Desde La Habana


Novia que espera

En 1994, el año de la crisis de los balseros, cuando se produjo en la Isla la estampida de unas 35 000 personas, en su mayoría menores de 35 años, en los Estados Unidos se publican tres libros sobre Cuba, curiosamente escritos por tres mujeres, hecho que no ha vuelto a repetirse, por lo menos hasta donde yo conozco: The Cuban Revolution. Origins, Course and Legacy, de Marifeli Pérez-Stable; Back to the Future: Cuba under Castro, de Susan Eckstein, y The Problem of Democracy in Cuba, Between Vision and Reality, de Carollee Bengelsdorf. 

Se trata de libros muy distintos entre sí, pero que responden a la lógica de incursionar /discutir las dinámicas internas locales siguiendo una de las dos grandes líneas entonces hegemónicas en los Estudios Cubanos –la otra es la política exterior— y que desafían de alguna manera la presunción de que el régimen cubano caería como resultado del efecto dominó, según lo había popularizado dos años antes Castro´s Final Hour, un Premio Pulitzer de Periodismo de Andrés Oppenheimer. The Problem of Democracy in Cuba es resultado de integración, experiencia, investigación y madurez. Su autora, ex profesora de Hampshire College, llega a ello al cabo de una larga relación con Cuba y su cultura, que se remonta a los años 60 y se ha mantenido sin interrupciones de entonces a hoy.

Se trata, sin dudas, de un libro de lucidez teórica. En sus tres primeros capítulos, dedicados a la relación entre socialismo y democracia, la Bengelsforf emprende una discusión de alto valor cognoscitivo en la que echa mano a lo más valioso del legado marxista, sin exclusiones ni sectarismos. Marx, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Gramsci, Atlhusser, Poulatnzas y otros clásicos desfilan por sus páginas tributando la interrogante central, incluso en sus contraposiciones internas: ¿es compatible el socialismo con la democracia? Y si lo es, ¿cómo entenderla? ¿Cuáles son sus componentes, sus rasgos distintivos? Son preguntas que no se colocan en el libro por mero espíritu de erudición u ostentación. Están ahí con un propósito muy definido: poder examinar lo que constituye su problema central, es decir, en qué medida el nuevo poder revolucionario cubano, instalado en 1959, lidió con ese legado.

    Y también allí aborda un proceso de singular importancia: como parte de su herejía inicial, los cubanos quisieron emprender la construcción simultánea del socialismo y el comunismo, experimento que terminaría en un completo fracaso. Bautizaron a 1969 como el Año del Esfuerzo Decisivo, etiqueta denotativa del idealismo voluntarista de aquellos años. La Zafra de los Diez Millones, llamada a dar el gran salto hacia adelante, fue otro de los capítulos frustrados de esa época (las causas e implicaciones de ese fracaso constituyen, por cierto, uno de los mejores momentos del libro) y lo que marcaría el fin de la heterodoxia y la orientación hacia el bloque soviético, del que se copiaron algunas cosas y otras no.

En otros de los capítulos, su autora incursiona en el Proceso de Rectificación. Otro golpe de timón, un viraje que tiene lugar entre 1985 y 1991, caracterizado por los elementos que el libro muy bien subraya, es decir, por una vuelta al nacionalismo inicial, el intento de volver al pensamiento económico del Che Guevara --obnubilado durante la etapa anterior--y por trascender las políticas sectarias y excluyentes de la alteridad aplicadas durante la institucionalización, en especial contra escritores y artistas, y por incluir a los creyentes dentro de las estructuras sociales y políticas. Duró poco: hasta que los mapas cambiaron de color.

A mediados de los años 90, después de haber sufrido un drástico proceso de desconexión de los mecanismos de enganche con la URSS y el CAME, con dramáticas repercusiones en la calidad de vida de los ciudadanos, en Cuba sobrevino una época de crisis y cambio, dos palabras que definen un proceso. El período Especial. El poder no tuvo más opción que idear un conjunto de estrategias dirigidas a capear el impacto interno y externo vía el turismo y la inversión extranjera.

