Políticas sociales

Políticas Sociales tiene el propósito de compartir con los lectores el análisis y las consecuencias de las políticas públicas a nivel local y global, con objetividad e imparcialidad, utilizando las herramientas técnicas que pone a nuestra disposición la ciencia económica.

Cumbres de jefes de Estado

Generalmente, las cumbres de jefes de Estado son criticadas porque se convierten en foros de saludos protocolares, reuniones y declaraciones que no se traducen en hechos concretos que resuelvan los graves problemas que afectan a los países pobres. A menudo, estas cumbres son costosas, tanto para los contribuyentes del país anfitrión, como para los de los países participantes. Se estima que a Panamá la VII Cumbre de las Américas le costó 14 millones de dólares. 

Para colmo de males, esta cumbre concluyó sin la acostumbrada declaración, documento en el que los presidentes plasman sus firmas de certificación a los acuerdos y compromisos a los que llegaron. Los temas de cooperación para la “prosperidad con equidad”, que fue la frase cohete de la cumbre, quedaron en las salas de discusión de las mesas técnicas. Pareciera que Panamá gastó 14 millones de dólares exclusivamente para que Raúl Castro, presidente de Cuba,  y Barack Obama, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, se dieran el apretón de manos que cierra el bloqueo económico a Cuba.   

Nuestro país debió aprovechar la ocasión para sugerir a los países miembros del DR-CAFTA, flexibilizar las reglas de origen en cuanto al uso de la mano de obra barata haitiana para exportar a los EE.UU.

A pesar de que la firma de una pomposa declaración de compromiso con ayudar a los países pobres a enfrentar sus graves problemas económicos y sociales no es garantía alguna de que se llevará a cabo, como dijimos al principio. Hace más de cuatro décadas que las naciones desarrolladas se comprometieron a dedicar el equivalente al 0.7 por ciento de su PIB en ayuda oficial al desarrollo (AOD). Solo Finlandia, ocasionalmente, ha cumplido con ese compromiso moral. En el 2002 se celebró en Monterrey, México, la cumbre mundial para el financiamiento del desarrollo económico y social de los países en desarrollo. ¿Ha mejorado la AOD? Por supuesto que no. Todo lo contrario.

Mientras los ojos del mundo estaban puestos en las imágenes y los gestos del saludo entre  Raúl Castro y Barack Obama, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, afirmaba que las economías avanzadas están teniendo un crecimiento mediocre, sin crear empleos suficientes, y advertía también que la recesión económica que padece el mundo desde el 2008 se ha trasladado de los países avanzados a los emergentes.

Igualmente, en una entrevista para la prensa, en el marco de la VII Cumbre de las Américas, el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) llamó a los líderes de la región a evitar que se esfumen los logros alcanzados en materia de protección social, ante las expectativas de bajo crecimiento económico. La caída del precio de las materias primas, especialmente del petróleo, augura un pírrico crecimiento para Brasil, el país que dice haber sacado de la pobreza a 30 millones de sus habitantes.

En un momento de expectativas económicas sombrías para la región, una cumbre de jefes de Estado de las Américas, con la presencia de los EE.UU, que no se selle con un programa al estilo del Plan Reagan o Iniciativa para el Desarrollo del Cuenca del Caribe (ICC), no tiene razón de ser. Mediante la ICC los EE.UU. redujeron a cero los aranceles los productos de las islas del Caribe que entraban a ese país, favoreciendo el afianzamiento de las empresas de zonas francas en el país.

Lo menos que se podía esperar de esta cumbre era que los EE.UU, se comprometieran a asegurar el abastecimiento de combustible a los países firmantes del Acuerdo Petrocaribe, en el caso de que Venezuela no pudiera continuar con tan pesarosa carga.

Nuestro país debió aprovechar la ocasión para sugerir a los países miembros del DR-CAFTA, flexibilizar las reglas de origen en cuanto al uso de la mano de obra barata haitiana para exportar a los EE.UU. Pero a nivel internacional seguimos enredados en las patas del caballo de la regularización de los haitianos ilegales residentes en el país y  del uso del territorio dominicano para inundar de drogas a los EE.UU y a Europa.

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Sobre el autor

Economista egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, con máster en Gestión y Análisis de Políticas Públicas de la Universidad Carlos III de Madrid y posgrado en Mercados de Valores de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra.