Galletas y dialéctica

Un espacio para comentar sobre filosofía (política), derecho público comparado y algo más, pero sin excluir la insoportable banalidad del ser. Las ideas presentadas son de la entera responsabilidad del autor.

A menos que…

Dr. Seiss, en su afamada obra "Lorax", nos presenta una moraleja susceptible de ser analizada tanto desde la óptica de la teoría como de la filosofía política. El autor nos dice: "A menos que alguien como tú se interese de verdad, nada va a mejorar jamás". Quizás sea una frase motivacional más, pero también refleja una condición socio-política ineludible de nuestro entorno. Refleja que en las relaciones de nuestras comunidades políticas no solo basta la posibilidad de poder deliberar y llegar a acuerdos, además existe un impulso previo a toda esa actividad: el interés.

Tanto en la teoría y como en la filosofía política, la neutralidad es un término relativo porque cada quien se desenvuelve en la comunidad en ocasión de ese “algo” que nos impulsa, que nos motiva o que simplemente nos cohíbe. Pero, los tiempos son distintos, los autores clásicos solo nos hablan de ese primer momento de formación de la comunidad política, y poco sobre la continuación de la misma. La indiferencia cae a merced del tiempo y la deliberación se construye como una máquina que repite los mismos resultados. La indiferencia es la raíz del problema, la falta de interés evita el necesario conflicto, es decir, frustra la obtención del resultado que nos ofrece la deliberación.

En la medida en que las estructuras sofoquen el conflicto, sofocan el interés de los actores en la comunidad y, por ende, estos caen presos de la indiferencia.

En el marco de una comunidad política, en todas sus facetas, el interés es un componente político. Como bien sostiene la profesora Jane Mansbridge, no es posible alcanzar ninguna decisión normativamente legítima si son ignorados los intereses en conflicto. En la medida en que las estructuras sofoquen el conflicto, sofocan el interés de los actores en la comunidad y, por ende, estos caen presos de la indiferencia. Por ello es que en la medida que no exista interés, la inercia propia de la comunidad anula los mismos y el resultado será uno distinto a aquel que el sujeto esperaba, en gran medida porque es la consecuencia de la ausencia de participación. Si el actor no participa, no se produce el conflicto o el choque de intereses; si no participa, no podemos ver la dimensión epistémica de la deliberación democrática que es el consenso producto de ese choque.

Cuando hablamos de “interés” aludimos al nivel de compromiso asumido por los actores con el proceso mismo, independientemente de sus motivaciones. Lo que se busca con el método deliberativo en las democracias es que se ventilen las razones a través de un procedimiento que nos lleve a consensos, como la expresión agregada de nuestros intereses, y que sean aceptadas por aquellos que no pudieron imponerse durante la discusión. Es claro que el motor de la discusión son las distintas motivaciones preponderantes que deseamos llevar, pero solo es posible cuando tengamos el interés o el impulso de llevarlos. Por ello es que, políticamente hablando, “a menos que alguien como tú se interese de verdad, nada va a mejorar jamás”.

Lo que se busca con el método deliberativo en las democracias es que se ventilen las razones a través de un procedimiento que nos lleve a consensos

En efecto, cuando hacemos algo, llegamos hasta un punto. Damos todo lo que teníamos porque por sí solo la roca de la historia no se mueve, pero sí absorbe la fuerza que le aplicamos. El punto es que el interés está implantado, y mientras reproduzcamos y proyectamosnuestro interés en hacerlo, es equivalente a sentarte a esperar. Pero es una espera que produce algo, el cual aumenta dependiendo de que tanto nos comprometemos o qué tanto nuestras circunstancias nos permitan comprometernos. Es que esa proyección política-social del individuo respecto a aquello que le interesa es parte de algo más grande, y que a su vez no es nada más que un punto dentro del círculo. Un círculo que va creciendo y que produce la fuerza necesaria para mover la roca de la historia en la medida que el interés de otros se manifiesten. Cuando te interesas verdaderamente, te sientas a esperar en la forma que acabo de exponer, pero ¿para qué? O ¿por qué? O más bien, ¿a qué o a quién?

A alguien como tú, ¿por qué?, porque a menos que alguien se interese realmente, nada jamás va pasar. Cuando nos interesamos creamos las bases para que otros se interesen, cuando lo hacen se unen al círculo y en la medida que se unan se tiene fuerza para mover la roca de la historia. Nos interesamos y esperamos a que alguien más se interese. Este círculo se repite y es una repetición paradójica, porque aunque cada quien reproduce esta acción de interesarse y esperar al próximo, cada repetición tiene un efecto nuevo e impactante para hacer que las cosas sucedan, y soñar con el cambio producto de la deliberación. Por eso, el interés es importante en las comunidades políticas que ven la deliberación como el agregado de intereses para el bien común, pero solo es posible cuando te interesas; por ello: "a menos que alguien como tú se interese de verdad, nada va a mejorar jamás".

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