Mirando la Economía

Un espacio para tratar los problemas surgidos de la interactuación entre economía y sociedad, en especial los dominicanos.

Mini cosas de un macro desastre

Quien escribe con regularidad no puede aislarse de los problemas cotidianos. De esa realidad se deriva la cantidad de temas a manejar y la prioridad, siempre difícil, a la hora de decidir.

En este julio del 2015 hay tantos temas sobre la mesa que, por simple curiosidad, me puse a rebuscar hacia atrás los sucesos dominicanos e internacionales que, muy importantes, se han registrado en este mes.  Me encontré con muchas sorpresas.

1

No es posible dejar pasar, por asombrosa, la intención de INDOTEL de transformar al sector de telecomunicaciones en “orgullo” mediante un reglamento de calidad. Mientras tanto, este ciudadano que escribe tiene cerca de tres meses reclamando de TRICOM el servicio de internet que paga de manera regular y que recibe, apenas, tres horas al día. No han valido llamadas, quejas y reclamos. Cambian el aparato receptor y todo sigue igual. Conclusión: sobrevenden un servicio sin que nadie ponga coto a esa estafa. Como estafa también son los apagones de Claro entre cinco  de la tarde y ocho de la noche, cuando a los usuarios de celulares nos dicen “todos los circuitos están ocupados”. Y pregunto a INDOTEL: ¿por qué se permite que sigan vendiendo números telefónicos si no tienen capacidad?

2

Para caer en el Parque del Conservatorio. Soy uno de los vecinos que sufren el despropósito de Roberto Salcedo, quien distorsiona sus funciones de alcalde con la de promotor de eventos. El Parque del Conservatorio es un bien público, no privado ni de Roberto. Si el ciudadano, el vecindario reclama que las fiestas promocionadas por el señor Salcedo sean llevadas a otro escenario, que lo hay, alguien debería iniciar procesos por vías legales y sentar en el banquillo de la Justicia a ese mal actor. No es solo asunto de ruido, sino también de que la mayoría de las fiestas del anfiteatro son promotoras de las malas costumbres; entre esas malas costumbres el consumo de drogas y de alcohol. Pensaba que la restauración de la infraestructura del Parque del Conservatorio o antiguo zoológico buscaba rescatar un  lugar histórico y cultural para incorporarlo a alguna ruta de la ciudad que visitan los turistas extranjeros. Pensaba que la Cueva de Santa Ana, en el centro del parque, bien merece ser reacondicionada y colocada en situación de ubicarse en dicha ruta. Y como hay un anfiteatro y un conservatorio de música pensaba que es muy fácil integrar todo el conjunto para que esos turistas aprecien la calidad musical, de día, de esos jóvenes estudiantes. Cosa parecida lo he visto en un pequeño anfiteatro en un gran parque que hay en Boston, próximo al centro financiero de la ciudad. Al parecer esa no es la idea, sino que prevalece la de una gran zona rosa en el centro de la ciudad. Todos olvidamos que el Teatro Agua y Luz fue construido para espectáculos de “luces y de agua”, pero está abandonado a dos esquinas de la oficina de Salcedo en el Ayuntamiento del Distrito. Allí hay muchos parqueos, de noche es un cementerio y nadie se molestaría con cientos o miles de personas desfilando por la zona. Todo lo contrario, se rescataría el lugar.

Por esa historia común sabemos que existe un pasivo también común, de alguna parte de la humanidad que ahora no quiere ver hacia atrás: hay una herencia histórica que hay que aclarar y superar.  

3

Gracias al desarrollo de  las ciencias sociales, se ha podido estimar el número de esclavos negros llevados a Haití para su economía de plantaciones hasta 1789, cuando la revolución haitiana “puso fin” al sistema esclavista. En los últimos 36 años del régimen esclavista de plantaciones, fueron llevados a Haití 95,250 esclavos africanos. Al momento de la revolución de 1789, la población esclava de Saint-Domingue era de 462,000, eso es el 87,17 % de la población de allí. Manumisos eran 28,000 (5.28 % de la población). Los europeos (blancos) 40,000 (7.55 %) y el total de la población era de 530,500. (T. Lepkowski: Haití). Entonces, Saint-Domingue era una economía de plantaciones azucareras, de café, de cacao, de añil y de algodón. Haití, en 2015, tiene una población de unos 10.5 millones.  Mientras que Juan  Pérez de la Riva  revela que entre 1780 y 1873, fueron llevados a Cuba 1 237 900 esclavos. Suspendido el comercio humano en Haití, el trasiego de esclavos aumentó a Cuba y a Estados Unidos.  Pérez de la Riva escribe: “según estimación demográfica que ahora publicamos, 1 237 900 de 1774 a 1873; es decir, no menos de 1 310 000 infelices arrancados violentamente de sus hogares para hacer posible el desarrollo de la plantación”. (J.Pérez de la Riva: El monto de la inmigración forzada en el siglo X1X). La población cubana se aproxima en 2015 a los 12 millones.  En la República Dominicana, dormida en la miseria del Señor durante siglos, la plantación vino tarde y trajo al país el fenómeno migratorio forzado, sin la esclavitud haitiana o cubana, pero lo trajo. El historiador holandés H. Hoetink escribe: “El surgimiento de la industria azucarera intensificó, sin duda la inmigración de trabajadores haitianos. Esto provocó una reacción de la importante autoridad espiritual y educacional Francisco X. Billini, director del Colegio San Luis Gonzaga, quien dedicó en su periódico La Crónica del 18 de abril de 1885, un fuerte editorial en contra de la llegada de aún más haitianos, en que se preguntaba si esta inmigración no podía ser prohibida fundándose en las mismas razones con que se prohibía la inmigración asiática en los Estados Unidos”. (H. Hoetink: El Pueblo Dominicano: 1850-1900). Hoy, en 2015, la población dominicana es próxima a los 11 millones.

Vaya paradoja caribeña. Tres países afectados por la economía de plantaciones en épocas distintas con similar magnitud de población. Por esa historia común sabemos que existe un pasivo también común, de alguna parte de la humanidad que ahora no quiere ver hacia atrás: hay una herencia histórica que hay que aclarar y superar.  No es  posible echarnos esa historia encima y empezar una guerra. Sería la guerra de la gente sin historia, mientras los culpables, sentados con miradas lejanas, murmurarían: siguen en la “época del Tío Tom”.

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Sobre el autor

Doctor en Economía de la Humboldt-Universität zu Berlin. Sus estudios universitarios los realizó en la Universidad de La Habana. Ha sido docente y funcionario en universidades dominicanas, consultor de empresas y organizaciones privadas, y fue vicegobernador del Banco Central. Ha publicado libros, monografías y decenas de artículos en medios del país y del extranjero.