Perlas y margaritas

En este espacio comparto palabras relacionadas con temas que considero esenciales, de primera importancia para mí y la sociedad.

Cinco limitaciones del relato Danilo Medina

Desde su primer día de gobierno, Danilo Medina deslumbró a gran parte de República Dominicana.  Su práctica y su comunicación gubernamental continuaron el relato de la campaña, un relato centrado en la gente y en políticas públicas para hacer justicia social: eliminación del analfabetismo, renegociación del contrato con la Barrick Gold, construcción de escuelas por doquier, estancias infantiles, atención del campo, flexibilización del crédito a sectores productivos, entre otras.

Temprano, cualquier ojo bien abierto pudo advertir que las visitas sorpresas eran una campaña política extendida, la propaganda de un presidente-gobierno “cercano, frugal y de amor al prójimo”, que se levantaba sin tropiezos sobre el cadáver de un leonelato presentado de forma indirecta como corrupto, ineficiente y entreguista.  La comparación con Leonel y su hundimiento fue el globo utilizado por el danilismo para alzarse triunfante sobre toda la inmundicia que connotaban y aún connotan las siglas del Partido de la Liberación Dominicana.

El tropel del danilismo avanzó en medio de la ruptura anunciada del PRD y de las luchas internas que le precedieron.

Para colmo, y aunque parezca increíble, el discurso y las formas del Danilo-presidente se colocaron en la parte del espectro ideológico que corresponde a la centro-izquierda, mientras la oposición insistía en edulcorarse, en hacerse más potable al sistema y en abrazarse a la denuncia de la corrupción, dejando a un lado y a disposición del audaz Presidente el abordaje de la histórica deuda social de este pueblo desamparado.

Inteligente y laborioso, en este favorable mapa de poder Danilo avanzó todo lo que pudo hasta colocarse en una posición ventajosa para reformar la Constitución y presentarse nuevamente a elecciones. Pero su proyecto ya tocó techo. Su discurso, su relato llegó a donde iba. Las siguientes son al menos 5 limitaciones que el mito Danilo Medina difícilmente podrá superar.

El bulto se desinfla

El gobierno de Danilo Medina se ha caracterizado por prometer grandes cambios en las condiciones de vida de la mayoría de los dominicanos y dominicanas. Pero no ha aplicado ninguna política que toque las estructuras económicas, institucionales y sociales responsables de la desigualdad, la exclusión y el desorden. Nadie cree en sus números de reducción de la pobreza, mucho menos cuando por un lado critica los salarios de miseria y por otro va al Comité Nacional de Salarios a votar porque se mantengan salarios relativamente más bajos que los de la década de los 70. Ya no convence la altisonancia contra Haití porque el Gobierno ha sido incapaz de cumplir su propio plan de regularización. El cuento de mejorar la seguridad ciudadana sin enfrentar las mafias de la Policía y las Fuerzas Armadas está viejo y no entretiene. Aquello de ser transparente, pulcro y eficaz sin hacer nada contra la corrupción que se roba los fondos del 4% es incomprensible.  En lo adelante solo queda disonancia, diferencia entre lo que la maquinaria estatal dice y lo que la gente realmente ve y  vive.

El discurso Danilo no tiene militantes

El danilismo como corriente de pensamiento o de práctica política no existe en el PLD ni en República Dominicana. A lo sumo existe un puñado de cuadros y amigos de confianza del Presidente que se avergüenzan de las formas del leonelato, aunque disfruten sus fondos. Pero en realidad el Gobierno está repleto de vividores que nada tienen que ver con las políticas públicas que se discursean. Es tal la desvinculación que si no se les deja devorar parte del Estado con toda libertad ni siquiera se suman a la campaña. De cara a las próximas elecciones, la colocación de los danilistas en posiciones electorales de ventaja en Santiago, Dajabón, Barahona, San Juan o la provincia Santo Domingo, para poner algunos ejemplos, ha sido a base de las mismas prácticas presupuestarias de siempre. Si no, pregúntenle al Hombre Mochila de Fernando Rosa o a los comedores de Monchy en Santiago. Ahí no hay nada de frugalidad ni amor al prójimo. Clientelismo puro y duro, aplicado hasta a niños y niñas de nivel básico.

Al gobierno lo acosan desde el PLD

El principal enemigo del Gobierno está en su propio partido. Si el leonelato quiere volver a ser opción de poder debe trabajar todos los días para que fracase Danilo Medina. Está obligado a contribuir a que el relato se caiga junto a sus principales figuras. El vinchismo, como aliado de Leonel, parece la vanguardia de esta lucha y de vez en cuando salen figuras jurásicas tipo Franklin Almeyda a respaldarlos desde dentro, citando la cantidad de fracturas que tiene el cuerpo morado y el mismo Gobierno. Cada descuido de Danilo es una oportunidad de golpe para el leonelato, que se desvela por volver a dirigir el Palacio.

Vendió el alma

Para poder ser presidente Danilo Medina hizo lo que hizo Fausto con Mefistófeles: vendió el alma. Pero en el caso criollo el comprador fue el empresariado. Los compromisos del Presidente con el gran empresariado de República Dominicana hacen que sea imposible un cambio profundo en su gestión. Esa clase empresarial “insaciable”, que, según acaba de decir el mandatario en una reunión en Santiago “mientras más tiene más quiere” no ha sido tocada, ni será tocada, porque sin su respaldo el Gobierno se desplomaría en una semana. Danilo habla para los pobres. Pero gobierna para los ricos. Por algo entre los principales voceros de la gestión danilista figuran empresarios vestidos de políticos.

Flancos abiertos

Es tan superficial, tan poco estructural la ventaja del relato Danilo que ha tenido que abrazarse a elementos que lo contradicen en todas sus partes para poder sobrevivir. Basta fijarse en que el responsable de gestionar el acuerdo Danilo-Leonel fue Félix Bautista, quien puso a decir al leonelato “firmé” donde decía “firme”. El mismo Bautista es pieza clave de la campaña de reelección del Gobierno porque está en la comisión de alianzas. Y es solo un caso. Por ahí andan Miguel Vargas y el acuerdo pendiente con el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC). Con todos esos lobos hambrientos peleándose el pastel del Estado será imposible hablar de sencillez, frugalidad, transparencia y amor al prójimo sin quedar en ridículo. Todos los grandes aliados del danilismo son al mismo tiempo sus puntos débiles, bombas de escándalos que explotarán sin necesidad de detonadores. Cada uno trae su larga cola y la suma a la del cada vez más turbio entorno de un presidente que solo busca el poder por el poder.

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