Justicia y Paz

Comentario técnico e imparcial de las prácticas y políticas públicas dominicanas y su impacto en la construcción de una sociedad incluyente e igualitaria.

La aplanadora, el circo y el entierro

El día 30 de junio el país vio como la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de Ley de Ordenamiento Territorial pese a las quejas en la misma cámara de que no se había cumplido con los procedimientos establecidos. Sin importar que todos los sectores sociales se han opuesto a la creación de un solo municipio más. Sin importar, que estamos a menos de un año de las elecciones y los estamentos que las manejan han insistido de forma pública en que no hay tiempo para esto y que la Ley actual lo prohíbe. Sin importar nada. La aplanadora ha decidido, a menos de un año, que necesita dos o tres o cinco provincias más.

Lo aconsejable sería que el Senado detenga el conocimiento de este proyecto de ley hasta que hayan pasado las elecciones. Tratar de cambiar las reglas del juego con los jugadores ya en la cancha es una medida desesperada, temeraria y que nos pone a todos en riesgo, aún sin tomar en consideración el costo económico para los contribuyentes que la misma ha de tener.

En estos momentos, lo que le conviene al presidente Medina, si de veras quiere reelegirse, es colocarse de frente a la ola de corrupción que lo inunda, no con gestos o palabras vacías, no con circo, sino con hechos contundentes.

En paralelo, hemos visto como la prensa ignora –para beneficio del gobierno- los detalles del sometimiento por corrupción contra la constructora brasileña Odebrecht.  Un caso que involucra de forma directa las actividades de esta empresa en la República Dominicana.  Sin importar, que  actualmente Odebrecht está a punto de iniciar otra obra importante. Sin importar que las pruebas sometidas a la justicia brasileña -al parecer- son contundentes. Sin importar el gran número de muertos atribuibles a vicios de construcción en sus obras y sin importar que existe la posibilidad real de que estos vicios se repitan. Sin importar nada. La aplanadora ha decidido que la planta de carbón va y va con la Odebrecht.

Lo aconsejable sería que cualquier asignación con la Odebrecht se detenga hasta que una investigación detallada pueda ser conducida. Investigación que nos diga a ciencia cierta si hubo malversación; si la hubo, por cuánto; si la hubo, quiénes fueron los catalizadores criollos –por contubernio o por negligencia; si la hubo, cuánto y en cuáles manos quisqueyanas quedó.  Lo aconsejable sería que el procurador general – tal cual lo hizo con Wesoloswky- se apodere de oficio y demuestre con su actuar que persigue todas las instancias de crimen y no sólo las que políticamente fortalecen el deseo de reelección del gobierno.

El senador por San Juan de la Maguana sigue cerca del poder.  Callado (pero con su mano en alto), el hombre que negoció con el presidente el pacto del león dormido se ha mantenido incólume en las comisiones que velarán por la democracia interna del partido. Esto, a pesar de que la Suprema Corte de Justicia está, en estos momentos, conociendo un recurso de apelación en contra del famoso no a lugar. La aplanadora dijo que su hombre va y él va. Y es correcto que a todos nos acompañe una presunción de inocencia.  Ahora bien, dadas las acusaciones de corrupción duplicadas –de un lado contra el senador  y de otra contra el proceso por el cual hoy nos podemos repostular (que en gran medida él mismo facilitó)– sería aconsejable para todos, incluyendo al secretario general, alejarse (o para la aplanadora alejarlo) de sus funciones naturales hasta que todas aquellas dudas estuviesen, si no aclaradas al menos, olvidadas.

Frente a todo esto, nos han dejado abierto el circo. El espectáculo de las repatriaciones, aderezadas por la visita de Human Right Watch al país, se mantiene en cartelera. Los  anuncios de repatriaciones masivas, frecuentes antes del 17 de junio, no se han cumplido (gracias a Dios).  Pero la espada de Damocles que ellas significan para la República se mantiene sobre nuestras cabeza no sólo para distraernos, también para chantajearnos. Por otra parte, el fin de semana nos sorprende con que uno de los monumentos histórico más importante de la Ciudad Colonial está camino a convertirse en lo que parece – literalmente – un elefante (gris no blanco).

Con esta acción el circo parece completo: el suspenso de las repatriaciones, la comedia de Human RightWatchy el llanto por las ruinas de San Francisco.

Sin embargo, este circo ni nos mueve a la carcajada ni nos mueve al llanto (nos mueve a la indignación y al asco). Tampoco oculta la maquiavélica lógica que acompaña el plan. ¿Para qué hay que guardarlas formas? Los tres poderes públicos alineados permiten que ningún formalismo obstaculice el destino manifiesto de la institución creada por el profesor Juan Bosh: la de eternizarse en el poder.

Y mientrasel mago que nos trae la lluvia garantice que las cosas sigan donde están, él y su aplanadora caribeña reinarán supremos. Pero si la gran maestra de la vida está de nuestra parte, esto no durará mucho. El castillo de naipes se tiene que venir abajo y pronto veremos que la aplanadora lo único que ha hecho es abrir senderos no para un poder soviético en nuestra media isla, si no para un entierro.

En estos momentos, lo que le conviene al presidente Medina, si de veras quiere reelegirse, es colocarse de frente a la ola de corrupción que lo inunda, no con gestos o palabras vacías, no con circo, sino con hechos contundentes.  Lo que le conviene, independientemente de los intereses que toque, es defender la cosa pública y distanciarse, en la medida de lo posible, de todos estos hechos.

Mientras, no podemos hacer nada más que ver con descrédito esta bacanal que sonrojaría a Nerón mismo.  Mientras, sólo nos queda el convencimiento (y el consuelo) de que si Clío inspiró verdades esta bacanal pronto se convertirá en el entierro de otro más de nuestros proyectos políticos.

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Sobre el autor

Especialista en desarrollo económico e inclusión, con más de 20 años de experiencia internacional. Licenciado en Derecho de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, con Maestrías en Banca y Comercio Internacional y en Finanzas, ambas de American University en Washington D.C. Ha publicado extensamente y disertado en varias universidades extranjeras sobre políticas públicas, microfinanzas y riesgo.