Un inicio legal

Me propongo hablar sobre temas actuales, pero desde el punto de vista de nuestras leyes, con lo cual busco que el gran público tenga una noción de que todo lo que le sucede está regulado por la Constitución y las leyes adjetivas, reglamentos y ordenanzas municipales.

Relaciones diplomáticas con Haití

Para hablar de las relaciones diplomáticas con nuestros vecinos del oeste, debemos remontarnos a los días de la colonia española en la isla de Santo Domingo, y, de paso, a la situación que se vivía en Europa en los años 1600 (siglo XVII) de nuestra era, puesto que España era el mayor imperio económico y territorial del momento e Inglaterra, Francia, Holanda y Portugal deseaban una parte de las nuevas tierras “descubiertas” (según los europeos) por Cristóbal Colón y anexadas a la corona española en virtud del contrato denominado “Capitulaciones de Santa Fe de la Vega de Granada,  firmado en fechas 17 y 30 de abril de 1492 y la bula Inter-Cetera, mediante la cual el papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia) hizo formal y definitiva donación a los reyes Fernando e Isabel de los mares, islas y tierras ubicadas mas allá de la línea imaginaria que trazó a cien leguas al oeste de las islas Azores, siempre que sobre esas islas y tierras no hubiera ya dominio de otra potencia cristiana”

Las apetencias de los demás países europeos arriba mencionados, llevó a que iniciaran negocios comerciales de contrabando con los habitantes de la parte norte de la isla, específicamente en las villas de Montecristi, Puerto Plata, Bayajá y Yaguana, bien lejos de Santo Domingo, para evitar la supervisión de la burocracia real, lo que provocó  que el Rey Felipe III ordenara al entonces gobernador Antonio de Osorio la despoblación de la parte norte de la isla, lo que la historia conoce como “las devastaciones de Osorio”, con lo cual se destruyeron las ciudades del norte y se fundaron las ciudades de Monte Plata y Bayaguana, bien cerca de Santo Domingo, dejando todo el lado occidental a merced de los llamados bucaneros y filibusteros franceses, que al principio se asentaron en la isla de La Tortuga y  luego pasaron a tierra firme.

Los franceses fueron ocupando la parte occidental de la isla de Santo Domingo y fundaron la colonia de Saint Domingue, que tuvo una explotación brutal con mano de obra esclava traída de África, siendo la colonia más rica de los franceses gracias a la sangre de los negros esclavos

Con el devenir de los años y ante la debilidad de la colonia de Santo Domingo, pues la corona española perdió interés en ella al apoderarse de las tierras de lo que hoy es México y Perú, los franceses fueron ocupando la parte occidental de la isla de Santo Domingo y fundaron la colonia de Saint Domingue, que tuvo una explotación brutal con mano de obra esclava traída de África, siendo la colonia más rica de los franceses gracias a la sangre de los negros esclavos, cuyo trato inhumano debería ser recordado a los franceses todos los días.   Pero mientras en el Caribe ocurría esto, en el continente europeo, España,  Francia, Inglaterra y Holanda estaban envueltas en un conflicto bélico que terminaría con el tratado de Rijswijck, firmado el 20 de septiembre de 1697, en la ciudad holandesa de Rijswijk, con el propósito de abrir un período de paz entre el Antiguo Régimen en Francia, España, Inglaterra y las Provincias Unidas de los Países Bajos.   En dicho tratado se estableció la división de la isla en dos colonias: Santo Domingo de habla española y Saint Domingue de habla francesa.

El 22 de julio de 1795, los españoles y los franceses ponen fin a la denominada Guerra de Convención, mediante la firma de un tratado en la ciudad suiza de Basilea, por el cual España recuperó todos los territorios ocupados por los franceses en tierra continental europea y cedió la parte oriental de la isla de Santo Domingo (Española) a los franceses, acuerdo que permitió a Francia tener la soberanía sobre toda la isla.

Siete años después de firmado el Tratado de Basilea, se inició la rebelión de los esclavos negros de Saint Domingue, con Jean Jacques Dessalines a la cabeza, logrando proclamar su independencia de Francia en el año de 1804, y en cuyo proceso los haitianos arrasaron con todos los medios producción (dechoukage: arrancar de raíz), fusilaron a toda la población blanca de origen francés o cualquier otra nacionalidad, y prohibieron de forma expresa en su constitución  que los blancos pudieran ser propietarios u ocupar algún cargo en el gobierno, no importa el escalafón, con lo cual quisieron resguardarse de posibles intentos de los franceses de recuperar su antigua colonia, pero a la vez entronizaron un sistema racista y xenófobo que aun al día hoy persiste. 

