Mirando la Economía

Un espacio para tratar los problemas surgidos de la interactuación entre economía y sociedad, en especial los dominicanos.

¿Volvemos a lo mismo?

En la recién concluida semana el Banco Central debió salir en defensa del gerente de la institución reguladora del sistema monetario y financiero del país.

Un equivocado y extraño escenario fue construido en torno a las declaraciones que, al parecer, ha dado a la fiscalía del Distrito Nacional una exfuncionaria del liquidado Banco Peravia. La  exfuncionaria habría dicho que los principales ejecutivos del banco cerrado tenían comunicación con funcionarios del Banco Central.

Hay que pensar en voz alta y meditar muy bien cuando esas cosas suceden, sobre todo proviniendo de alguien que no tuvo acceso a esas visitas al Banco Central ni conocimiento del origen de las mismas.

Debemos entender por qué el Banco Central debió dar el paso y meterse en el caso Peravia. Y antes de ver algo negativo en ello, los creadores de opinión debieron buscar a especialistas que expliquen  el caso. 

Sucede que la presencia del Banco Central en el tema del Banco Peravia viene de la mano de otro escenario: la inacción del ente supervisor del sistema, de la Superintendencia de Bancos. El Banco Central es el centro regulador del sistema, pero la Superintendencia es el fiscal o policía que debe hacer cumplir las normas dictadas por la Junta Monetaria. Vale recordar que tras de la última reforma monetaria y financiera al superintendente de bancos le incorporan a la Junta Monetaria, en un esfuerzo por mejorar la comunicación de las instituciones que forman el cuerpo monetario y financiero.

En el caso actual, resulta que, nueva vez, el Banco Central tiene que actuar por la Superintendencia que, al parecer, ignoraba lo que sucedía en el cerrado caso Peravia. Y para evitar lo peor, el Banco Central tomó la iniciativa luego de determinar que dicho banco privado no cumplía con los requerimientos de liquidez al presentar desencajes continuos y llamativos. El Banco Central siempre tiene la posibilidad de saber cómo anda todo el sistema.

 La historia reciente es clara: la inacción de los supervisores bancarios creó serios problemas. Basta examinar los años comprendidos entre 1980 y 2002.

Hay un problema de fondo y viene dado por la “política de reparto”  que los partidos políticos han practicado de manera sucesiva y ahora ninguna institución del Estado queda fuera de dicho “reparto”.

Otro problema es que al incluirse instituciones muy técnicas y de responsabilidad pública dentro del “reparto político”, hay mucha ceguera frente a la corrupción. Es una triste realidad. Los políticos deberían aprender de las crisis del pasado en el sector bancario y entender, al final, que no se puede jugar con todo.

De la misma manera que hay que entender que el Banco Central no puede ser “la última instancia” hasta para suplir la regulación cuando hay una institución muy costosa para eso.

En el pasado expuse que un país tan pequeño como el nuestro y dado el nuevo desarrollo del capitalismo que diversifica la responsabilidad pública en el manejo de fondos de terceros, se requiere unificar todas las instituciones de supervisión en un solo cuerpo. Me refiero a integrar en una entidad de supervisión de servicios financieros a la de banco, a la de seguros y a las de fondos de pensiones. En los países nórdicos existe ese modelo, de la manera que hay buena experiencia en eso.

Resulta que la crisis de la supervisión de las entidades que manejan fondos de terceros no es propia solo de la de bancos. Hay problemas de supervisión también en las otras. Basta leer la prensa y ver el caso de los seguros, de las de pensiones, de las cooperativas que quiebran, etc. Los escándalos en las que administran fondos de policías y de militares no se publican, pero hay detonadores peligrosos esperando para explotar en ese ámbito.

Junto a esos cambios necesarios para la seguridad jurídica de los negocios financieros, al  introducir una reforma de los entes supervisores, hay que introducir un régimen penal duro para los funcionarios que incumplan o ignoren sus funciones. Además, se debe buscar la forma de que la entidad que se cree quede manejada de manera profesional.

Con estos detalles  debemos entender por qué el Banco Central debió dar el paso y meterse en el caso Peravia. Y antes de ver algo negativo en ello, los creadores de opinión debieron buscar a especialistas que expliquen  el caso. El banco emisor hizo lo correcto y deberá seguirlo haciendo mientras persista el escenario de crisis en la supervisión.

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Sobre el autor

Doctor en Economía de la Humboldt-Universität zu Berlin. Sus estudios universitarios los realizó en la Universidad de La Habana. Ha sido docente y funcionario en universidades dominicanas, consultor de empresas y organizaciones privadas, y fue vicegobernador del Banco Central. Ha publicado libros, monografías y decenas de artículos en medios del país y del extranjero.