Abriendo puertas

Abriendo puertas es un espacio para difundir y reflexionar acerca de los diferentes aportes de la psicología en el ámbito sanitario, clínico y político, en un mundo en el que los aspectos emocionales resultan de gran relevancia para entender las complejas realidades que vive el ser humano

Atisbos de un cambio en la figura paterna dominicana

Autoritarios y distantes, ajenos al diario trajinar de los hijos y del hogar, proveedores de bienes, cuando lograban ser responsables. Se les esperaba para impartir los castigos a los hijos, cuando la infracción se sentía superior al alcance de la autoridad materna, y casi siempre era una especie de amado desconocido que protegía pero pocas veces acogía afectivamente. Así son percibidos muchos padres que les tocaron a mi generación, en una sociedad patriarcal que confinaba a las mujeres al cuidado del hogar y de los hijos, y a los hombres al mundo del trabajo y a la libertad de la calle. No era extraño escuchar a muchos hombres contestar, cuando se les preguntaba por el número de hijos que tenía, “mi mujer tiene X hijos”, concibiéndose como meros padrotes, lo que delata una gran irresponsabilidad y un machismo superlativo.

Lo cierto es que en nuestra sociedad, son más las ausencias de la figura paterna que las presencias, sobretodo en la clase baja. Madres solteras que levantan con la fuerza de su amor la vida de sus hijos y su futuro, son las figuras preponderantes en una sociedad que no ha reconocido, como amerita, a estas heroínas cotidianas y anónimas.

Pero al tiempo que pervive esta proverbial irresponsabilidad paterna, que les hace incumplir con la manutención, que apenas procura encuentros esporádicos con sus hijos, que quedan relegados al olvido cuando el padre rehace su vida de pareja y forma otra familia, hay algunas señales apreciables, en ciertos segmentos sociales, de que algo está cambiando en la forma de ejercer la paternidad de ciertos hombres dominicanos.

En el mes de febrero, a propósito de la preparación de la sección de temas psicológico que vengo desarrollando en el programa radial El Matutino Alternativo, tuve la ocasión de observar el fenómeno más de cerca y conversar con padres de mi generación (de 40 a 50 años) acerca de los cambios que ellos apreciaban entre la forma de ejercer el rol paterno de sus padres para con ellos, y las suyas para con sus hijos. La mayoría de los padres consultados señalaron una aproximación distinta a su rol. Participan más en las labores de cuidado, llevando o recogiendo a los hijos al colegio, ayudándoles a prepararse en las mañanas, revisando tareas, recogiéndolos o llevándolos a fiestecitas y actividades extraescolares, entre otros aspectos. Hablaban de un vínculo más cercano, que huía de aquella idea de que el padre debía generar miedo y ser esa figura autoritaria que se limitaba a castigar, y confesaban, satisfechos, lo mucho que disfrutaban de sus hijos. Mayor comunicación, dijeron unos, perdida del  miedo de expresar el afecto y la ternura, decían otros, dificultades en el manejo de la autoridad, señalaron algunos, entre otros muchos aspectos que van en la misma dirección.

No son mayoría, pero si un numero lo suficientemente significativo como para reconocer que algo se mueve en la sociedad dominicana con respecto al rol que ejercen los padres. Que se involucren en estas labores de cuidado y procuren una relación más cercana con sus hijos,  también significa que el machismo a rajatabla ha empezado a perder cierto terreno en las dinámicas familiares, al menos en la clase media y en la clase alta.

Durante mucho tiempo, las teorías psicológicas, pero sobretodo el psicoanálisis, relacionaban a la figura del padre con la conformación del Superyo, es decir, esa parte de la estructura personalidad que se vincula con la fijación de los conceptos y valores morales, pero hoy en día estos asertos están en revisión. El cambio experimentado en la postmodernidad también ha alcanzado a la familia como institución. En nuestro tiempo, se reconocen y legitiman tipos de familias que eran condenadas o prohibidas en el pasado o simplemente no existían. Familias monoparentales, familias de padres divorciados, familias de parejas homosexuales etc. Esa variedad en la conformación familiar evidencia que los sujetos pueden ser criados, de manera sana, con o sin la figura del padre. Sin embargo, no cabe duda de que, cuando existe el padre dentro de la familia, esta se ve muy beneficiada cuando esta figura asume un rol más diversificado, de seguridad y también de contención emocional. De ahí que celebremos como un signo positivo que los nuevos padres dominicanos, o una buena parte de ellos, participen de un modo más activo en la crianza de sus hijos.

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