Dada esa situación y esa visión tan excluyente, desde esa fecha se da inicio a las confrontaciones entre las dos colonias, pues mientras los haitianos reclamaban el derecho sobre la isla completa, practicaron una invasión a la parte este (hoy República Dominicana) y mientras se retiraban de nuestro territorio, cometieron una serie de asesinatos atroces como el degüello de Moca, la quema de Santiago y Azua y el secuestro de mujeres y niños, razón por la cual los criollos, con Juan Sánchez Ramírez a la cabeza, inician el proceso de reconquista y reincorporan la colonia de Santo Domingo a la metrópolis española.  Pero la suerte no estaba de nuestro lado, pues España estaba en un proceso de desorden y ensimismamiento (España boba) y los criollos no estuvieron muy a gusto con volver a ser españoles, y, el 1ro. de diciembre de 1821, José Núñez de Cáceres, luego de derrocar al gobernador de la colonia, DECLARA LA INDEPENDENCIA DE ESPAÑA, misma que sólo duró hasta el  9 de febrero de 1822, cuando Jean Pierre Boyer invade la parte este de la isla de Santo Domingo, comenzando así una dominación de 22 años que ha sido considerada por todos los historiadores dominicanos como el mayor oprobio sufrido nuestra población, pues se cerraron las universidades, se quiso imponer el francés como lengua oficial, se incautó las tierras de los criollos que abandonaron el país, se prohibió decir misa, se establecieron impuestos insoportables y un gobierno tiránico que asfixió cuantas libertades públicas existían en la colonia.

Juan Pablo Duarte, con la denominada sociedad secreta La Trinitaria, que empezó a ganar adeptos para lograr la SEPARACIÓN de Haití, y, es el 27 de febrero del 1844, que un grupo de hombres encabezados por Matías Ramón Mella y Francisco del Rosario Sánchez se reúnen la Puerta de la Misericordia

Pero la situación antes descrita no iba a ser tolerada para siempre por los criollos y durante los años de ocupación, específicamente en el año 1838 se gestó un movimiento clandestino organizado por Juan Pablo Duarte, con la denominada sociedad secreta La Trinitaria, que empezó a ganar adeptos para lograr la SEPARACIÓN de Haití, y, es el 27 de febrero del 1844, que un grupo de hombres encabezados por Matías Ramón Mella y Francisco del Rosario Sánchez se reúnen la Puerta de la Misericordia y lanzan el grito de SEPARACIÓN, luego se trasladan a la Puerta del Conde izan la bandera de la naciente República Dominicana, con lo que se inicia el proceso de SEPARARNOS de la República de Haití.  

Luego de las guerras separatistas del 19 de marzo y 30 de marzo de 1844, Las Carreras, Beller, Palo Hincado entre otras, se logra consolidar la separación del los haitianos, los cuales sólo vendrían a reconocer a la República Dominicana cuando se firma la Convención de 1867, mediante el cual  ambos gobiernos se comprometen a mantener la paz en sus respectivos territorios, nombrar embajadores y cónsules, lo que da inicio a las relaciones formales entre ambos Estados, mismas que han estado siempre dominadas por los recelos a ambas partes.

Con el devenir de los años, las relaciones diplomáticas con los haitianos han estado marcada por la desconfianza y la falta de cumplimiento de lo pactado por parte de los vecinos del oeste, pues su tendencia ha sido acordar una cosa en la mesa de negociaciones y hacer todo lo contrario a la hora de honrar la palabra empeñada en un acuerdo. 

Por otro lado, la situación de inestabilidad política, la pobreza extrema de los haitianos  y la migración masiva e irregular alentada por las propias autoridades haitianas, a pesar de haber firmado un acuerdo migratorio con la República Dominicana, han crispado los ánimos de este lado de la frontera y han dado pie a que resurja el nacionalismo trujillista contra los haitianos, situación muy delicada que podría dar al traste con los ingentes esfuerzos que se han hecho para mantener una relaciones armónicas y de buena vecindad.

 Esperemos que los días por venir sean de mejores relaciones con nuestros vecinos del oeste, para así poder desarrollar un mejor comercio y mantener unas relaciones diplomáticas armoniosas, tal como la mantenemos con el resto del mundo.

