Perlas y margaritas

En este espacio comparto palabras relacionadas con temas que considero esenciales, de primera importancia para mí y la sociedad.

Danilo Medina: una candidatura del Estado

Hablar del uso de los recursos públicos en la campaña del presidente-candidato Danilo Medina es reducir el debate y asumir una posición indulgente con las prácticas proselitistas del Gobierno.

En la actual campaña electoral Medina y su equipo usarán, posiblemente, mucho menos recursos públicos que los invertidos en la etapa anterior de preparación y avituallamiento.

Antes de abrir el “mercado de compra y venta de votos” para la reelección, el Presidente utilizó los recursos del Estado como un gran rodillo que fortaleció y afinó su estructura dentro de las filas del PLD.

La pela que dio Danilo al leonelato en la lucha por el Comité Central no fue el fruto del carisma de su equipo, ni del suyo. Si en el 2014 el equipo del mandatario se alzó con 25 de los 37 nuevos miembros del Comité Central se debió, en gran medida, al intercambio de posiciones públicas por lealtades y a un despliegue de dinero que hizo confundir el evento interno en unas elecciones nacionales. En semanas los danilistas con acceso a presupuestos institucionales se convirtieron en líderes imbatibles.

Lo mismo ocurrió en el Comité Político, donde Danilo colocó a su hermana, a funcionarios sin ninguna trayectoria partidaria especial y hasta a su asistente personal, Carlitos Pared Pérez. Ni asomo de guardar las formas.

Luego de usar el Estado para apoderarse de la mayoría de la estructura interna del PLD, el país comenzó a ver cómo cuadros-funcionarios de Danilo lanzaban precandidaturas multimillonarias en diferentes provincias controladas por actores aún leales al leonelato. Así, de repente el ministro de Industria y Comercio, José del Castillo Saviñón, apareció como un flamante precandidato a senador por Barahona, con un despliegue publicitario que arropó a todo el Sur del país. En Dajabón, Olgo Fernández, director del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDHRI) hizo lo propio, poniendo contra la pared a la senadora leonelista Sonia Mateo, obligada luego a decir “firmé” donde dijo “firme”.

Lo de Santiago es de antología. Solo la competencia entre los precandidatos-funcionarios de Danilo Medina arropó toda la Ciudad Corazón con propaganda y anuncios de radio y televisión. El derroche de Monchy Rodríguez (director de los Comedores Económicos), Fernando Rosa Rosa (director del Fondo Patrimonial de las Empresas Reformadas) y la gobernadora Aura Toribio fue tan grande que un tribunal tuvo que ordenar el desmonte de la inmensa cantidad de afiches y vallas que contaminaban y aún contaminan a la segunda ciudad de República Dominicana. A modo de ejemplo recordemos este video que muestra la manera en que el director del FONPER llevó su campaña a las escuelas públicas del primer nivel, abusando de la inocencia de los niños y niñas de Santiago: https://www.youtube.com/watch?v=J6qBgm8Og2o&feature=youtu.be

¿Cómo estos y otros cuadros-funcionarios de Danilo Medina en dos días pasaron de ser técnicos “desabríos” a grandes líderes de proyección nacional? ¿Carisma? ¿Magia? ¿Fondos públicos?

Ya fortalecidas sus estructuras dentro del PLD, Medina y su gente pasaron a la reforma constitucional necesaria para el proyecto de reelección. El mejor y más concreto indicador que tenemos hasta el momento del uso del dinero y los recursos del Estado en este proceso lo aporta el ministro danilista Tony Isa Conde, responsable de la cartera de Energía y Minas. En su libro de memorias el funcionario y empresario explica que todo el proceso para aprobar la reforma a la Constitución del 2015 fue un burdo trámite de “compra y venta de votos”, en donde el presidente Danilo Medina demostró una vez más que, más allá de la propaganda palaciega y saltacharquezca, sus formas son tan modernas como las de Pedro Santana, que manejaba el Estado a la manera de su hato ganadero, o las de Horacio Vásquez y Juan Isidro Jiménez, que veían el Gobierno como una extensión de sus casas comerciales, de su propiedad privada.

Frente a tantas evidencias que nunca serán reconocidas por la Junta Central Electoral (JCE) ni por el Tribunal Superior Electoral (TSE) las fuerzas de oposición, la sociedad civil, los medios y los actores que no tienen la palabra condicionada por la chequera de Palacio harían bien llevando el debate sobre el uso de los recursos públicos en campaña más allá de la denuncia coyuntural. Resulta necesario definir si deben aceptarse o no los resultados de una competencia electoral en la que el Estado es candidato y cogió gabela.

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