Galletas y dialéctica

Un espacio para comentar sobre filosofía (política), derecho público comparado y algo más, pero sin excluir la insoportable banalidad del ser. Las ideas presentadas son de la entera responsabilidad del autor.

Democracia deliberativa: democracia y diálogo

La democracia deliberativa constituye una forma de gobierno en la cual las personas libres e iguales (y sus representantes) justifican sus decisiones en el marco de un proceso, en el cual se ven obligados a dar razones entre sí que son aceptables y accesibles para llegar a decisiones vinculantes para todos, pero que están sujetas a revisión en el futuro (Gutman  & Thompson, 2004). Esta forma de concebir la democracia resulta ser apropiada para alcanzar la legitimidad y la racionalidad de las decisiones adoptadas en una comunidad, así como para la adopción de decisiones que tomen en cuenta los intereses comunes entre personas iguales y libres (Syela Benhabib, 1996).

Los fundamentos de las decisiones adoptadas estarán compuestas por el conjunto de razones que apelan al consenso de los integrantes del grupo. La cualidad de las razones es importante en vista de que por medio de la deliberación no solo llegamos a una decisión particular, llegamos a una decisión que asume o toma en consideración (i) las distintas posturas de cada uno de los integrantes; (ii) los motivos para aferrarse a tales posturas; y (iii) así como los motivos que hacen que los integrantes del grupo flexibilicen o cambien sus posturas. De modo que no solo se promueve la legitimidad de las decisiones, también se anima a las personas a asumir posturas sobre cuestiones que sean de interés común.

Para Habermas (Habermas, 2008), en la democracia deliberativala argumentación de los integrantes del grupo va más allá del modelo de Rawls, en el cual la discusión sólo ocurre en la soledad de la mente del individuo. En este tenor, toda deliberación es un esfuerzo de discusión real que debe darse en el espacio que compartimos con otros, con todo lo que eso representa. Es decir, una discusión en el mundo real que se manifiesta donde cada quien pone sobre la mesa sus intereses y las distintas “precomprensiones” sobre su vida para ser contrastados en la deliberación.

No puede existir una deliberación accesible si aquello que se discute no puede ser comprendido por los integrantes del grupo o comunidad.

Se requieren “buenas razones” para lograr resultados en la democracia como deliberativa. Entiendo por las buenas razones aquellas que podemos encontrar justas o aceptables, aun cuando no las compartimos; pero no es suficiente. Para que exista deliberación, también, se requiere accesibilidad, es decir, que las razones dadas en el proceso deliberativo deben ser públicas y no concentrarse únicamente a lo privado (Gutman & Thompson, 2004). Además, no puede existir una deliberación accesible si aquello que se discute no puede ser comprendido por los integrantes del grupo o comunidad. Si los integrantes no comprenden aquello que se discute, no podrán participar y si lo hacen lo harán en base a una intuición o acción desinformada. Cuando en la deliberación gobierna la desinformación entre los participantes, existe una asimetría que coloca en una posición de ventaja a aquel que tiene la información. En estos supuestos la información, o más bien el poder sobre ella, pasa ser un instrumento de dominación.

No se delibera todo el tiempo, y existirán ciertas decisiones que versen sobre temas que no provocarán desacuerdos futuros y constantes; o simplemente existirán procedimientos diferenciados para deliberar sobre ciertos temas. No obstante, esto no cambia el hecho de que lo decidido no es en sí indecidible, de lo contrario, las personas no tendrían el control de lo decidido, no tendrían incidencia sobre lo decidido, y por ende, no serían iguales y libres en esa comunidad política. Por ello, una característica adicional de la democracia deliberativa es que la misma es política. Como la deliberación es política sus decisiones no se petrifican y sólo vinculan por un período de tiempo particular, es decir, sus decisiones siempre están sujetas a revisiones futuras.

La interrupción constante, hablar con voz alta y el hecho de no saber decir “no sé”, son factores que impiden el diálogo; y si no hay diálogo, no tenemos deliberación.

Todo lo anterior resalta que es el diálogo el ingrediente requerido para que se alcance aquello que se espera de la deliberación democrática. La deliberación supone tomar en cuenta los intereses de los participantes y que entre ellos se dan razones para llegar a una decisión. Lo interesante es que gran parte de los intereses o ideologías no serán compartidos por otros, pero que serán aceptados en la discusión porque vienen de personas que respetamos por ser libres e iguales como los demás que integran la comunidad.

La deliberación implica diálogo y es algo que continuamente olvidamos con frecuencia, no solo cuando actuamos plenamente como sujetos políticos, también en nuestra vida privada. La interrupción constante, hablar con voz alta y el hecho de no saber decir “no sé”, son factores que impiden el diálogo; y si no hay diálogo, no tenemos deliberación. Hay que recuperar el diálogo, recuperar el arte de escuchar y entender al otro (que es distinto a estar de acuerdo con sus ideas), ya que si queremos deliberar en democracia se deber aprender a dialogar. Como decía Carlos Santiago Nino: “El diálogo es el mecanismo a través del cual la democracia convierte las preferencias autointeresadas en preferencias imparciales”.

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