Además, la compaña internacional que ha montado Haití contra la República Dominicana acusándola de racista, xenófoba y esclavista ha llevado a que algunos Estados del continente y muy espacialmente los miembros del CARICOM le compren su campaña, no por un asunto de solidaridad ni por que crean un ápice de lo que dicen los haitianos, sino más bien por un asunto de conveniencia, pues nadie en el continente quiere migrantes con baja escolaridad, salubridad y civilidad.  Es más fácil dejarles la carga a los dominicanos a que lleguen a sus costas en embarcaciones artesanales y formen guetos que conculcan las costumbres de los lugares donde llegan, además, con la peligrosa consecuencia que podrían formar minorías, que podría llegar a obtener poder político e incidir en la toma de decisiones del Estado receptor, razón por la cual Bahamas, Jamaica y demás países del mal llamado Caribe inglés los deportan sin ningún miramiento, llegando hasta a enjaularlos como si fueran animales salvajes, con lo que violan los más elementales derechos humanos de los haitianos.

Ese tratamiento vejatorio y ofensivo no ocurre en la República Dominicana,  por lo que  esta situación ha llevado al gobierno dominicano a desarrollar una campaña diplomática  internacional llamada a desmontar todas las acusaciones injustas e injuriosas que la diplomacia haitiana se ha encargado de llevar a cabo, presentándose éstos últimos como víctimas de las políticas públicas dominicanas, cuando la realidad es que como estado fallido Haití ni siquiera tiene la capacidad y la voluntad de registrar a sus propios nacionales, dotarlos de documentos de identidad  (NIF) y darles las condiciones mínimas que deberían, y, de paso cumplir con Tratado de Paz, Amistad, Comercio, Navegación y Extradición, suscrito el 9 de noviembre de 1874, que establece: “los ciudadanos de ambas naciones podrán establecerse en el territorio de la otra, cumpliendo con las leyes nacionales y beneficiándose de las mismas” y elModus Operandi entre La República Dominicana y la República de Haití, suscrito el 21 de noviembre de 1939, mediante el cual se regula la entrada al territorio de ambas naciones de los nacionales de la otra nación y establece que una vez agotados los procedimientos legales dentro del Estado receptor, el gobierno de cuyo Estado es originario ese ciudadano, deberá correr con los gastos de su repatriación. 

Concomitante con la delicada situación diplomática, las acciones haitianas han alentado a todos los grupos anti-haitianos que viven en la República Dominicana a que los enfrenten en todos los órdenes,  tornando aún más delicadas las ya de por sí tensas relaciones diplomáticas con los haitianos. Las acciones de las ONG de origen canadiense, estadounidenses y francesas también han contribuido a caldear los ánimos, pues construirles casas a inmigrantes haitianos ilegales en Puerto Plata y otras localidades dominicanas, no ha ayudado mucho a bajar tensiones; la situación acaecida de La Ortega, en la provincia Espaillat, donde un grupo de ciudadanos dominicanos desalojó por la fuerza a los haitianos que residían en el lugar, acusándolos de haber asesinado a un joven ejemplar de la comunidad, es una consecuencia de la crispación que existe del lado dominicano con la situación de los haitianos en nuestro territorio, lo cual debe ser resuelto conforme lo establece el ordenamiento legal dominicano.

Considero que de ambos lados de la frontera se deben establecer mecanismos confiables de comunicación y respeto mutuo a lo acordado, dejando de lado resquemores históricos que en nada contribuyen al progreso de dos pueblos que están ligados territorialmente de forma indisoluble, pero cada uno en su espacio, tal como fue establecido en los acuerdos de 1929 y su protocolo de ejecución.  Esperemos que los días por venir sean de mejores relaciones con nuestros vecinos del oeste, para así poder desarrollar un mejor comercio y mantener unas relaciones diplomáticas armoniosas, tal como la mantenemos con el resto del mundo.

  

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Sobre el autor

Abogado de profesión graduado de la PUCMM, con posgrado en Derecho Procesal Civil y Diploma de Estudios Avanzados en Derechos Fundamentales de la Universidad Complutense de Madrid, catedrático de Derecho en la PUCMM, árbitro de las cámaras de Comercio de Santo Domingo y Santiago y un dominicano convencido del potencial de nuestro país.