Justicia y Paz

Comentario técnico e imparcial de las prácticas y políticas públicas dominicanas y su impacto en la construcción de una sociedad incluyente e igualitaria.

¿Perdió o ganó Danilo?

Si sólo vemos lo sucedido y creemos cierto lo que está siendo producido para la maquinaria de propaganda estadal-partidaria, seguro que el sábado 13 el Presidente ganó. Se coronó como dueño y señor del PLRDSC.  Le quitó el título a Leonel de heredero legítimo de Juan por vocación y de Joaquín por actuación. Añadió a su corona el ser heredero de José Francisco por despojo. Y eso, nos informan, es histórico.  Sin embargo, se olvidan Danilo y su equipo, que en este barco estamos todos montados, y visto desde ahí el entierro al que asistimos ese día los dominicanos y dominicanas, la canción, creo, tendrá que ser otra, lamentablemente.

1) El Presidente jamás podrá pretender ser un legítimo – y desinteresado - líder.  Lo de él ya se sabe, ya se vio. Él fue a Palacio a quedarse.

2) Jamás podrá su pueblo confiar en su palabra, pues él aseguró de manera inequívoca que la reelección, su reelección, no iba; para luego embarcarnos en esto.  (Aquí se nos ha dicho que no fue él, fue el partido, fue el pueblo. La película “el partido me obliga y el pueblo me lo pide”, nos la han dado tantas veces, de tantas formas distintas, que créanme, nos la sabemos.  Peor aún.  Imaginemos que fuera cierto.  En el mundo de hoy de pedófilos y acosos sexuales, las cosas han cambiado. Es bien sabido por el pueblo que aunque la victima solicite el crimen, eso no excusa al victimario de perpetrarlo).

Él se portó como el líder de un grupo dentro de su partido (hizo exclusivamente lo que a ese grupo le convenía) y no como el líder de todos los dominicanos, prerrogativa que no sólo adorna su investidura, sino que la obliga.

3) El Presidente jamás podrá decir que es el líder de todos. Pues, de frente a la agonía de gran parte de la nación, él optó  por un silencio tan conveniente como indolente.  Él se portó como el líder de un grupo dentro de su partido (hizo exclusivamente lo que a ese grupo le convenía) y no como el líder de todos los dominicanos, prerrogativa que no sólo adorna su investidura, sino que la obliga. Su silencio lo rompió sólo después que el objetivo se había conseguido, que el Rubicón quedaba atrás.  Cuando ya no era ni importante  mucho menos válido desde la oficina que ostenta.

4) El Presidente se habrá asegurado el apoyo del liderazgo del PLD y el PRD y hasta del PRSC, pero también ha comprado de forma cara el escepticismo de la mayoría que lo eligió; que respetó la gallardía con la que se enfrentó al Estado, a pesar de varias derrotas previas, y le ganó en buena lid, con Margarita al lado, pero le ganó a Leonel.  La misma masa que aplaudía su bonhomía, humildad y disposición; la misma que lo veneraba como “un gran gobernante”, hoy desconfía de él y de sus intenciones para con la Patria. (Y desconfía, no por el discurso eterno de Minou o porque si el hombre del maletín fue  de tal ministro o de cual senador, si no porque ese pueblo teme (léase asume), en nuestra media isla presidencialista y caudillera, que dicho hombre salió de su despacho y con sus instrucciones).

5) Finalmente, el Presidente quedó como un hombre que respeta poco su palabra cuando habiendo prometido “lo que nunca se ha hecho” hizo lo que siempre han hecho todos – desde Santana, si no desde Colón: Utilizar el poder para su propia conveniencia.

Colofón: Con sus pecados de acción y de omisión, el Presidente decidió mostrar una miopía estratégica común entre el político tercermundista arribista, aunque realmente inexcusable para un hombre de sus vuelos, su carrera y formación política.  En su nueva miopía, el Presidente se ha olvidado de qué lo llevó allá: Una reconocida vocación estratégica puesta a favor de una causa mayor.  Tratar de usar esa vocación para beneficiarse de forma personal, recuerda aquel médico que insistía en operarse a sí mismo.  Simplemente, no se puede. 

Y sea coincidencia o no, esta miopía nos llega en un momento complicado pues Leonel había arreglado la casa para una sempiterna dictadura de partido y Danilo había prometido cambiar todo eso.  Con lo cual, eso de “alzarse con el santo y la limosna” o de “coca mandó la ley” es nada comparado con lo que nuestro Presidente ha hecho.  Sin embargo, el daño hecho a la nación, al pueblo, al Estado, al gobierno, sólo es superado por el daño que Danilo se ha infligido a sí mismo frente a la historia.  Y así cómo él venció a Leonel – con todo en contra, así como David venció a Goliat, Danilo debe prepararse para ser vencido en la próxima contienda electoral – que le den la contienda a quien la gane o que se usen los resortes creados para ignorar al pueblo nueva vez, esas son otras quinientas.

Y conste que yo no estoy ni con Luis, ni con Guillermo, ni con nadie, soy sólo un testigo desgarrado e insomne, que llora su libertad y dice lo que vio.

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Sobre el autor

Especialista en desarrollo económico e inclusión, con más de 20 años de experiencia internacional. Licenciado en Derecho de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, con Maestrías en Banca y Comercio Internacional y en Finanzas, ambas de American University en Washington D.C. Ha publicado extensamente y disertado en varias universidades extranjeras sobre políticas públicas, microfinanzas y riesgo.