     En esa época también “mercado” se convirtió en una palabra presente en la realidad y la vida cotidianas después de un largo rechazo desde la política. Se produjo la ampliación de las categorías del trabajo por cuenta propia en el área de los servicios a la población, una fuente de empleo para un importante número de personas. Aparecieron cafeterías privadas y vendedores de alimentos ligeros que prácticamente se habían esfumado del mapa desde la Ofensiva Revolucionaria de 1968, que Carol estudia con una lucidez digna de alabanza en el capítulo 5. Esto marcó otro cambio, toda vez que a partir de ese momento el Estado no fue ya más el único empleador. También surgieron restaurantes familiares, conocidos popularmente como paladares, y personas rentando uno o varios cuartos de sus casas para los clientes --extranjeros con preferencia, pero no limitados a estos últimos. Y, con ellos, brotó otra palabra nueva: impuestos, hasta el día de hoy limitados a los cuentapropistas. Después de haber sido abolidos en 1986, se autorizaron los mercados campesinos, popularmente conocidos como “los agros”, cuyos precios están regulados por la relación oferta demanda. Los frijoles, se dijo entonces, eran más importantes que los cañones.

     Las inequidades se visibilizaron en escenario nacional como nunca antes después de 1959. El país se abrió mucho más al exterior como resultado de los nuevos patrones migratorios --la llamada diáspora cubana--, que introduce no solo una nueva dinámica económica por la vía de las remesas (aprobadas en después de la legalización y tenencia de divisas en 1993, y ampliadas por la nuevas disposiciones de la administración Obama), sino también comporta la entrada de remesas culturales que alteran de varias maneras la noción de lo nacional e incluso inciden sensiblemente sobre la conformación de nuevos grupos identitarios. También aparecen nuevas estrategias de sobrevivencia como la de que uno o varios miembros del núcleo decidan emigrar para sostener con sus envíos al resto de la familia, como lo documenta el filme Video de familia (2000), del realizador Humberto Padrón (la globalización no es un hecho ajeno a la Isla, como parecen sugerir fuertemente imágenes circulantes en el exterior, sobre todo desde que Wenders decidió viajar a Cuba para filmar su Buena Vista Social Club).

Escribo todo esto para subrayar una idea de la mayor importancia: la función de las ciencias sociales, si son verdaderas, no consiste solo en estudiar la factualidad, sino en anticipar tendencias y posibles desarrollos hacia el futuro. Esos cambios de los 90 que la Bengelsforf discute como con un bisturí en la mano, más los implementados después con la llamada “actualización del modelo cubano”, trajeron a la escena dos de los problemas centrales de la Cuba de hoy: la resistencia al cambio de la burocracia y la corrupción. Ambos fenómenos fueron visualizados, pronosticados, advertidos por The Problem of Democracy in Cuba en un momento donde no estaban exactamente a la luz del día.

Por estas razones y otras --entre ellas sus estudios e investigaciones sobre las mujeres cubanas, otro de los platos fuertes de la autora--, el libro ocupa, por derecho propio, un lugar distintivo en los estudios sobre Cuba, dentro o fuera. Dentro de la comunidad académica de la Isla sus hallazgos sobre el sistema político, los órganos de gobierno y la democracia son compartidos por unos y criticados por otros, en dependencia del lugar del espectro donde uno se ubique. Lo que sucede, dice un refrán cubano, conviene: al final del día, el único lujo que no puede darse un libro es la indiferencia.

José Lezama Lima escribió una vez: “no es el blanco lo que importa, sino la flecha. The Problem of  Democracy in Cuba es, a la vez, sin la menor duda, flecha y blanco. En sus más de veinte años de publicado, sus postulados, críticas y conclusiones tienen absoluta vigencia.

Su edición en español es como una novia que espera.

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Sobre el autor

Alfredo Prieto - Escritor, investigador, editor y periodista cubano. Graduado de Lengua y Literaturas Hispánicas, trabajó,entre otras instituciones de reconocida solvencia acadèmica, en el Centro de Estudios sobe América (CEA) como jefe de redacción de Cuadernos de Nuestra América e investigador de su Departamento de América del Norte. Actualmente labora en Ediciones UNIÓN, que publicará próximamente su libro Ensayos para 7 Días.