nombre de plaza de la Independencia, y más tarde en 1997, renombrada como plaza de la bandera, y del soldado desconocido, y que fuera remozada a un costo de cuarenta millones de pesos, hace apenas cuatro años, nueva vez presente signos de abandono.

Es importante hacer mención que la referida plaza fue el centro de atención universal en el año 1979, cuando el papa Juan Pablo ll, ofició allí una multitudinaria misa.

En la actualidad, es podada la hierba de la periferia. Sin embargo, es ignorada por los encargados de su mantenimiento, la que brota en las uniones de los bloques de mármol en el piso, y en grado sumo pueden verse las enormes manchas negruzcas en los escalones y en casi la totalidad de la superficie de la gloriosa estructura debido a la falta de aseo.

Que alegre, suponemos, se sentiría la patria, representada por nuestra bandera tricolor colocada en gran número en tan digno monumento, si lo asearan periódicamente. Aseo, que bien pudiera ser facilitado por un equipo mecánico de esos que vemos en los supermercados y grandes plazas comerciales, que riega el piso con agua clara y detergente y luego recoge las impurezas dejándolo limpio y reluciente, y es operada por una sola persona.

Y ya recuperada su dignidad, los sábados y domingos al caer la tarde en vez de estar solitaria y triste, debieran vestirla de fiesta con un programa bien estructurado y promocionado, con jóvenes talentosos dominicanos que realizan sus mejores esfuerzos para engrandecer la patria, superándose al estudiar en las escuelas de artes en sus distintas denominaciones, estatales y privadas, y desde allí, utilizando este escenario puedan exhibir las mejores galas de sus virtudes ante la mirada complacida del público asistente.

Sería en extremo satisfactorio y beneficioso para la familia dominicana poder disfrutar de obras de teatro relativas a la independencia, muestras pictóricas, y conciertos. Y por qué no: La presentación en fechas escogidas, de la orquesta sinfónica juvenil, el coro nacional, y de universidades, y la excelsa orquesta sinfónica nacional.

Para lograr el éxito de lo esbozado, en un trabajo conjunto del Ministerio de Cultura, Efemérides Patrias, Instituto Duartiano, Patrimonio Cultural, y por supuesto la mano amiga e imprescindible del gobierno central, y como manera de dar participación a todos los sectores, a aquellos que asistan en vehículos de motor ofrecerles las facilidades de estacionamiento en la sede del Ministerio de Defensa, ubicada a su costado Sur.

Para las personas que no disfruten de este bien o que prefieran no acudir en sus vehículos, ofrecerles el servicio de transporte estatal, gratuito, con horarios de salida y llegada en lugares de acogida preestablecidos.
De no realizar lo que sugerimos, u otras ideas que pudieran surgir de nacionalistas de mentes brillantes, más juiciosas, y preclaras que la nuestra, en donde, utilizando este baluarte nacional como punto de reunión para de algún modo sembrar el sentimiento de patria, no deberemos asombrarnos de que jóvenes no reconozcan, o propalen improperios en contra de los fundadores de la República.

O que extranjeros continúen mancillando la bandera y lo que ella representa al utilizarla como cortina de acceso a letrinas, o como recipiente para recoger frutas, y de parte de dominicanos, en el más creativo de los casos, al utilizarla como capa de súper héroe, mientras el agresor exhibe sus glúteos.

En los casos mencionados, a los infractores, las autoridades los han castigado con severas medidas correctivas, merecidas por demás, aunque no hemos reflexionado ni tomado en cuenta, que a pesar de la gravedad de los hechos cometidos, y por el cual fueron sancionados, son jóvenes a los que no les hemos predicado ni siquiera con el ejemplo de velar por un monumento en donde se exhibe la bandera que con tanto rigor les pedimos a ellos, que no mancillen.

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